Iñaki Calvo, director general de SEG Automotive y presidente del Grupo de Iniciativas Regionales de Automoción (GIRA, el clúster que agrupa a los fabricantes cántabros de componentes para el automóvil) repasa en esta entrevista la actualidad de un sector que, según explica, atraviesa por un momento de especial incertidumbre. Asegura que el mayor riesgo de cierres en la industria se cierne sobre las pymes que no pueden trasladar a sus clientes los incrementos de costes energéticos; sostiene que Europa vive un momento dulce para tratar de reindustrializarse y reducir su dependencia de los países asiáticos y afirma que el vehículo eléctrico no tiene, al menos de momento, el recorrido que se esperaba. A su juicio, el pack ideal en el tránsito hacia el vehículo verde es un híbrido no enchufable de 48 voltios, con motor de combustión interna diésel y combustibles sintéticos.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Marzo 2023

Pregunta.– Atesora cerca de tres décadas de experiencia en el sector de la automoción. ¿Alguna vez había vivido tiempos tan convulsos?
Respuesta.– La verdad es que solo recuerdo cuando en octubre de 2008, con motivo de la crisis financiera, sufrimos un mes dramático con caída de miles de pedidos de clientes de una semana para otra. Entonces tuvimos que tirar de la flexibilidad que teníamos en la fábrica, pero ni siquiera eso fue suficiente y tuvimos que tomar más medidas. La verdad es que desde la pandemia la coyuntura ha sido complicada. La salida a esta crisis sanitaria fue diferente en cada continente, por lo que la situación de los contenedores variaba de un sitio a otro: en unos estaban de vuelta y en otros llenos esperando a que se reactivaran los sectores. A partir de ahí, se disparó el precio de los fletes y el de las materias primas, en un principio del acero con el cierre de varias fábricas en China, lo que provocó un efecto dominó que terminó afectando a otras materias primas hasta que llegamos a agosto de 2021, con la crisis de los semiconductores, en que nos dimos cuenta de que la situación se agravaría aún más que en el primer año del covid, como así fue. De hecho, las ventas de coches en Europa el pasado año fueron inferiores a las de 2020. Hemos llegado así a este año, donde la guerra de Ucrania y el tema de los costes y suministros energéticos ha desajustado toda la economía mundial. De ahí que posiblemente 2022 sea, en cuanto a cifras de ventas en Europa, peor incluso que 2021.

P.– Una tormenta perfecta –incremento de los costes logísticos, energéticos y de materias primas, a los que hay añadir los problemas de suministro– a la que aún no se le atisba el final. ¿O sí?
R.– Ahora mismo no veo el final. Aquí se mezclan varias cuestiones. Una vez que se superen los problemas en las cadenas de abastecimiento lo próximo que toca es salvar la situación de incertidumbre del mercado, que en gran medida parte de los propios usuarios finales del vehículo que no saben qué comprar. Por tanto, en el sector del automóvil, además del problema de suministros, tenemos nuestra propia tormenta perfecta provocada por la política europea y nacional de maldecir el diésel y el vehículo de combustión interna.

P.– Diferentes empresas y plantas de la región han vuelto a anunciar parones en su producción por culpa del elevado precio de la energía. ¿Hay riesgo cierto de cierres en la industria?
R.– Para mí el riesgo más importante es el cierre de las pequeñas y medianas empresas por no poder trasladar a sus clientes finales los incrementos de costes. Ese es el gran riesgo. Además, con toda la política anunciando en 2035 el fin del motor de combustión interna si, como nos ocurre en esta fábrica, te dedicas realmente a este tipo de motores, va a haber una competitividad terrible en todos los proveedores de piezas. Y cuando digo terrible es que solo van a sobrevivir unos pocos. Solo quedará un proveedor para cada pieza porque no habrá demanda para más.

