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A escena Omric: la primera distribuidora cinematográfica de Cantabria

Cantabria cuenta desde octubre pasado con la primera distribuidora cinematográfica. La apuesta de Onric Visión, que así se llama este proyecto empresarial auspiciado por Conrado Ruiz, pasa por ofrecer cine de autor, europeo e independiente, aunque no desdeña ninguna otra propuesta, incluida la que pueda surgir de creadores cántabros. Según su propietario, el secreto de esta “bendita locura” es dar con una película de éxito. De momento, ha comprado la licencia para su exhibición en exclusiva en España de tres películas que se estrenarán este otoño.

Texto de Manuel Casino @mcasino8

Onric Visión es la primera y hasta el momento única distribuidora cinematográfica de Cantabria, según afirma su propietario, Conrado Ruiz, un apasionado del séptimo arte que en octubre pasado decidió dar un paso al frente para tratar de acercar al público ese otro tipo de cintas producidas al margen de los grandes estudios de Hollywood. Especializada en cine de autor, europeo e independiente, esta empresa con sede en Santander aspira a convertirse en toda una referencia en el mercado español.

Aunque apenas acumula ocho meses de vida, Ruiz aclara que los orígenes de esta iniciativa empresarial se remontan a siete años atrás, cuando, según explica, aprovechó su experiencia y contactos en la profesión para crear, en plena crisis económica, una empresa exclusivamente dedicada a la programación y exhibición de películas.

En este tiempo, y de la mano de otras empresas como Pirámide Films –dirigida por Maridi Peciña, la primera mujer distribuidora de España–, relata que ha programado ciclos de cine en aulas culturales y exhibido cintas en instituciones como la UIMP o la Fundación Botín, con la que trabaja desde hace cuatro años organizando proyecciones  durante el verano en el anfiteatro exterior del Centro Botín.

Pero el sueño de este emprendedor de convertirse también en distribuidores seguía latente. “Nuestra pasión y nuestra vidas es el cine”, subraya para explicar cómo surgió este proyecto que comparte con su mujer. “Veía que tanto las distribuidoras como el público se estaban de alguna manera acomodando, que solo admitían propuestas cinematográficas facilonas o de directores consagrados. Sabía que muchas películas de nuevos realizadores se estaban quedando sin estrenar. Y ahí pensé que podía haber un hueco para nosotros”, resalta. Asume que su actividad “es de una temeridad que roza la inconsciencia”, pero confía en su intuición para dar en el clavo. “El secreto de este negocio es adquirir la licencia de una película que alcance el éxito. No hay otro. Es un riesgo más que notable pero queremos intentarlo”, afirma ilusionado.

Conrado Ruiz, director de Omric Visión

Conrado Ruiz, director de Omric Visión

En este propósito, Ruiz no renuncia a ningún tipo de cine, pero expresa su predilección por distribuir cine europeo independiente de “contenido social”, incluyendo películas de nóveles directores cántabros que se “arriesguen” a dirigir algún largometraje.

“No nos importa el género, la temática, el año de producción o la nacionalidad. Lo que buscamos es cine de calidad capaz de despertar el interés del público cinéfilo, que por otro lado cada vez es más selecto”, recalca. En este sentido, el dueño de Onric Visión estima “que, por mucho marketing y publicidad que se haga, los intentos de engaño solo pueden traer consigo que las salas de cine se queden vacías a medio plazo”. Por eso, incide, “preferimos que el público salga contento tras la proyección y que haya visto lo que esperaba. Seguro que así funcionará el boca a boca”.

En su aún corta trayectoria como distribuidor, Ruiz avanza que todo empieza en los festivales de cine, a los que acude con el fin de contactar y, llegado el caso, contratar con los productores, que son los dueños de las películas.

El trabajo del distribuidor

Una vez comprada la licencia de una cinta para su distribución en España, “que suele extenderse por un periodo de siete años y en la que también están incluidos los derechos de exhibición en todos los formatos de video y televisión”, comienzan los trabajos para subtitular, doblar, hacer el marketing y publicitar la cinta. El objetivo, especifica Conrado Ruiz, es ofertar la película en primer lugar a las salas comerciales para, después, moverla en los circuitos de filmotecas y casas de cultura.

Cuando lo hace, explica que ya no existe el celuloide y que ahora las copias se envían en Digital Cinema Package (DCP, por sus siglas en inglés), una colección de archivos digitales que se usan para almacenar y transmitir cine digital, audio, imagen y flujo de datos, o mediante un disco duro externo. Luego, el distribuidor le envía por correo al operador un archivo cifrado (Key Delivery Message) con la llave que le permitirá proyectar la película durante el periodo contratado.

