You Are Viewing

A Blog Post

Bingos: la otra cara del cartón

Las salas de bingo buscan en la electrónica una salida ante la continua caída de la actividad, lastrada por la competencia del juego ‘on line’ y el cambio en los gustos y hábitos de los jugadores. El año pasado los ingresos de los cinco bingos que continúan funcionando en Cantabria sumaron poco más de 14 millones de euros, una cantidad que apenas supone la cuarta parte de la registrada antes del comienzo de la crisis. Superar ese descenso en la cifra de ventas, con una fiscalidad que grava los ingresos y no los beneficios y en la que abundan las partidas fijas, es el principal reto para un sector en el que trabajan 200 personas.

Texto de Juan Carlos Arrondo

Hace mucho tiempo que los años dorados del bingo, cuando las salas estaban repletas de clientes y había que hacer cola para entrar, pasaron a ser un lejano recuerdo. Durante las últimas dos décadas y media han desaparecido la mitad de los establecimientos que había en España. A mediados de los años ochenta del pasado siglo en Cantabria existían doce bingos. Hoy quedan cinco salas, cuatro en Santander y una en Torrelavega, que han logrado resistir un desplome del 70% en sus ventas desde 2003. En un contexto en el que la irrupción del juego online ha supuesto un vuelco para el sector, los empresarios cántabros tratan de revitalizar el negocio mediante una oferta más moderna, capaz de atraer a un nuevo público e inspirada en algunas buenas experiencias que ya están funcionando en otras comunidades autónomas. Desde hace cuatro años, el tradicional juego con los cartones impresos se está complementando con una modalidad de bingo electrónico que interconecta los locales cántabros con los de otros lugares, como el País Vasco o Madrid. El siguiente paso es lograr poner en marcha otra modalidad considerada estratégica: el bingo electrónico de sala. El reciente anuncio del Gobierno de Cantabria de que en breve comenzará el trámite del marco normativo que lo regule acerca a la realidad un anhelo largamente perseguido por la patronal cántabra del bingo y en el que tiene puestas muchas esperanzas como instrumento para comenzar a remontar su delicada situación.

“La recesión que atraviesan las salas comienza a partir de 2003, viéndose progresivamente agravada por la crisis a partir de 2007”, señala Jesús Vélez Ruiz de Lobera, asesor de la Asociación de Empresarios del Juego de Bingo de Cantabria (Aebinca). Si en 2003 los ingresos por la venta de cartones en los bingos cántabros alcanzaron los 44,89 millones de euros, cuatro años después, a las puertas del estallido de la crisis económica, se redujeron hasta los 40,14 millones. Hasta 2010, en la primera fase de la gran recesión sufrida por la economía española, cayeron a los 29,62 millones, hundimiento que se agudizó durante 2011 –21,83 millones–, algo que para el representante de Aebinca se debió a una causa muy concreta: “Con la entrada en vigor de la denominada Ley Antitabaco en 2011 se da un paso negativo de grandes consecuencias. Hay estudios que señalan que el 83% de los visitantes de las salas de bingo eran fumadores, por lo que dicha Ley supuso una enorme pérdida de clientes para la actividad”. Durante la segunda fase de la crisis el negocio continuó su tendencia a la baja, aunque la caída fue amortiguándose lentamente: las ventas fueron de 17,68 millones en 2012, a 14,30 millones en 2013 y tocaron fondo en 2014 con 13,12 millones. En 2015 hubo un leve repunte, con 13,78 millones, pero el moderado optimismo ha dado paso a algo de incertidumbre al constatar el año pasado, con 14,12 millones de euros ingresados, que la recuperación aún parece muy débil.

Jesús Vélez Ruiz de Lobera, izquierda, y Baldomero Benito, asesor y presidente, respectivamente, de la Asociación de Empresarios del Juego de Bingo de Cantabria (Aebina).

Jesús Vélez Ruiz de Lobera, izquierda, y Baldomero Benito, asesor y presidente, respectivamente, de la Asociación de Empresarios del Juego de Bingo de Cantabria (Aebinca).

