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Cambiar para seguir siendo diferente

Cuatro años después del último relevo en la gestión, el Hotel Real comienza a dejar atrás la crisis y prepara un plan de inversiones que se centrará en la renovación de los interiores, un objetivo que quiere alcanzar sin variar todo aquello que le ha convertido en un referente del veraneo santanderino. Poner de acuerdo la tradición con todos los cambios que ha sufrido el mercado turístico ha sido siempre una constante en un establecimiento que nació para ofrecer alojamiento a la corte de un rey y que hoy vive con naturalidad el vértigo de las reservas electrónicas de última hora, o gestiona la posibilidad de pasar la noche en medio de una exposición de arte, en el recién inaugurado Centro Botín.

Aunque llevar la realeza en la propia denominación pueda llevar a pensar en otra cosa, las revoluciones que han puesto en cuestión la longevidad del Hotel Real han tenido muy poco que ver con la política. El establecimiento, que nació para cobijar a los cortesanos de Alfonso XIII en los larguísimos veraneos de las primeras décadas del siglo pasado, ha tenido que adaptarse a los cambios de usos y costumbres de la sociedad y al vuelco en la forma de entender los periodos vacacionales, encajando después el impacto  que Internet está teniendo en los modos de contratar los alojamientos. Esto último, además, coincidiendo en el tiempo con una de las mayores crisis económicas que ha conocido el hotel a lo largo de una trayectoria que, desde este año, es ya centenaria. La conmemoración de la efeméride se produce cuando están a punto de cumplirse cinco años desde el último cambio de gestión en el establecimiento, y cuando la propiedad prepara un programa de inversiones que se centrará en la renovación interior y que, en lo simbólico, ofrece los primeros indicios de que las dificultades económicas empiezan a quedar atrás.

Koldo Díaz dirige el Hotel Real desde 2006, lo que le permite hablar con conocimiento de causa tanto de los años de crisis como de aquellos en los que todo parecía darse por bueno, y también de los cambios que han llegado de la mano de Internet y de las dificultades económicas. Confirma que lo peor parece haber pasado, aunque cree que lo vivido en sus primeros años al frente del Real no volverá. En relación con las inversiones, prefiere no mencionar cifras concretas, y ni confirma ni desmiente las que se han publicado –cuatro millones de euros destinados a la renovación de habitaciones y espacios comunes–, por considerar que cualquier cantidad está siempre sujeta a revisión, en uno u otro sentido: “Siempre se han hecho inversiones en el hotel, y estas tampoco se limitarán al plan actual. Aquí tenemos 120 pequeñas viviendas, y siempre hay algo que hacer”, señala.

Además de los avatares de la crisis y las diferentes actuaciones acometidas en esa actualización constante de las instalaciones, en sus once años como director, Koldo Díaz también ha vivido el último cambio en la empresa gestora del establecimiento, cuando en 2013 Hotusa tomó el relevo de Husa y el hotel pasó a integrarse en la cadena Eurostars. Propiedad de la sociedad Hotel Real SA, que tiene como únicos accionistas a la familia Botín y fue igualmente la responsable de construir el establecimiento hace ahora un siglo, la gestión del establecimiento corrió hasta 2012 a cargo de Husa Hoteles, grupo que tiene como cabeza visible a Joan Gaspart y que había asumido esa función en 1998. El contrato que unía a esta empresa con la propietaria del ‘cinco estrellas’ santanderino tenía vigencia hasta 2020, pero las dificultades económicas de Husa –estrechamente vinculadas con la crisis– provocaron que dejase de cumplir sus compromisos, tanto en materia de inversiones como en el pago del arrendamiento anual pactado con Hotel Real SA. Ese momento, cuando acababa de terminar la temporada de verano de 2012, puede acotarse hoy como la zona cero de la pasada crisis económica, al menos en lo tocante al Hotel Real.

El momento más difícil

“Aquel fue el momento más difícil, sin duda, aunque quizá no tanto por el Hotel Real en sí como por los problemas que atravesaba la cadena a la que pertenecíamos por entonces”, explica Koldo Díaz, que desde la perspectiva del tiempo pasado considera que lo acontecido a partir de ahí puede leerse como una paulatina recuperación que todavía está por ver hasta dónde puede llegar. Ni tan arriba como se llegó a estar en 2006 –un año que, como el actual, también coincidió con el jubileo lebaniego–, ni tan bajo como se cayó en 2013: “Entre esos dos extremos estará el punto medio al que habrá que llegar, aunque ahora mismo no es fácil dónde estará exactamente”, señala. En términos de ocupación, una primera referencia la ofrece lo sucedido el año pasado, marcado por una campaña de verano de extraordinarios resultados, pero también lo sucedido en lo que llevamos de ejercicio, con unos resultados que de momento están quedando por debajo de las expectativas. Si hablamos de precios, el avance desde la cota más baja ha venido siendo lenta, pero constante, en los tres últimos ejercicios, aunque sigan quedando a una notable distancia de lo que se cobraba en no tan lejano 2006.

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Koldo Díaz, director del hotel real desde el año 2006.

La evolución de ambos indicadores, tarifas y ocupación, está directamente relacionada con la forma en que Internet ha cambiado la contratación turística, que ha dejado fuera de lugar la comparación con 2006, por más que apenas haya pasado una década desde entonces. Contra lo que pudiera pensarse, el posicionamiento del Hotel Real –con una fuerte imagen de marca en el segmento de gran lujo– no supone ninguna ventaja añadida a la hora de enfrentar los condicionantes de un mercado que se mueve a golpe de clicks: “Siempre va a haber clientes que nos eligen porque nos conocen, pero para la mayoría la imagen de marca sirve siempre y cuando seas competitivo en precio. Y las reservas se hacen en el último minuto, igual que con cualquier otro hotel”, explica el director del Real, que destaca lo complicado que es hoy hacer cualquier previsión en relación con la ocupación: “Lo estamos viendo este verano. Han bastado unos días de mal tiempo para que se anularan reservas y que aquello que esperábamos no se cumpla. Pero lo mismo puede pasar, en sentido contrario, en lo que queda de temporada alta. Tenemos que estar preparados para todo”.

Que el verano de 2017 no esté cubriendo por el momento las expectativas no significa –por lo elevado de estas– que esté siendo una mala campaña. En el caso del Hotel Real, la actual temporada turística escribe además un nuevo capítulo a añadir a su centenaria historia: la comercialización de las estancias para pasar la noche en el Centro Botín, en la cama que forma parte de la exposición del artista Carsten Höller.

La vinculación del hotel con la familia Botín hizo que esta le encargase la gestión de todo el proceso. Con precios de entre 250 y 350 euros por noche dependiendo de si es o no fin de semana, y limitada a los 70 días de la exposición, la iniciativa tendrá un impacto casi anecdótico en las cuentas del establecimiento, pero su repercusión mediática, y la originalidad de la idea ha sido fuente de otro tipo de satisfacciones: “No voy a negar que cuando nos lo propusieron nos provocó ciertas dudas, pero el resultado ha sido estupendo. Las reservas se agotaron rápidamente y quienes han vivido la experiencia han quedado encantados. Si por nosotros fuera, sería estupendo que la exposición tuviera carácter permanente, y que la cama quedase ahí para siempre”.

Este vínculo con el nacimiento del Centro Botín, y la coincidencia con el centenario del hotel, tiene además una enorme carga simbólica en términos históricos. Si la construcción del Real se produjo en el contexto de los veraneos regios, casi como un apéndice del cercano Palacio de la Magdalena, el hotel cumple un siglo acompañando a la ciudad en la apertura de un edificio llamado también a hacer historia.

 

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