Así consta en el Informe de la Inclusión Social 2008 de la Obra
Social de Caixa Catalunya, elaborado por un equipo de investigadores
del Instituto de Infancia y Mundo Urbano (CIIMU), dirigido por Pau
Marí-Klose, de la Universidad de Barcelona, y coordinado por la
directora del CIIMU, Carme Gómez-Granell.
Además, Cantabria (14,2%), Asturias (16,8%), Comunidad Valenciana
(16,8%), Aragón (17,2%) y Extremadura (17,4%), son los territorios que
presentan unos niveles de pobreza autonómicos más bajos.
Según las principales conclusiones que se desprenden del informe
de la Obra Social de Caixa Catalunya, existe una heterogeneidad
considerable en cuanto a cifras macroeconómicas por autonomías, así
como grandes diferencias en los ingresos equivalentes de los hogares de
las distintas comunidades.
Las comunidades de la Rioja (20,4%), Murcia (21,2%), Casilla León
(21,1%) y Canarias (20,3%), vivirían por encima del umbral de la
pobreza, superando incluso la media estatal que en 2006 hacía
referencia a un 19,9% de la población.
Atendiendo a la severidad de la pobreza, existen diferencias
considerables entre las distintas regiones del país. Mientras que
Castilla León y Extremadura presentan las tasas más altas (4,7% de la
población), La Rioja (con un 0,8%) cuenta con la tasa de pobreza severa
más baja de todo el país.
EDADES
El riesgo de exclusión económica se distribuye de forma desigual
a lo largo de la vida. Las situaciones de exclusión económica en
nuestro país se concentran en dos etapas vulnerables: infancia y
ancianidad, siendo los grupos que presentan las tasas de pobreza
moderada más altas (24 y 31% respectivamente).
Las formas de pobreza más intensa (pobreza alta y severa) son
mucho más habituales en la infancia. Así, examinando la pobreza severa
el Informe de la Obra Social de Caixa Catalunya destaca que las
personas que presentan un riesgo más alto de sufrir pobreza son los
menores de 16 años (5,4%).
Esta misma tendencia queda de manifiesto si se examina la pobreza
alta, donde el grupo de edad con un mayor riesgo de pobreza continúa
siendo el formado por los menores de 16 años (10,3%). Las tasas de
pobreza severa y alta de las personas mayores de 65 años son mucho más
bajas (se sitúan en el 1,9 y 7,5% respectivamente).
La vinculación del hogar con el mercado de trabajo y la
composición del hogar son dos de los principales factores que explican
los riesgos de pobreza infantil. Así, el riesgo de pobreza moderada de
los menores es mucho más elevado en los hogares en que sólo trabaja uno
de sus progenitores (34%) que en los hogares en que trabajan los dos
(8,6).
Los datos también corroboran la delicada situación económica de
los hogares monoparentales, especialmente si la madre no trabaja. El
52% de los niños que viven en un hogar monoparental donde la madre no
trabaja son pobres. Cuando la madre trabaja, la tasa de pobreza se
reduce al 27%, sólo ligeramente superior al riesgo de pobreza de la
población infantil en general.
El Informe también destaca los riesgos de exclusión económica que
afrontan los jóvenes en edad de emanciparse. Este riesgo se intensifica
debido a los elevados costes de la vivienda a los que deben hacer
frente para emanciparse.
El Informe presenta una simulación que calcula las tasas de
pobreza de las personas de 26 a 35 años que viven con sus padres si
optaran por emanciparse. El resultado de estos análisis revela que, si
abandonaran el hogar de sus padres, sus tasas de pobreza se situarían
muy por encima de la tasa media de pobreza del conjunto de la población
española.
INMIGRACIÓN
Los resultados del estudio evidencian que las condiciones de vida
de la población extranjera respecto a la autóctona constituyen uno de
los principales riesgos de fractura social.
En este sentido, el porcentaje de pobreza de las personas
inmigrantes es sensiblemente superior al de las personas nacidas en
España, en todas sus tipologías. Así, si la pobreza moderada alcanza al
17% de los hombres y al 21% de las mujeres nacidas en España.
Entre los nacidos fuera de la UE-25, la tasa de pobreza moderada
se sitúa en el 26% y el 24%, respectivamente. Por lo que respecta
a las tipologías más intensas de pobreza - alta y severa - la brecha
se incrementa aún más.
Así, el 6% de hombres de origen español y el 7% de mujeres sufren
pobreza alta; en el caso de las personas nacidas fuera de la UE, la
pobreza es el doble (12 y 14%, respectivamente).
Finalmente sufren pobreza severa un 3% de los autóctonos,
mientras que entre los nacidos fuera de la UE-25 esta ratio se triplica
(10%).
La situación económica es especialmente difícil para las familias
de origen inmigrante con menores dependientes. En torno a la mitad de
los menores de origen inmigrante viven en situación de pobreza moderada
(52%), proporción 2,5 veces superior a los menores pobres de origen
español. Entre los menores inmigrantes también son muy elevadas las
tasas de pobreza alta (32%) y severa (28%).
Finalmente, el Informe de la Inclusión Social en España 2008,
analiza el impacto de los sistemas de protección social de los Estados
sobre las situaciones de riesgo social.
Así, el Informe muestra la capacidad de los Estados europeos de
reducir la pobreza de dos grupos de edad (menores de 16 años y mayores
de 65) a través del esfuerzo público en dos momentos en el tiempo (1999
y 2006).
Los resultados ponen de manifiesto que España es el único país en
que, durante este período, empeora simultáneamente la capacidad para
reducir la pobreza en los dos grupos de edad, a pesar de que se ha
conseguido proteger las generaciones mayores de la posibilidad de
experimentar las formas más severas de pobreza.
El sistema público de bienestar en España muestra déficits
importantes en la protección social de menores, que explican en buena
medida que en nuestro país se registren las tasas de pobreza infantil
más altas del entorno europeo próximo (UE-15)
EXCLUSIÓN LABORAL
El Informe examina diversas formas de exclusión vinculadas a la
"baja calidad" del empleo, como son los trabajos de baja remuneración o
los empleos sujetos a modalidades de contratación temporal.
Entre los trabajadores asalariados que trabajan a tiempo
completo, la incidencia del empleo de baja remuneración es sobre todo
muy alta entre los trabajadores de 16 a 25 años (27%) y disminuye
drásticamente en etapas más avanzadas del ciclo vital.
Las diferencias según género, nivel educativo y lugar de
nacimiento son más reducidas, pero estadísticamente significativas. La
proporción de mujeres asalariadas que trabajan a tiempo completo con
empleos de baja remuneración (14%) dobla a la de los varones (7%).
Además del empleo de baja remuneración, otro de los factores de
exclusión laboral es la temporalidad del empleo. En igualdad de
condiciones, las mujeres con contrato temporal tienen salarios un 13%
inferior a las que tienen contrato indefinido; en el caso de los
hombres, el salario es un 14% inferior.