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El libro viejo se adapta a los nuevos tiempos

La crisis económica y los nuevos formatos han situado en una posición muy difícil a las librerías tradicionales, pero han afectado en mucho menor medida a las que compran y venden libros de segunda mano. Las oportunidades que ofrecen las plataformas de venta ‘on line’, y el operar en un ámbito mucho más pequeño y especializado, han permitido a estos negocios mantener su mercado pese a las dificultades de una actividad que implica buscar ejemplares, gestionar su catalogación y almacenamiento y venderlos en un contexto de precios a la baja. Pese a ello, y a que la mayor parte de las ventas se hacen a través de Internet, en Cantabria han abierto algunas nuevas librerías de viejo.

Texto de J. Carlos Arrondo

La primera sensación que se tiene al entrar en una librería de viejo es que tiene un olor peculiar. Se dice que es parecido al de la vainilla y que es debido a la degradación de la lignina, un compuesto que contiene el papel. La segunda impresión es la de observar los anaqueles repletos de una abigarrada acumulación de libros editados en diferentes épocas, de autores variados y de los más diversos géneros y temáticas. El denominador común de esos ejemplares es que todos son de segunda mano, cualquiera que sea su antigüedad o su valor.

Durante décadas, quizás siglos, las librerías de viejo han sido el lugar al que acudían los clientes, no necesariamente ávidos lectores, sino también coleccionistas o personas interesadas en un tema concreto, que era su afición o su objeto de estudio, y buscaban un libro difícil de encontrar o descatalogado, alguna primera edición o un valioso libro antiguo. La llegada de las nuevas tecnologías y el auge del comercio electrónico han cambiado por completo al gremio de viejo. A pesar de que estas librerías siguen existiendo, y en Cantabria hay en torno a media docena abiertas a un público que aún puede acudir a ellas a oler, ver, hojear y comprar libros, buena parte de su negocio se ha trasladado al mercado virtual. Las plataformas online han sido una magnífica oportunidad para ampliar su clientela, pero al tiempo se han constituido en una seria amenaza porque ha aumentado considerablemente la competencia, no sólo con el resto de libreros profesionales presentes en la Red, sino también con muchos particulares que aprovechan la facilidad que ofrece internet para vender por su cuenta sus propios libros.

Carmen Alonso, propietaria de la librería que lleva su nombre y una de las profesionales de referencia  en el ámbito del libro viejo en Cantabria.

Carmen Alonso, propietaria de la librería que lleva su nombre y una de las profesionales de referencia en el ámbito del libro viejo en Cantabria.

El librero de viejo necesita un fondo bibliográfico amplio para realizar su actividad  y la forma que tiene de nutrirlo es adquiriendo ejemplares, a veces bibliotecas completas, a quienes estén dispuestos a vendérselos por diversos motivos. Actualmente, sobre todo desde que estalló la crisis económica, son muchas las personas que ponen en venta sus libros. “La gente ahora está vendiendo sus libros porque necesita ingresos extra. Todos los días llaman por teléfono varias personas. Muchos ofrecen sus enciclopedias, que a veces compraron sus padres a plazos con gran esfuerzo, pero nadie las quiere. No lo puedes comprar todo porque dispones de un espacio y de un dinero limitado, pero a veces, aunque tengas el almacén lleno, no puedes evitar hacer una compra porque te ofrecen cosas interesantes. Al final tienes mucho más de lo que puedes abarcar”, indica Carmen Alonso, propietaria de la librería que lleva su nombre.

Los libros ocupan mucho espacio y es difícil gestionar grandes fondos. A medida que se van realizando adquisiciones, el stock puede llegar a ser ingobernable y no es infrecuente desconocer todos los volúmenes que lo componen, como reconoce Virginia Fuenturbe, copropietaria de Más Que Libros Antuñano, quien sugiere la importancia de no caer en la tentación de adquirir todo lo que les ofrecen: “Entre la tienda y el almacén tenemos unos 25.000 libros catalogados. También tenemos en la tienda una sección entera de libro barato que está sin catalogar. Al comprar, lo que buscas es ampliar con algo que no tienes. La mayoría de las veces te ofrecen lo que  ya tienes y, claro, hay un límite y no puedes acumular más”.

