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“La colaboración entre la sanidad pública y la privada me parece necesaria y conveniente”

Aunque se muestra extraordinariamente crítica con la externalización de servicios a la que obliga el contrato de construcción del Hospital de Valdecilla, Marial Luisa Real defiende otras fórmulas de colaboración con la empresa privada en materia sanitaria que, a su juicio, han demostrado su capacidad para mejorar determinados aspectos de la asistencia pública. La consejera de Sanidad confía en que la mejora de la coordinación permita dar un salto en calidad, pese a las limitaciones presupuestarias.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

Antes de sentarnos para mantener esta entrevista, mientras posaba sonriente para el fotógrafo, Maria Luisa Real recordaba que su cargo es el de consejera de Sanidad, y no consejera de Valdecilla. Aunque la observación tenía que ver con el peso mediático que el hospital había adquirido en las fechas previas, motivado por las deficiencias que habían denunciado ídaís antes algunos trabajadores, la anécdota es también ilustrativa del enorme peso que el centro hospitalario tiene en el conjunto de la sanidad de Cantabria. La consejera no elude la cuestión, y se muestra enormemente crítica con el contrato público privado que ha hecho posible completar la última fase de las obras y que, a su juicio, hipoteca durante veinte años la gestión sanitaria de la región. Por contra, María Luisa Real defiende las fórmulas de colaboración con la sanidad privada, y cree que hay margen para conseguir mejorar la calidad asistencial pese a las restricciones presupuestarias.

Pregunta.- Está usted al frente de una consejería especialmente sensible desde un punto de vista social, pero también con un peso económico más que notable. ¿Cuáles serían los principales objetivos que se marca, teniendo en cuenta esa doble naturaleza de su departamento?
Respuesta.- Las líneas estratégicas de la legislatura son tres: luchar contra las desigualdades en salud, la implantación del programa de cronicidad y potenciar la calidad asistencial. Para conseguir esto último, que es algo que por repetido existe el riesgo de que termine siendo un concepto vacío de contenido, nuestro objetivo es potenciar la formación y la investigación, que estas dos materias sean transversales para la actividad diaria de los profesionales.

P.- Todo eso cuesta dinero, y no sé si existe capacidad para afrontar incrementos en el gasto.
R.- No todo cuesta dinero. De hecho la mayoría de todo lo anterior implica sobre todo cuestiones organizativas. La formación obviamente cuesta dinero, pero por ejemplo la implantación de la cronicidad depende de mejorar la coordinación, entre la atención primaria y la hospitalaria, y entre ambas y los servicios sociales. Se trata de trabajar por un nuevo modelo de organización.

P.- Entiendo entonces que los condicionantes presupuestarios no van a ser la clave de la que dependa avanzar en esos objetivos.
R.- El presupuesto es muy importante. De hecho este año por primera vez se ha incrementado con relación al que existía en 2010, y esperamos que si la coyuntura económica lo permite, en Cantabria, España y Europa, tengamos una mejor financiación en Sanidad, que el presupuesto se vaya acercando al gasto real. Ese es un problema que tenemos desde antes de las transferencias y no es exclusivo de Cantabria. El objetivo es avanzar en esta línea, pero insisto en que hay muchas cosas que pueden hacerse que no tienen incidencia en el gasto: conseguir que algunas pruebas complementarias se realicen en el domicilio, evitar ingresos para determinadas terapias y que, cuando en efecto el ingreso es necesario, que la ruta del paciente dentro del sistema hospitalario esté más adaptada a sus necesidades… Todas son actuaciones que mejorarían el sistema y que no tienen que ver directamente con el presupuesto.

P.- Sí que tienen que ver con la labor de los profesionales, si hablamos de adaptación, reorganización y flexibilidad.
R.- Los profesionales son fundamentales, los que marcan la calidad asistencial y la diferencia. A los profesionales hay que aportarles esa posibilidad de organización, y luego es cierto que los habrá más flexibles y menos, con mayor o menor empatía. Como en todas las profesiones. La coordinación entre primaria y especializada se estaba haciendo muchas veces de forma voluntarista, dependiendo de la voluntad y la implicación personal de determinados trabajadores. Lo que tenemos que hacer es darles las herramientas, las autopistas para que puedan hacerlo.

