You Are Viewing

A Blog Post

Igarmi pone al día la tradición bodeguera

La empresa cántabra amplía su catálogo de vermuts, un producto de creciente aceptación que ha doblado su producción en los últimos años y del que embotella ya cerca de 100.000 litros anuales. En contraste, el descenso en el consumo de vino blanco de solera ha ido reduciendo las ventas de un producto que se consume casi exclusivamente en Cantabria y  que aporta casi el 50% de la facturación. Potenciar las alternativas y recuperar el mercado de su producto más tradicional es el doble reto al que se enfrenta la centenaria bodega.

En lo que tiene que ver con el vino, licores y combinados, los gustos del consumidor se mueven entre la casi inamovible estabilidad de las costumbres y los ingobernables dictados de las modas. En su condición de empresa centenaria, Bodegas Igarmi puede dar fe de esto último y de cómo las inclinaciones del consumidor pueden cambiar casi de un día para otro, pero su larga trayectoria también le ha permitido constatar que lo inmutable de determinados hábitos puede no serlo tanto. Este sería el caso, por ejemplo, de su producto más tradicional, el blanco de solera –técnicamente, vino de crianza bajo velo de flor– un producto de consumo casi exclusivamente cántabro, de gestión muy delicada y escasa competencia, pero también con una demanda decreciente que deja las cifras de ventas muy por debajo de las que se daban hace apenas unos años. En contraste, dentro de su propio catálogo, la bodega cántabra ha encontrado otro producto tradicional que vive un momento de alta aceptación por el mercado, el vermut, sobre el que se está desarrollando una de esas querencias gastronómicas que puede ser especialmente beneficiosa para las empresas que cuidan la calidad y buscan la diferenciación de sus productos.

El vermut, de moda

Aunque en volumen está lejos de las cifras del blanco de solera, el vermut no ha dejado de incrementar su dato de producción en los últimos años, lo que ha llevado también a que sea este producto el que protagonice buena parte del esfuerzo comercial de Igarmi, que acaba de presentar dos nuevas referencias a un catálogo que ya era muy amplio. Entre los nuevos vermuts se incluye una que incorpora cítricos y que está especialmente pensada para su uso en coctelería. El protagonismo que está teniendo el vermut en este campo es una de las consecuencias –o quizá también una de las razones– del tirón que está viviendo este vino aromatizado en el mercado. Igarmi, de hecho, patrocina su propio concurso de cócteles, que vivió su segunda edición este pasado mes de mayo en Torrelavega, con notable participación de profesionales y mucho público presente.

Ángel Gutiérrez y Eladio Igareda, responsables de Igarmi, rodeados de algunos de los productos que elabora la bodega y con los nuevos vermuts que embotella la empresa

Ángel Gutiérrez y Eladio Igareda, responsables de Igarmi, rodeados de algunos de los productos que elabora la bodega y con los nuevos vermuts que embotella la empresa

El desafío al que se enfrenta la empresa pasa por acompañar al vermut en su crecimiento, manteniendo al mismo tiempo el tradicional mercado del vino blanco de solera. Se trata de dos mercados con algunos puntos en común, pero también con significativas diferencias. Igarmi comercializa en torno a 100.000 litros de vermut al año, una cantidad que prácticamente dobla la que se registraba hace una década y que la empresa confía en que siga incrementándose en el futuro más inmediato. En total, la bodega cántabra mueve unos dos millones de litros de vino al año, entre vinos embotellados –el vermut, pero también blancos y tintos– y el tradicional de solera, sobre el que sigue sosteniéndose aproximadamente la mitad de la actividad de la empresa. En litros el peso del blanco de crianza en barrica es algo menor a esta proporción –unos 800.000– pero, contra lo que pudiera pensar un profano, lo complejo de su gestión y lo restringido del mercado hace de este el vino de mayor valor añadido entre los que comercializa Igarmi: “Es un producto de gran calidad, que fideliza mucho al cliente del bar que lo sirve y sobre el que se ha desarrollado toda una cultura de consumo. Pero también es un vino vivo, que evoluciona en la barrica, que exige atención y cuidados”, explica Eladio Igareda, director de la empresa, que admite que de todas esas características se derivan tanto ventajas como inconvenientes.