En su caso, Ruiz se da por satisfecho si logra que la película interese a medio centenar de exhibidores, una labor que reconoce “complicada” por la falta de salas alternativas en los grandes complejos. “Si los centros comerciales de todas las ciudades españolas dedicaran una sola sala de las muchas que tienen al cine en versión original subtitulada (VOS), veríamos mucho más cine interesante”, advierte Ruiz, para quien de este modo, además, “también se incentivaría a las nuevas generaciones, como ocurre en otros países europeos”.

La realidad, en cambio, dista bastante de este modelo lo que, a su juicio, provoca que haya “muchas salas pero también muchos título repetidos”. Pero asume que crear ese circuito de salas alternativas que reivindica no es posible “sin la defensa y el apoyo del Estado”, en la línea, subraya, “de lo que ocurre en Francia con el sector audiovisual”.

“No hablo ya de ayudas económicas, sino de buscar fórmulas para proteger a las pequeñas y medianas empresas. El cine no solo es cultura, sino una industria de la que viven muchas personas”, enfatiza este distribuidor que apela a dejar de pensar en este mundo como sinónimo de alfombras rojas y actores famosos. “En ese sector trabajan miles de personas con sueldos más que básicos, si es que no están en paro, de amplios equipos artísticos y técnicos. De él dependen, en todo o en parte, programadores, taquilleros, comerciales, transportistas, diseñadores y personal de laboratorios e imprentas, además de medios de comunicación especializados, festivales o incluso televisiones”, recalca Ruiz.

Ingresos y gastos

El dueño de esta empresa santanderina reconoce que aún no sabe cómo le van a ir las cosas con ‘Después de esto’ (The here after), la primera película que ha distribuido en asociación con Pirámide Films. Ruiz asegura que esta cinta sueca, seleccionada en varios festivales internacionales y distinguida en 2015 con los premios a la mejor película y mejor director en los Premios Guldbaggen del Instituto Sueco del Cine, entre otros galardones, ha sido proyectada desde su estreno en octubre pasado en varias sedes de la Filmoteca Regional de Cantabria, que cuenta con programación en quince municipios, además de en Santander y Torrelavega, y en algún cine de Madrid. “El resultado está aún por ver”, advierte antes de empezar a desglosar las partidas de ingresos y gastos que conlleva la compra de una licencia de exhibición en España.

Entre los segundos, señala en primer lugar los derivados de los derechos de su distribución en exclusiva, que en su caso fluctúan entre los 15.000 y los 60.000 euros por película. A esto –continúa–, hay que añadir los costes de subtitular y doblar al español, unos trabajos que oscilan entre los 450 y 600 euros, en el primer caso, y entre 4.500 y 6.000 euros para el doblaje, en función de cuál sea la duración de la cinta.

Además, están los gastos de promoción y publicidad (afiches e inserciones en revistas nacionales, fundamentalmente), un desembolso que, admite, “habitualmente los productores cubren hasta una cantidad, pero que empiezan a correr por tu cuenta a partir de ese techo establecido en el contrato”.

De lado de los ingresos, Ruiz afirma que éstos se reducen a un porcentaje de lo recaudado en taquilla que suele ser, en el caso de salas comerciales, de entre el 40 y el 60%, mientras que en las filmotecas y casas de cultura “normalmente se negocio por pases o por un fijo total”. Además, en los dos circuitos hay que descontar el 2% de autores.

“Así las cosas, está claro que cuando compras una película te la juegas. Es una apuesta porque estás convencido de que va a funcionar”, admite no sin antes advertir del daño que la piratería y el IVA del 21% está ocasionando al sector. “Esos son nuestros mayores enemigos”, cierra un tanto resignado.

 


Tres licencias propias

Tras su experiencia compartida con Pirámide Films, Onric Visión ha comprado la licencia de tres películas europeas –dos francesas y una noruega– en las que tiene depositada muchas esperanzas: The stopover, que seguramente aparecerá traducida como ‘La escala’, que se estrenará en España el próximo 8 de septiembre; la escandinava Handle with care (Tratar con cuidado), que hará lo propio el 6 de octubre; y Le jeune Karl Marx (El joven Karl Marx), una cinta dirigida por Raoul Peck que llegará a las pantallas el 16 de noviembre. “Si acertamos con alguna de ellas, podremos plantearnos una vida larga para nuestra empresa y dedicarnos a la distribución de cine de autor”, cierra Ruiz.

Aunque sus esfuerzos se centran ahora en la distribución, Onric Visión no abandona su faceta de exhibidor, que cultiva especialmente en los meses estivales. Con la llegada del verano, esta empresa ofrece cine al aire libre en una pantalla hinchable de 14×10 m, que instala a tres metros del suelo en cualquier espacio, incluido playas. El año pasado ya ha proyectado en Bezana, Argoños y en el Festival de cine lago de Iznájar (Córdoba) y aspira a entrar en el VI Circuito de cine de verano al aire libre ‘enREDarte’, que el año pasado llevó a cabo 39 proyecciones de cine en distintos municipios de Cantabria.

 

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