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Mecanor contra los elementos

La planta cántabra, fabricante de componentes de automoción en aluminio, vio hace un año comprometida su continuidad a causa de las inundaciones que anegaron la fábrica, en Ampuero. El compromiso de accionistas, trabajadores, proveedores y clientes ha sido clave para salvar el reto de la crecida del río y salir reforzados del trance, con nuevos proyectos en cartera que garantizan la carga de trabajo para los próximos cuatro años. En ese contexto, la venta de Bosch-Treto se contempla como una oportunidad para seguir creciendo, al incorporarse un nuevo operador con el que diversificar la cartera de clientes.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

Además de enfrentarse a los desafíos y requerimientos de un mercado tan competitivo como el de los componentes de automoción, la planta de Mecanor en Ampuero se vio obligada el pasado año a demostrar que podía caminar sobre las aguas. El desbordamiento del Asón anegó la fábrica y dejó parte de las máquinas casi dos metros por debajo del nivel que llegó a alcanzar el río, que al retirarse dejó aquello convertido en un lodazal y puso un interrogante sobre el futuro de la empresa. Sobre la mesa estaba la posibilidad de dar carpetazo a la historia de Mecanor en España –el grupo cuenta con fábricas en México y Rumanía, y tanto daba invertir aquí como allí– o apostar por la reconstrucción y poner las instalaciones en condiciones de responder a los clientes en unas pocas semanas, días en algún caso. Caminar sobre las aguas, en suma. Se sopesaron las opciones y se optó por la continuidad, una decisión en la que fueron claves el compromiso de accionistas, trabajadores, proveedores y clientes, y que pasado algo más de un año ofrece un balance esperanzador: aunque aún hay alguna máquina por llegar, la fábrica puede darse por reconstruida y está en condiciones de optar a nuevos contratos que afiancen su posición. Pero también hay algunas incertidumbres, las principales son las que se derivan del retraso en la llegada del préstamo prometido por el Gobierno de Cantabria para colaborar en la puesta en marcha de la planta tras la inundación. Sin esa cantidad –dos millones, de los que solo han llegado 950.000 euros– la capacidad para hacer frente a las inversiones que requieren los nuevos proyectos se ve muy comprometida.

Cuando el Asón se salió de su cauce, en la madrugada del sábado 31 de enero de 2015, Mecanor Ampuero comenzaba a encarar la salida de una situación que, unos años antes, también había puesto a la fábrica ante la peor de las perspectivas, aunque fuera en este caso por condicionantes que tenían que ver estrictamente con el mercado. El parón que el sector automovilístico sufrió a partir del verano de 2008 cogió a Bravo Enterprises –el grupo propietario de Mecanor, que tiene su sede también en Ampuero– tan desprevenida como al resto de la industria. Se cancelaron pedidos a uno y otro lado del Atlántico y las cuatro fábricas que tenía por entonces el holding –dos en España, en Madrid y Cantabria, la de México y la de Rumanía– se encontraron prácticamente paradas. El proceso de reestructuración que se acometió entonces llevó al cierre de la fábrica madrileña, precisamente aquella en la que nació el grupo, y a dejar Ampuero como único centro de producción en España. En la decisión pesó de forma determinante la cercanía de la planta a quien era –y sigue siendo, aunque en menor medida– uno de los principales clientes del grupo: la fábrica de Bosch en Treto.

Alfonso Bravo y José Manuel Ferrer, vicepresidente ejecutivo y presidente, respectivamente, de Bravo Enterprises, el grupo propietario de Mecanor.

Alfonso Bravo y José Manuel Ferrer, vicepresidente ejecutivo y presidente, respectivamente, de Bravo Enterprises, el grupo propietario de Mecanor.