La prolongada crisis de los bingos cántabros ha sido una dura prueba para las empresas, pero también para sus trabajadores. “El sector es una piña. Los trabajadores y sus representantes han mostrado una comprensión y una categoría importantísimas y decisivas en tiempos difíciles para que pudieran mantenerse todos los puestos de trabajo. Esto ha constituido un objetivo fundamental, dado su altísimo porcentaje de estabilidad y antigüedad”, explica Jesús Vélez Ruiz de Lobera. En Cantabria actualmente hay un total de 190 empleados directos y 30 indirectos, con un promedio por sala de veinte profesionales de juego, diez camareros y cuatro trabajadores de la limpieza, fijos en un noventa por ciento. El convenio en vigor, firmado recientemente entre empresas y empleados, recoge unas subidas salariales –del 1,2% para 2016 y del 1,5% para este año y el próximo– que, de alguna forma, tratan de reflejar la pequeña recuperación de los dos últimos ejercicios y la esperanza de haber dejado atrás el enorme hundimiento del sector en la última década.

No solo la crisis económica

No puede decirse que la crisis económica sea la única razón por la que el negocio del bingo ha sufrido una caída de esta magnitud y aún hoy no sea capaz de alcanzar un nivel de crecimiento similar al que están consiguiendo otros sectores. Los factores que han contribuido a este declive son múltiples, algunos vienen de mucho tiempo atrás y otros han ido surgiendo más recientemente. Desde el momento en que los juegos de azar fueron despenalizados, las autoridades españolas decidieron que debían soportar una tributación muy superior a la de otras actividades económicas. En particular, el bingo fue el juego al que más carga fiscal se le adjudicó, con la peculiaridad de gravar la venta de los cartones en lugar de los beneficios obtenidos por esta actividad.

Con el paso del tiempo, aunque el negocio ha ido perdiendo fuelle, el sistema tributario al que está sometido apenas le ha dado respiro. Desde el sector se reivindica la modificación de la fiscalidad, tanto cuantitativa como cualitativamente, en términos más racionales y acordes a la realidad actual. Para ello se apela a la aportación fiscal de las empresas, incluso en momentos muy malos para ellas. En 2007, sólo en concepto de la tasa sobre el juego de cartones impresos, los bingos de Cantabria pagaron 10,03 millones de euros y 5,02 millones en 2011, uno de los años más duros de la crisis económica. “Las salas cántabras han aportado a las arcas públicas más de dos millones de euros en 2016 y ninguna tiene acceso a ninguna subvención o ayuda. De hecho, nunca lo han tenido”, apunta Jesús Vélez Ruiz de Lobera.

El esfuerzo tributario que los bingos hacen tiene un reflejo muy llamativo en los impuestos municipales. Según el asesor jurídico de Aebinca: “No hay ninguna empresa en España que pague más impuestos por metro cuadrado a sus ayuntamientos que las salas de bingo. Y esto es así con independencia de sus ventas, ganen o pierdan dinero”. Una sala de primera categoría paga 40.000 euros –20.000 euros una de segunda– en concepto del Impuesto de Actividades Económicas (IAE) y, debido a que desde sus inicios el negocio generalmente se estableció en locales de superficie extensa y en calles principales, el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) medio por sala es de 10.000 euros.

Otro de los factores que favorecido el fuerte descenso del bingo ha sido la aparición de los juegos online, que han ido comiendo terreno progresivamente a los juegos presenciales. En 1998 apareció en internet el primer sitio de bingo online. La comodidad de jugar en cualquier momento que se desee, desde casa o cualquier otro lugar y con la posibilidad de acceder a importantes premios, dado que pueden conectarse muchos jugadores, es un reclamo difícil de superar, especialmente entre un público más joven y acostumbrado a las nuevas tecnologías. “Es imposible competir con el juego online”, advierte Jesús Vélez Ruiz de Lobera, quien desgrana algunas de las causas de tan desigual batalla: “La fiscalidad del bingo presencial es tres veces mayor que la de otros similares que se realizan a través de los grandes operadores del juego en internet. Estas grandes multinacionales del juego online llegan a todos los lugares con la publicidad y el patrocinio deportivo o de acontecimientos y programas en hora punta, mientras que una sala de bingo no puede anunciarse. Además, el acceso al juego es riguroso en las salas de bingo, puesto que obliga a registrarse personalmente con el DNI, mientras que online queda fuera de control y posibilita su práctica a menores y a personas ludópatas o que lo tengan prohibido”.