Entre las primeras, explica, posiblemente la más importante es que no son muchas las empresas con los conocimientos y la capacidad necesarios para atender este mercado, lo que reduce el número de competidores. A cambio, no es un vino cómodo para los bares, que deben reservar un sitio para las barricas, y por su propia naturaleza, también necesita consumidores que conozcan y valoren las virtudes de un vino en el que no es posible –ni deseable– ninguna estandarización: el sabor es distinto entre un bar y otro, e incluso en un mismo establecimiento puede variar entre barrica y barrica, o entre día y día.

El blanco de solera, un producto complicado de gestionar

Más allá del diferente comportamiento que están teniendo los respectivos mercados –crecimiento en el caso del vermut y demanda a la baja en el blanco de solera­– las principales diferencias entre los dos principales productos que trabaja Igarmi tienen que ver precisamente con la forma en que la naturaleza del producto afecta a su distribución y comercialización. El vermut permite una dar forma a una gama que incluye un amplio muestrario de referencias, bien por presentación o por variedades. Aunque el principal canal de venta es la hostelería, el vermut permite tener presencia en los lineales de los supermercados, y llegar más allá de las fronteras regionales a través de delegaciones comerciales o distribuidores. Además de en Cantabria, Igarmi vende su vermut en Madrid, Palencia, Burgos, Asturias y Vizcaya. En el canal alimentación, cuenta entre sus clientes a Carrefour, Lupa o Covirán, en todos los casos tanto con vermut como con sus tintos y blancos embotellados.

En todo lo anterior hay pocos puntos en común con lo que sucede en el caso del blanco de crianza en solera. La comercialización es en este caso casi exclusivamente a través del canal hostelero, y la forma de trabajar el producto no tiene nada que ver ni con el vermut ni con cualquier otro licor de los que se venden en botella. Aunque en la bodega de Igarmi hay algunas soleras, lo habitual es que las barricas estén en el establecimiento del cliente, y que sean los profesionales de Igarmi los encargados de reponer el producto y hacer todo el trabajo de mantenimiento necesario para mantener el vino con las características organolépticas y la calidad deseada. Los responsables de Igarmi insisten en que no es una tarea al alcance de cualquiera, y que los muchos años que la empresa lleva realizando esta labor son claves para tener una garantía y un control sobre los resultados.

2.000 barricas

Igarmi gestiona algo más de 2.000 barricas, instaladas en un número algo menor de establecimientos por cuanto es relativamente habitual que alguno de ellos tenga más de una. Prácticamente la totalidad de ese parque de barricas está en Cantabria, con unas pocas en Asturias que apenas son más que la excepción que confirma la regla. “La técnica de crianza de blanco bajo velo de flor solo se utiliza en Cantabria, y en algunos puntos muy concretos de Andalucía, en las provincias de Huelva, Cádiz… No creemos que esto vaya a cambiar, pero sí confiamos en poder recuperar algo el consumo en Cantabria. De hecho estamos viendo como la caída ha empezado a moderarse”, apuntan los responsables de la bodega cántabra.

Muy ligado al consumo en grupo, y en recorridos de bar en bar, el blanco de solera ha sufrido especialmente las consecuencias de la implantación del carnet por puntos y la intensificación de los controles de alcoholemia a los conductores. También de la prohibición del tabaco en los bares y, en general, de todo aquello que ha ido relegando el consumo social del alcohol dentro de las preferencias de la población. Pero todo tiene que ver con los ciclos, o con las modas, y en ningún sitio está escrito que el blanco de solera no pueda reconquistar parte del terreno perdido. La situación contraria es la que se vive con el vermut, y desde Igarmi están decididos a aprovechar al máximo esta fase alta del mercado, potenciando la gama y poniendo los recursos necesarios para salir con ese producto fuera de Cantabria. “Aquí competimos con las grandes multinacionales, pero nuestro vermut siempre ha estado bien posicionado. Confiamos en que existe todavía margen para seguir creciendo”, señala Eladio Igareda.

 

1 Comment
Leave a Reply