P.- Perdone que insista en la cuestión del gasto, pero parece difícil que todo esto pueda hacerse sin incrementar lo que se paga a los profesionales, de una u otra forma.
R.- Los profesionales de la sanidad, igual que el resto de los trabajadores públicos, han soportado en los últimos años el peso de la crisis, y lo han hecho de dos formas: con recortes de sus retribuciones y derechos laborales, pero además, y por las características de su trabajo, con un deterioro de la relación médico-paciente. Yo siempre he dicho, y lo mantengo, que si la situación económica lo permite, es el momento de ir recuperando esos derechos perdidos. En la primera reunión de la mesa sectorial, hemos hecho ya unos acuerdos que han permitido recuperar alguno de esos derechos, pero además se han pactado una serie de cuestiones para ir negociando a lo largo de la legislatura. En las retribuciones, el objetivo es ir recuperando los derechos, pero no tiene que ver con el cambio organizativo. Son dos cuestiones que se tienen que dar, pero que no están relacionadas.

P.- La Ley de Sostenibilidad ha limitado la reposición de las bajas de profesionales. ¿en qué medida hay margen para recuperar el terreno perdido?
R.- En términos de organización y planificación, las consecuencias de limitar a un 10% la reposición de plazas han sido desastrosas. No solo por el número, sino por el carácter aleatorio de las bajas, que hace imposible cualquier planificación. Este año la ley permite que la reposición sea del 100%, eso es positivo pero no permite recuperar lo perdido. El problema no va a ir a más, es cierto, pero no podemos corregirlo.

P.- ¿Cuáles serían los servicios más afectados por la pérdida de profesionales de los últimos años?
R.- Si hablas con los jefes de servicio, todas las situaciones son preocupantes. Ha habido un retroceso que tardaremos años en recuperar. La cuestión de la reducción del gasto público se trata en ocasiones de una manera reduccionista, sin pararse a pensar lo que implica. Hay menos maestros, menos policías, menos médicos, pero las necesidades de los ciudadanos siguen siendo las mismas. Si no se sustituye a un médico, hay otro que tiene que atender a sus pacientes, y la calidad del servicio se resiente, como no puede ser de otro modo. Eso es lo que supone la reducción del gasto público cuando se hace de esta manera: cuadrar las piezas a martillazos, y no buscando soluciones, por muy difícil que sea componer el puzzle. El resultado, volviendo a lo que me pregunta, es que después de estos cuatro o cinco años prácticamente todos los servicios han perdido alguna pieza sensible.

P.- Hace un momento, antes de empezar a la entrevista, lamentaba usted que en ocasiones se la vea como la consejera de Valdecilla, y no como la consejera de Sanidad. Lo cierto es que el hospital condiciona enormemente la gestión sanitaria de Cantabria, no sé si incluso en exceso.
R.- Para empezar, el hospital está en el estatuto, en ninguna otra comunidad autónoma pasa esto. Presupuestariamente, Valdecilla supone aproximadamente el 45% del total del presupuesto de sanidad en Cantabria, es un centro puntero en formación e investigación y referencia nacional en seis actividades. Todo eso da cuenta de su importancia, tanto económica como política. Si añadimos ahora la cuestión del contrato público-privado y sus implicaciones, vemos cómo el foco mediático y el debate aumentan aún más el protagonismo del hospital. Es inevitablemente que todo esto condicione de alguna manera, pero yo siempre digo que hay cosas que nos preocupan, y cosas que nos ocupan. Por mucha atención mediática que haya sobre Valdecilla, la gestión diaria no es distinta que cualquiera de los otros hospitales que tenemos, o que cualquier centro de salud. La sanidad de Cantabria no es solo Valdecilla.

