Campoberry abre caminos para el arándano
Gracias a un modelo de negocio similar al de una cooperativa, Campoberry ha logrado convertirse en el principal productor de arándano ecológico de España y en una de las referencias del sector en Europa. Con 24 hectáreas de plantaciones repartidas por todo el norte del país, la firma dará salida a unos 50.000 kilos de la cotizada baya a lo largo de este año, casi un 300% más que en 2013.
Texto de Jesús García-Bermejo Hidalgo @chusgbh Fotos de Nacho Cubero
Publicado en julio de 2014
El arándano es una baya perteneciente a la familia de las ericáceas que posee vitaminas A, B3, B5, C, E, calcio, magnesio, hierro, fósforo, potasio, selenio, sodio, yodo… De hecho, destaca por sus cualidades hipocalóricas, antioxidantes, nutritivas y medicinales, siendo parte importante de numerosos antibióticos y de medicamentos para combatir cuadros diarreicos o patologías de la visión. Sin embargo, y a pesar de todas sus propiedades, esta fruta del bosque apenas es consumida en España, mientras que en Suiza, Francia, Austria, Reino Unido, Holanda o Alemania su demanda no para de crecer. Esto hace que en nuestro país no abunden las firmas dedicadas a su cultivo, aunque desde 2008 Cantabria cuenta con una compañía especializada en la producción de arándano ecológico, Campoberry, sociedad que, gracias a un modelo de negocio similar al de una cooperativa, ha logrado cultivar más de 60 hectáreas de la cotizada baya por todo el norte del país y que este año dará salida a unos 50.000 kilogramos de la misma.
Promoviendo el asociacionismo
La empresa se compone de cuatro socios, aunque son Juan Rueda y Eduardo López los encargados del funcionamiento diario y de la gestión de la firma. En cualquier caso, resulta especialmente llamativo que ninguno de ellos tuviese experiencia en el campo agrícola o fuese conocedor de las particularidades y cuidados necesarios para el cultivo del arándano antes de apostar por un proyecto tan complejo y particular. Y es que, según reconoce uno de los fundadores, fue el enorme nicho de mercado existente lo que les animó a dar el paso. “Nos percatamos que en España no había nadie que estuviese produciendo arándano ecológico, dado que en Huelva, que es donde se concentran casi la totalidad de firmas dedicadas a ello con más de 1.000 hectáreas cultivadas, solo se oferta la variedad convencional –asegura Juan Rueda–. Con un producto mucho más natural y con la demanda que existe del mismo en toda Europa entendíamos que, si lográbamos controlar el proceso para obtener las máximas calidades, no tendríamos problemas para hacernos con una buena posición en el mercado, como así ha sido”.

Juan Rueda y Eduardo López, promotores de Campoberry
Así, tras dos años en los que su labor se centró en la preparación de los terrenos con los que cuentan en Güemes y en su cuidado para el posterior cultivo, puesto que las plantaciones de arándanos tardan unos dos años en dar frutos y hasta la sexta temporada no alcanzan su máximo de producción, en 2011 Campoberry inició la comercialización de su propio arándano ecológico. Hoy, cuatro años después, suman más 24 hectáreas dedicadas a esta baya de sabor agridulce, aunque solo 10 de ellas son de su propiedad, puesto que la firma, y he aquí una de sus principales rasgos diferenciadores, dispone de una amplia red de asociados repartidos por todo el norte de España, incluyendo Cantabria, País Vasco, Asturias y Galicia.
Y es que, la compañía ha desarrollado un programa tipo llave en mano por el que, a un importe que ronda los 32.000 euros la hectárea –a razón de 4.140 plantas–, ofrece a terceros la posibilidad de transformar sus fincas y adaptarlas para el cultivo de arándano ecológico, una labor en la que se incluye la delimitación de la parcela, la preparación del terreno, el sistema de riego, la instalación de los caballones… “El cliente no tiene que preocuparse por nada, puesto que dejamos todo listo para la explotación en sí. Además, es importante destacar que existen ayudas del Gobierno regional para este tipo de proyectos que rondan los 24.000 euros por hectárea, por lo que, a cambio de una inversión mínima se puede tener acceso a un mercado enorme”, apunta Eduardo López.
A partir de ahí, es el propio usuario el que debe decidir si finaliza en ese momento la relación comercial con Campoberry o si desea integrarse en su nómina de socios. En este último caso, el particular solo tendría que seguir las indicaciones de los técnicos de la firma para el cuidado de la plantación, puesto que es la propia compañía la que se ocupa de la compra en conjunto de todos lo necesario, como semillas, abonos o envases, para así obtener mejores condiciones de los proveedores. Del mismo modo, será Campoberry quien se encargue de agrupar y organizar la producción de todos los asociados para su salida al mercado, lo que facilita la comercialización a precios mucho más competitivos. “No somos simples intermediarios, puesto que no compramos los arándanos a estos particulares para luego venderlos a un importe superior. En este esquema cada asociado obtiene lo que le correspondería según el número de kilos aportados, cuantía a la que hay que restarle un 6% que Campoberry percibe por las gestiones comerciales –afirma Juan Rueda–. Al margen de esto, solo se cobra al colaborador por aquellos trabajos que él mismo no esté dispuesto a realizar, ya sea la recolección manual del producto, su envasado o el mantenimiento y cuidado de la instalación”.