Las empresas del sector apuntan a la rigidez de la regulación a la que está sometido como una dificultad para la adaptación a los cambios que necesita efectuar. “No hay una actividad empresarial con mas control y más rigurosa que la del bingo. Por Ley, todas las empresas deben estar al corriente con Hacienda y la Seguridad Social”, recuerda el asesor jurídico de Aebinca y recalca el hecho de que en Cantabria existe un servicio especial de control del juego para cinco empresas. La regulación de la actividad de las salas de bingo alcanza a todos sus extremos: la Administración establece los requisitos para su apertura y funcionamiento, reglamenta las modalidades de juego, controla la emisión de los cartones para asegurar un único uso y evitar su manipulación o falsificación, establece el porcentaje a distribuir en premios en cada partida e incluso registra el personal que trabaja en cada establecimiento.

Los empresarios son conscientes, no obstante, de que la difícil situación no se debe únicamente a factores externos. El bingo tradicional, el de los cartones impresos, ha quedado reducido a una escasa clientela fiel formada por personas de avanzada edad. En un mundo en el que las nuevas generaciones son capaces de adaptarse rápidamente a los constantes cambios tecnológicos, se ha convertido en un juego obsoleto y la supervivencia del negocio pasa por la diversificación de sus actividades y la búsqueda de nuevas modalidades que atraigan más público a las salas.

Alternativas

A los servicios de hostelería y a las máquinas de tipo B –popularmente conocidas como ‘tragaperras’– que han venido ofreciendo las salas cántabras, se han sumado recientemente otras alternativas como el bingo electrónico interconexionado a partir de 2013 y las apuestas deportivas desde el año pasado. “El bingo electrónico interconexionado, como juego global en distintas salas de varias comunidades autónomas, permite un volumen de participantes que nunca se conseguiría en una sola sala. Además, ha demostrado la capacidad tecnológica de evolución de los proveedores y empresas tecnológicas del bingo”, resume Jesús Vélez. El mayor número de participantes que aporta al juego esta sala virtual única se traduce en mayores premios, algo que se intenta que sirva como aliciente para ampliar la clientela.

La patronal cántabra del sector no agota su estrategia innovadora con las novedades ya implantadas y desde hace unos años trabaja en el desarrollo de una nueva modalidad que considera vital para su futuro: el bingo electrónico de sala. Inspirado en algunas experiencias exitosas que en otras comunidades autónomas llevan algún tiempo en marcha, se trata de ofrecer a los jugadores la opción de utilizar en sala instrumentos tecnológicos para las partidas. Se trata de ampliar el perfil del cliente mediante la introducción de esta novedad tecnológica, al tiempo que se conserva la actual clientela manteniendo la posibilidad de seguir jugando con los cartones impresos de siempre. El asesor de la Asociación de Empresarios del Juego de Bingo en Cantabria resume los avances así: “Este sector necesita una constante innovación. Ha sido milagroso llegar hasta aquí con el mismo protocolo de juego con el que nació. EL bingo electrónico es un paso más en la dinámica de innovación y acceso al juego de las generaciones más acostumbradas a la pantallas y a los sistemas digitales”.

Los empresarios cántabros han observado que en lugares como el País Vasco, donde el bingo electrónico en sala ya está en funcionamiento, la iniciativa está produciendo buenos resultados, siendo eficaz para lograr una recuperación más sólida de sus negocios. Se constatan grandes diferencias territoriales en el sector, en general debidas a las diferentes regulaciones autonómicas y, en especial, al ritmo con que unas comunidades y otras adaptan sus normativas a las nuevas realidades. Por eso, desde Aebinca se ha hecho hincapié en que es muy importante que se regule todo lo concerniente al bingo electrónico de sala con la mayor celeridad posible. “Esperemos que esta nueva regulación sea como el socorrista que llega a tiempo para salvar a un naufrago. La fórmula ha demostrado que ayuda a la supervivencia de las salas en todos los lugares donde se ha implantado, pero si llega tarde el naufrago ya no podrá reaccionar”, explica su asesor jurídico. El Gobierno de Cantabria parece que ha sido sensible a la petición que se le ha hecho y recientemente ha anunciado que en breve elaborará un nuevo decreto para el sector del juego y regulará la gestión y explotación del bingo electrónico de sala. La norma velará por garantizar la seguridad informática del juego y por que las salas cuenten con la correspondiente homologación y autorización de sus equipos. Las empresas cántabras confían en que el compromiso del ejecutivo sea pronto una realidad y esperan que ayude a desarrollar con éxito su estrategia de ofrecer más variedad, modernidad e innovación.

 

Leave a Reply