P.- El contrato lo firmó el anterior Gobierno y ustedes se oponen, pero legalmente parece irreprochable.
R.- Que el contrato esté bien hecho jurídicamente no quiere decir que sea bueno para Cantabria y para los ciudadanos de Cantabria. Nosotros creemos que no lo es porque hipoteca a la comunidad durante veinte años, y eso para construir la tercera parte del hospital, y ni siquiera la parte más complicada técnicamente, porque los quirófanos ya estaban construidos. Cuando digo hipotecar no me refiero solo a la cantidad que habrá que pagar, sino a los propios servicios que nos hemos comprometido a contratar. Se dice que no son sanitarios, pero son servicios que tienen una influencia fundamental en lo sanitario, porque sino no estarían en un hospital. La gestión informática, que es básica, la limpieza… Durante veinte años, los profesionales y los pacientes van a ser inquilinos en esa parte del hospital que se ha construido con esa fórmula, pero en lo que se refiere a la gestión de esos servicios vamos a ser inquilinos todos. No podremos cambiar un tabique sin pedir permiso a la empresa, y cualquier mejora tecnológica en los doce servicios externalizados repercutirá en la empresa, no en el servicio público, porque el canon será siempre el mismo. Pero además es que nosotros defendemos una gestión sanitaria pública, universal y financiada públicamente. Nadie ha demostrado que una gestión privada sea más eficiente, lo que sí está demostrado es que el sistema sanitario español es uno de los más eficientes del mundo. Apoyándose en la crisis, y hablando de esa supuesta eficacia del gestor privado, se ha intentado transformar el sistema sanitario y además ocultándolo al debate de la sociedad. Si queremos ir hacia eso, que se diga.

P.- Pero en el caso de este contrato no estamos hablando de eso, no se ha privatizado la sanidad, se han externalizado servicios no sanitarios.
R.- Es cierto, pero lo hemos visto en otras comunidades autónomas. En todo caso, los servicios que aquí se han privatizado sí tienen influencia en lo sanitario.

P.- Hay que decir también que algunos de ellos son servicios que ya estaban externalizados, y que no es la primera vez que la sanidad pública contrata con empresas privadas determinados servicios.
R.- Pero no todos estos servicios y no de la forma en que lo hace ahora, con el contrato de Valdecilla. La informática no estaba privatizada, y es fundamental porque influye en la actividad diaria, los profesionales no usan el bolígrafo, usan el ordenador. Y no es lo mismo tener externalizados varios servicios con empresas diferentes y durante periodos cortos de tiempo, que todos los servicios con la misma empresa y durante veinte años. Es como estar pagando un alquiler en una vivienda y que el propietario te diga con quién contratas la luz, el agua, el teléfono, quién te limpia la casa… Y da igual que el precio de estos servicios en el mercado bajen, porque vas a pagar siempre lo mismo. En una externalización con un contrato a cuatro años, como se hacía hasta ahora, cuando vence se convoca un nuevo concurso público y tienes posibilidad de encontrar un proveedor que te dé mejor servicio, o mejor precio, o las dos cosas. Con este sistema no es posible. Insisto, ni todos estos servicios estaban externalizados, ni es lo mismo.

P.- La condición de inquilino se ha puesto a prueba con las deficiencias que han denunciado algunos trabajadores. ¿Pueden corregirse y, sobre todo, a quién corresponderá hacerlo?
R.- Hay dos tipos de deficiencias. Unas que fueron detectadas inmediatamente, en cuanto se hizo el traslado, por ejemplo la falta de salas para la reunión de médicos, que el área de farmacia no cumplía la normativa, que no estaba adecuadamente diseñada la zona de reproducción asistida… todo esto ha habido que reformarlo. Hemos encargado una auditoría para ver si eso es achacable al proyecto o a la empresa que ha entregado la obra, y de eso dependerá quién asumirá el coste de corregirlo. Ahora, a medida que van incorporándose los servicios, van surgiendo otras deficiencias, que son las que están poniendo de manifiesto los trabajadores. De nuevo son de dos tipos, unas muy claras que pueden arreglarse, y otras que tienen que ver con el diseño y que no pueden llamarse en realidad deficiencias. Si los pasillos son muy largos, por ejemplo. Quizá en ese diseño no se dio a los profesionales la participación que merecían, pero no se pueden considerar deficiencias como tal.