Con este modelo de negocio la empresa gestionada por Juan Rueda y Eduardo López logró producir unos 16.000 kilogramos de arándano ecológico en 2013, cifra que en esta temporada se elevará hasta los 50.000 kilos una vez finalizada la recolección, la cual tiene lugar de junio a septiembre. De esa cuantía, cerca del 96% se comercializará en el mercado europeo, con especial protagonismo de países como Alemania, Suiza, Austria, Francia y Reino Unido, frente al escaso 4% destinado a nuestro país, fundamentalmente a zonas frecuentadas por turistas extranjeros. De hecho, según aseguran los socios y fundadores de la firma cántabra, a día de hoy ya han logrado conformar una cartera de 22 clientes fijos, empresas entre las que se encuentran varias de Huelva, las cuales se nutren del arándano de Campoberry una vez se agota su producto.
Además, para completar su oferta, la sociedad con sede en Güemes dispone de tres hectáreas en Meruelo en las que cultivan unos 10.000 kilos de fresas, así como 2.000 de mora y frambuesa; 14.000 kilos anuales que se distribuyen entre comercios, intermediarios y grandes superficies de Cantabria, áreas de negocio no abiertas a asociados. En cualquier caso, no hay duda del papel protagonista que desempeña el arándano en el proyecto de Campoberry, no en vano su precio en el mercado mayorista ronda los 8,25 euros el kilo, importe que para el cliente final puede elevarse hasta los 25 euros.
Crecimiento exponencial
No son pocas las dificultades a las que estos emprendedores han tenido que enfrentarse para que la compañía agrícola cántabra haya llegado a convertirse en uno de los principales productores europeos de arándano ecológico.
Por un lado, las particularidades del producto en sí requieren una coordinación máxima en los tiempos y un trabajo exhaustivo en cada una de las etapas. Así, durante el año las fincas han de atenderse y cuidarse y deben de realizarse labores de siega, podado, abonado y riego. Sin embargo, la fase más compleja es la de recolección, la cual ha de realizarse manualmente y con gran pulcritud, puesto que el arándano solo puede recogerse cuando el fruto está maduro, único momento en el que es apto para su consumo. “A lo largo del año, Juan, dos técnicos y yo realizamos todo el trabajo, aunque para la recolección solemos incorporar a unas 40 personas, a las que hay que sumar a 6 ó 7 más que se encargan de la inspección y selección de los arándanos para su posterior envasado –cuenta Eduardo López–. De esta forma, las bayas que no cuentan con el aspecto y las condiciones necesarias para ser consumidas en fresco, se destinan a la elaboración de zumos y mermeladas ecológicas”.
A continuación, llega el momento del almacenado y transporte del producto, para lo que, según cuentan ambos emprendedores, es fundamental un refrigerado prácticamente inmediato. De hecho, si se respeta la cadena de frío, este fruto del bosque puede aguantar hasta 21 días en perfecto estado, motivo por el que la firma cántabra se vio obligada a adquirir una cámara frigorífica y por el que la logística ha de realizarse con camiones equipados adecuadamente.
Pero, más allá del dominio de todo el proceso productivo, la otra gran dificultad para Campoberry ha radicado en la obtención de los permisos necesarios para la comercialización de su arándano ecológico en los distintos puntos de Europa a los que se dirige. De esta forma, y gracias al asesoramiento y gestiones de las firmas Bureau Veritas y CAT SL, la compañía cántabra cuenta con el certificado europeo Global GAP, el de productor ecológico, el sello de Calidad Controlada (CC) emitido por el Gobierno de Cantabria, amén de otros específicos de distintos países, como el Grasp o el Bio Suisse, exigidos en uno de los principales destinos comerciales de la firma, Suiza.
Hasta la fecha, los cuatro socios que encabezan este proyecto han tenido que asumir una inversión superior a los 500.000 euros, una cifra que puede parecer elevada para un proyecto agrícola, pero no por ello difícil de rentabilizar. De hecho, según asegura Juan Rueda, desde 2011, primer año en el que estos emprendedores pudieron recoger el arándano, Campoberry ha ido incrementando su producción y facturaciones en una media del 100% anual. “Inicialmente, las explotaciones rinden a unos 1.000 kilos por hectárea, y eso va aumentando casi exponencialmente cada temporada hasta el sexto año, momento en el que se alcanza el máximo de producción. Teniendo en cuenta la amplísima demanda de arándano ecológico que existe en toda Europa, las características del clima de Cantabria, idóneas para el cultivo de este tipo de baya, y que poseemos muchas instalaciones que están aún por el segundo, tercer o cuarto año desde que se pusieron en marcha, desconocemos dónde puede estar nuestro techo. Es más, casi preferimos no fijarnos una meta, porque cuando comenzamos el proyecto ya lo hicimos y nos quedamos excesivamente cortos. Y todo sin olvidar que cada ejercicio logramos incorporar a nuevos asociados, factores más que sobrados como para encarar el futuro con optimismo”.