Mecanor fabrica piezas de aluminio para automoción, en una gama compuesta por cuatro grandes familias: piezas para alternadores y motores de arranque (la más antigua, y la que sirve a Bosch-Treto); para dirección eléctrica; bombas y válvulas; y para electrónica y limpiaparabrisas. Todos son componentes que se montan en vehículos de prácticamente todas las marcas automovilísticas, pero no son estas el cliente de Mecanor, que  siempre sirve su producto a un fabricante que ocupa una posición intermedia, como el propio Bosch. En todo caso, la caída de las ventas de vehículos que se produjo con la llegada de la crisis supuso un pequeño terremoto para toda la cadena, del que se empezó a salir –a diferentes ritmos en cada una de las fábricas de Bravo Enterprises– a partir de los años 2012 y 2013, y de forma más clara en 2014. “Cuando más perceptible era la mejora es cuando llega la inundación”, resume Alfonso Bravo, vicepresidente ejecutivo del grupo.

Lo que se pone entonces sobre la mesa es la posibilidad de mantener en Ampuero la sede del grupo, los departamentos de I+D, y una mínima capacidad productiva para dar servicio a Bosch, llevando el resto de la producción a Rumania. “Honestamente, a mí me parecía una opción muy lógica, teniendo en cuenta dónde están nuestros clientes y el estado en el que había quedado la fábrica”, apunta José Manuel Ferrer, presidente de Bravo Enterprises. Con media planta bajo las aguas, incluida toda la maquinaria de fundición y buena parte de la de mecanizado, lo que había por delante equivalía, prácticamente, a poner en marcha una fábrica nueva: “Era así. El agua, y sobre todo el barro, destruye las máquinas y los circuitos, con lo que prácticamente había que partir de cero. Y en lo que tiene que ver con las instalaciones, costaba lo mismo partir de cero aquí o hacer la inversión en Rumanía. Es cierto que hay otro apartado muy importante, que son los trabajadores y el equipo humano que tenemos aquí. Encontrar trabajadores con esa formación en Rumanía no es sencillo. La decisión era difícil, sobre todo si tenemos en cuenta que el mercado español es el que menos estaba creciendo”.

Ahí es donde aparece el compromiso de todas las partes como factor decisivo para inclinar la balanza a favor de la continuidad. Porque lo que estaba por delante era la obligación de dar respuesta al mercado desde unas instalaciones prácticamente inutilizadas por el agua, y cumpliendo los plazos y estándares de calidad que exige el sector. La implicación y respuesta de los trabajadores fue, en palabras de los directivos de Bravo Enterprises, “increíble”. Eso hizo posible que en apenas unos días, la misma semana posterior a la inundación, se iniciara la producción en la parte menos afectada. Para que con esa mermada capacidad de producción pudieran atenderse los compromisos fue también decisivo el apoyo de proveedores y clientes. “Lo que acordaron fue adecuar sus programaciones de producción a nuestras propias programaciones, de manera que pudiéramos mandarles series más largas de aquellos productos que estábamos en mejores condiciones de servir, y dejar para más adelante aquello que no podíamos fabricar en ese momento. Su comportamiento fue estupendo. Ellos también tenían todas las dudas sobre la continuidad de la fábrica, pero apostaron por ella”, señala Alfonso Bravo.

Además de poner rápidamente en servicio aquella parte de la fábrica que se había visto menos afectada, para salir del paso se recurrió a externalizar parte de la producción. En Ampuero se funde y se mecanizan las piezas. La primera parte –la fundición, o inyección del aluminio– es relativamente sencilla de encargar a terceros: las máquinas que utilizan todos los fundidores son similares, y aceptan cualquier tipo de molde. Eso no sucede con el mecanizado, la tarea en la que se concentra en mayor valor añadido en una producción como la de Mecanor, en el que las máquinas y los utillajes son a medida, desarrollados por la empresa y parte de su ‘know-how’. Por suerte las líneas de mecanizado –que se sitúan en los pisos superiores de la planta– fueron las menos afectadas por la inundación.