Además de la amplitud del fondo, el librero tiene que prestar especial atención a su composición. Cuanto más especializado sea, más fácil será esquivar el peligro de acabar teniendo un almacén lleno de libros con los que no se sabe qué hacer. Pero esa no es la única ventaja de la especialización en un mercado tan abierto, en el que cualquiera puede ofrecer sus libros a través de las numerosas plataformas de venta de objetos de segunda mano online y en el que la competencia estrictamente profesional también es muy grande.

Carmen Alonso fue copropietaria de otra librería de viejo durante más de dos décadas antes de abrir su actual negocio en la santanderina calle Cisneros en 2013. Desde su inauguración ha ido evolucionando hacia una reducción de su stock más generalista, sobre todo las novelas de muy bajo precio, para especializarse en el libro de Cantabria y en el de arte y literatura del siglo XX. “Es importante que te asocien con algo, con un tema. Es bueno a la hora de vender, pero también a la hora de comprar porque si alguien sabe a lo que te dedicas y tiene un material interesante se puede acercar a ofrecértelo”, explica. En función de los libros de que dispone y en torno a alguna temática concreta dentro de sus áreas de especialidad, elabora catálogos que envía a sus clientes en formato digital y que también cuelga en su web: “Ahora estoy haciendo sobre todo catálogos de arte, de España, de Hispanoamérica, de los setenta. El último que hice estaba centrado en el arte de la transición española. Hay que especializarse, pero dentro de tu tema, trabajar en un material que conoces, que estudias, y hacer catálogos que sean interesantes y con cierta coordinación. Es importante poder dar información al cliente, que vea que sabes un poco del tema. Este cliente acaba siendo muy fiel, que es lo que se busca”.

Virginia Fuenturbe, propietaria de Más que Libros Antuñano.

Virginia Fuenturbe, propietaria de Más que Libros Antuñano.

La estrategia para atraer y fidelizar a la clientela de las hermanas Virginia y Amparo Fuenturbe, propietarias de Más Que Libros Antuñano, no pasa por la especialización. Hace dos años cambiaron la ubicación de la antigua Librería Antuñano a su actual local en la calle Alonso de Santander y rediseñaron su concepto de negocio. Les define un fondo compuesto por libro usado en general, siendo la novela y el libro de temática cántabra lo que más venden, pero saben que actualmente no basta con esperar a que los clientes entren por la puerta, hay que brindarles algún aliciente que les anime a acudir. Su idea es tratar de ofrecer ese estímulo aprovechando su propio local: “Tenemos una zona en la que  la gente puede tomarse un café  mientras hojea libros. Organizamos cuentacuentos, talleres y otras actividades relacionadas con los libros y la cultura. Intentamos atraer gente a la librería y por ahora la respuesta está siendo buena”, resume Virginia Fuenturbe. La mudanza a un lugar más céntrico también ha contribuido a mejorar la afluencia de público, incluso conservan la clientela fija que tenía antes, pero todo esto no cambia el hecho de que entre un 60 y un 70% de sus ventas se produzcan online.

Las plataformas ‘on line’

El contacto entre librero y cliente, que hasta no hace muchos años se circunscribía al espacio de la tienda, hoy se ha trasladado mayoritariamente a los recovecos de internet. “Si tienes una librería de viejo tienes que estar en los grandes portales profesionales, Uniliber e Iberlibro”, explica Carmen Alonso, socia fundadora del primero, una plataforma de libreros españoles cuyo funcionamiento elogia, y aunque sus asociados también pueden tener sus fondos en el portal de la Casa del Libro tiene el hándicap de que su alcance se limita a nuestro país. Virginia Fuenturbe considera que el que más tira del mercado es Iberlibro: “Al pertenecer a AbeBooks, filial de Amazon, tiene más difusión”, y matiza que “aunque hay mucha competencia, al final compensa porque puedes enviar libros a cualquier parte del mundo”. La parte negativa de esta plataforma radica en los costes que tiene para el librero: “Te cobran un fijo bastante alto y otras comisiones. Entre unas cosas y otras, un 20% de cada libro que vendes”, lamenta Carmen Alonso, quien admite que no le queda más remedio que estar presente en ese portal, ya que para una venta tan especializada como la suya debe abarcar un mercado más amplio que el español. Cuando alguien le compra a través de ese canal, su expectativa es que se convierta en un cliente que le haga nuevos pedidos directamente, sin intermediarios.