P.- En qué categoría entraría el problema de las habitaciones diseñadas como individuales, pero que son ocupadas por dos pacientes.
R.- En todos los hospitales hay tres tipos de habitaciones: individuales, dobles y habitaciones individuales de uso doble. Eso quiere decir que habitualmente están ocupadas por una persona pero tienen la estructura adecuada para acoger a un segundo paciente cuando las necesidades asistenciales así lo determinen. En Valdecilla esas habitaciones son de uso doble, no individuales, y siempre que sea necesario las utilizaremos como tales, porque entendemos que es mejor que ocupen una habitación en esas condiciones que no el estar 48 horas en un pasillo. En todo caso esas habitaciones individuales de uso doble son cuatro por planta como máximo.

P.- El problema sería que esas necesidades asistenciales que obligan a ocupar las dos plazas sean lo habitual, y no la excepción.
R.- La realidad es que los hospitales casi siempre están llenos, y a veces precisamente como resultado de mejorar la eficiencia de algunos servicios. Si disminuyes las listas de espera quirúrgicas, porque operas más, eso supone llevar más pacientes a las habitaciones. Esa es la realidad, pero todo dependerá de las necesidades de cada momento.

P.- Más allá de Valdecilla, ¿hay alguna actuación en materia de infraestructuras que le preocupe especialmente?
R.- En general, en Cantabria tenemos muy buenas infraestructuras sanitarias, tanto en atención primaria como hospitalaria, pero siempre hay algo que hacer. Hay que hacer un plan funcional en Sierrallana, que se ha quedado pequeño, fundamentalmente en toda la parte ambulatoria. En Laredo la mayor necesidad es una mejora de los quirófanos, que se han quedado obsoletos. Eso sería lo más importante.

P.- Teniendo en cuenta sus críticas al contrato público-privado de Valdecilla, uno puede pensar que no es especialmente favorable a los conciertos con la sanidad privada.
R.- No tiene nada que ver. Que aquel no sea nuestro modelo de gestión no quiere decir en absoluto que esté en contra de la colaboración público privada, que me parece necesaria y conveniente, y se viene dando desde hace mucho tiempo con excelentes resultados. Con Santa Clotilde, Padre Menni… existen muchos ejemplos de cómo esa colaboración puede hacer mejorar determinadas partes del sistema sanitario. Lo que yo defiendo es que el sistema sea público, universal y de gestión y financiación pública. A partir de ahí se puede colaborar allí donde se necesite.

P.- Ha mencionado ya las listas de espera. Por repetido, da la impresión de ser un problema sin solución.
R.- Cualquier consejero de Sanidad tiene las listas de espera como una obsesión, no solo por una razón de gestión, sino porque las listas las forman personas que están a la espera de una terapia para mejorar su salud. ¿Qué podemos hacer? En primer lugar gestionar la lista de espera, no puede haber pacientes graves en lista de espera, con problemas oncológicos, cardiovasculares… Nuestro objetivo es que no haya ninguna persona con más de doce meses en lista de espera, que ahora las hay, que la demora media no supere los 86 días y que la demora de los problemas oncológicos y cardiovasculares esté por debajo de los treinta días. Ese es nuestro objetivo. Además nuestro objetivo es que aquellas personas que estén pendientes de una prueba de confirmación de diagnóstico precoz tampoco tengan que esperar más de treinta días.

P.- ¿Pero eso cómo se consigue, y más en un contexto marcado por la escasez de recursos?
R.- Sobre todo con gestión, que la lista de espera no se mueva por criterios puramente cronológicos, que seamos capaces de priorizar a aquellos pacientes que están en alguna de las categorías que mencionaba anteriormente. También aumentando el rendimiento de los quirófanos. Acabamos de aprobar un plan que va dirigido a ese objetivo, para que fuera del horario habitual, y habiendo aumentado el rendimiento en horario normal, se pueda seguir trabajando. No es fácil, pero confiamos en conseguir esos objetivos de los que hablaba.

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