El préstamo que no llega

“Si me preguntan ahora, ya con una cierta distancia, tengo que decir que 2015 fue un año complicadísimo, pero apasionante”, indica José Manuel Ferrer tras hacer un repaso del complicado proceso que supuso volver a poner en marcha la factoría,  que incluye lo dicho hasta aquí y también la negociación con el Consorcio de Compensación de Seguros, así como todas las decisiones que se tomaron en lo relativo a la sustitución de la maquinaria. La catástrofe sufrida obligó a adelantar inversiones, una moneda de dos caras que por un lado ha permitido renovar equipos pero, por otro, ha condicionado la capacidad financiera de la empresa. Es ahí donde la aportación del préstamo comprometido por el Gobierno de Cantabria –presidido entonces por Ignacio Diego– se considera decisiva. La empresa invirtió el pasado año 3,5 millones de euros en la adquisición de maquinaria, y tiene previsto destinar casi otros cuatro millones en máquinas que llegarán este año. Pero ahí no está incluida la inversión necesaria para realizar nuevos proyectos que ha ganado la planta, y para los que Alfonso Bravo considera imprescindible que llegue el millón de euros que resta del préstamo prometido en su día.

Lo que puede llamar la atención es que, más allá de esa circunstancia, los directivos de Bravo Enterprises coinciden en señalar que la planta de Ampuero ha salido reforzada de esta crisis, haciendo bueno aquello de que todo lo que no acaba contigo termina por hacerte más fuerte. Además de la obligada renovación de equipos, con la consiguiente modernización de la fábrica, Alfonso Bravo menciona el componente social como uno de los elementos que se ha puesto en valor tras las dificultades, y también el aspecto comercial: “Por aquí pasaron nuestros clientes, y los clientes de nuestros clientes: directivos de Porsche, o Volkswagen, que han visto lo que hemos sido capaces de hacer. De ahí han salido nuevos proyectos, y compromisos a largo plazo, que además pueden suponer abrir una línea nueva de producto. Creemos que eso puede garantizar nuestro futuro para los tres o cuatro próximos años”.

Bravo Enterprises cerró 2015 con unos ingresos de explotación que se movieron en el entorno de los 40 millones de euros, de los cuales algo menos de 25 correspondieron a la fábrica cántabra. Como referencia, las dos plantas que el grupo tenía en España en 2008 –antes del parón de la economía de aquel año– facturaban por entonces más de 30 millones de euros. El grupo prevé que el conjunto de las plantas facture unos 65 millones de euros de aquí a dos años, pero las previsiones son que la mayor parte del incremento en la cifra de negocio se produzca en los mercados que se atienden desde México y Rumanía. “Lo que tenemos que conseguir es crecer aquí, ese es el reto”.

El caso de Bosch Treto

Para alcanzar ese objetivo, el hecho de que la planta de Bosch en Treto esté en proceso de venta se contempla desde Ampuero como una oportunidad, no como una amenaza. Aunque sin alcanzar el peso que tuvo en otros tiempos, la empresa alemana es el principal cliente de Mecanor, y lo es un poco más tras la compra de ZF –para la que se fabrican en Cantabria piezas de la dirección eléctrica de los automóviles–por parte de Bosch. La venta de Treto supondría tener un nuevo cliente en cartera –la empresa que la compre– y reducir la dependencia de Bosch, algo que se ve con buenos ojos. Más allá de eso, los responsables de Mecanor consideran que el cambio de propietario de la fábrica de Treto supondrá también una oportunidad de aumentar las ventas para Mecanor Ampuero: “Para Bosch no es interesante concedernos nuevos proyectos, porque todos los clientes de este sector buscan no depender de un único proveedor, y nosotros ya hacemos muchas cosas con ellos. No sabemos quién será el nuevo propietario de la fábrica de Treto, pero sí que habrá más posibilidades de que nos lleguen más proyectos desde ahí. La segregación de la división de alternadores y motores de arranque de Bosch no nos preocupa lo más mínimo. Es una oportunidad, no una amenaza”, concluye José Manuel Ferrer.

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