Precisamente el intento de prescindir  del intermediario, que en este caso sería el profesional de viejo, es la tendencia que muchos particulares están poniendo en práctica vendiendo sus libros a otros particulares. La proliferación de páginas de venta online de productos de segunda mano está favoreciendo una expansión de la oferta de libros usados, en muchos casos los mismos títulos e incluso las mismas ediciones que los libreros ponen a la venta en los portales profesionales. La principal consecuencia de esta peculiar competencia es que caen los precios de muchos ejemplares. Para un profesional, que tiene que hacer frente a los gastos inherentes a su negocio, reducir los precios por debajo de cierto nivel, como puede permitirse un particular que comercie con sus propios libros, supone una situación difícil de gestionar.

“El precio de venta de un libro viejo está totalmente controlado por internet, excepto si es algo único. Cada vez que voy a fichar un libro para ponerlo en mi página miro a cómo está. Puedes ponerlo como el que lo tiene más barato o, si no me da la gana hacerlo, ponerlo al precio que quieres… pero es un error porque no lo vendes”, señala Carmen Alonso, para quien la manera de evitar este problema es tratar de conseguir obras exclusivas moviéndose por ferias y subastas de España y del extranjero, o relacionándose con otros libreros que conocen su especialización y le pueden poner sobre la pista de buenas oportunidades de compra: “Con el tema del arte he conseguido tener material único y puedo hacer buenos catálogos. Tengo libros de Borges, primeras ediciones, firmados por él. Algunos son muy raros, como ‘Inquisiciones’. Son cosas por las que a veces tienes que pagar mucho dinero, pero que las puedes vender a buen precio. El año pasado vendí por 20.000 euros una ‘Biblia del Oso’ de 1565 que había comprado en una subasta  hace muchos años. De todos modos, no tengo ningún libro en internet por debajo de 10 euros, porque no merece la pena tenerlos más baratos”, un criterio similar al que rige en Más que Libros Antuñano, cuyo límite está establecido en 6 euros, dejando para su venta  en la tienda una sección de ejemplares a 3 euros.

La crisis que se ha llevado por delante a una cuarta parte de las librerías de nuevo españolas no parece que haya sido tan cruenta para el gremio de viejo. Muchos de los establecimientos tradicionales se han mantenido en pie durante los años más duros, y últimamente se han sumado algunos nuevos a la oferta. Sin embargo, esto no quiere decir que el sector del libro usado no haya notado la crisis, ya que las ventas han sufrido un retroceso. Las estrategias que cada profesional ha puesto en práctica para superar un entorno económico hostil y una competencia feroz han sido múltiples. Desde quienes han optado por un modelo sencillo consistente en llenar las estanterías de sus tiendas de libros muy baratos y esperar a que los precios bajos obren el milagro de atraer a muchos clientes hasta quienes han decidido apostar por un negocio más sofisticado, especializado en determinados tipos de libros y temáticas. En medio de ambos extremos, muchas librerías de viejo han compaginado su oferta literaria con diferentes eventos culturales, exposiciones fotográficas, actividades dirigidas al público infantil, etc.

Feria del Libro Viejo

Uno de los acontecimientos culturales más característicos del verano santanderino es la Feria del Libro Viejo, que se ha venido celebrando cada agosto desde hace diecinueve años, primero en los Jardines de Pereda y ahora en la Plaza de Alfonso XIII. Carmen Alonso, fundadora de la feria junto a Alistair Carmichael, con quien se turna en las labores de organización en años alternos, se congratula de la relevancia que ha ido adquiriendo: “Es una feria muy buena. En España se hacen muchas, pero después de las de Madrid y Barcelona, es de las mejores. Nos hemos esforzado muchísimo con la calidad porque si la calidad baja, los buenos libreros que ahora acuden dejarían de venir. Hay que mimarla, hay que cuidarla”.

Virginia Fuenturbe, cuya librería también está presente en la feria, destaca la acogida que tiene entre el público: “Acompaña el tiempo y hay mucha gente. Hemos probado alguna vez a salir fuera, pero en algunas ferias no hay muchas ventas. Aquí estamos contentas”. En la pasada edición, cuya organización corrió a cargo de Carmen Alonso, al habitual programa de exposiciones culturales en el recinto de la feria se añadió la novedad de trasladar más actividades por otros lugares. Los libros viejos, su característico olor y la pequeña y particular historia que acompaña a cada uno, salen de librerías y almacenes y ocupan por unos días un emplazamiento privilegiado en medio de la ciudad.

 

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