P.– La excesiva dependencia de materias primas procedentes de China ha dejado en evidencia las debilidades del sector productivo europeo. ¿Es el pecado de la globalización?  ¿Europa necesita reindustrializarse?
R.– Sí. Hemos aprendido pocas lecciones con la pandemia. Si hay algo que ha quedado claro tras esta crisis es el proceso de desindustrialización y la alta dependencia que tenemos del mercado asiático y en especial de China. Nosotros somos, en este sentido, unos sufridores natos. Ahora, sin embargo, estamos en un momento dulce para cambiar esta tendencia y realmente volver a traer las plantas de producción a Europa. Hay dos factores importantes que juegan a nuestro favor. De un lado, el incremento de los fletes marítimos; de otro, la caída del euro frente al dólar –la mayoría de los contratos con los proveedores de Asia están firmados en la moneda norteamericana–. Estas dos condiciones pueden ayudarnos a compensar los mayores costes laborales que existen en Europa. En nuestra fábrica, por ejemplo, el 60 por ciento de los materiales proceden de China. Creo que algo se está haciendo, pero no al ritmo que yo esperaba.

P.– El 2,7% de los automóviles que circulan por España cuentan con la etiqueta Eco, según datos de la patronal Anfac. ¿Vamos bien o demasiados lentos?
R.– Si además de los eléctricos puros se suman los híbridos, le diría que vamos lentos porque nosotros somos fabricantes de equipos híbridos no enchufables en 48 voltios para todos los grandes fabricantes de Europa. Se ha promovido poco y, además, hay poca información.

Iñaki Calvo, junto a la directora de NMS, Ixone Busturia; el alcalde de Bárcena de Cicero, Gumersindo Ranero y el consejero de Industria, Javier López Marcano, durante la visita de este último a la fábrica de SEG Automotive en Treto para presentar el proyecto de fabricación de componentes para motos eléctricas.

Curiosamente, los ciudadanos no distinguen entre los diferentes tipos de hibridación. Este es uno de los principales problemas al que nos enfrentamos en el mercado español y europeo. Si vas a adquirir un coche, casi tienes que hacer un máster porque no sabes si vas a comprar un híbrido no enchufable de 12 voltios o de 48, un híbrido enchufable o un híbrido Toyota, por ejemplo. Si me pregunta cuál es la tecnología a corto y medio plazo más eficiente para reducir los niveles de emisiones, le diría que la mejor opción es el híbrido no enchufable de 48 voltios y con combustibles sintéticos libres de NO2 y bajos en CO2. Ese sería para mí el ideal para el periodo de transición hasta el coche verde completamente eléctrico, que ahora mismo no considero sea una alternativa en la mayoría de los casos. Sigue siendo un coche de ciudad, con escasez de puntos de recarga y con tiempos de recarga altos. Además, existe una incertidumbre en el precio del kilovatio que hace que el coche eléctrico no tenga, al menos a corto plazo, el recorrido que se esperaba y espera el Gobierno, a pesar de todos los incentivos que está dando. Hay una frase de un periodista español, que es cierta, que dice que el motor de diésel es el motor de cuco. Una de las máquinas más perfectas que existen es el motor diésel. Además, es del orden del 10% más eficiente que un motor de gasolina. Su problema son los óxidos de nitrógeno. Por eso, los combustibles sintéticos deberían ayudarnos en este tema. Creo que los niveles de consumos en un motor diésel con adblue –para reducir las emisiones de NO2– y de tecnología híbrida no enchufable serían realmente aceptables para un periodo de transición. 

P.– El Gobierno y la mayoría de fabricantes llevan años apostando por la electrificación del parque automovilístico. ¿El precio y la menor capacidad de renta de los españoles siguen siendo los principales frenos para su expansión o hay otros?
R.– Bueno, ya le he comentado antes algunos de los problemas a los que se enfrenta el coche eléctrico. Pero es cierto que, para el mismo tamaño, el coche eléctrico es más caro que el de combustión interna. Y eso a pesar de que tiene muchas menos piezas. ¿Es realmente el futuro? Pues depende de cuándo sea el futuro. Es verdad que tiene una serie de prestaciones mejores que el de combustión, pero no lo veo tan a corto plazo como lo ve la Unión Europea.

P.– Hasta ahora, la hibridación se ha demostrado como un buen paso en esa obligada transición hacia un vehículo menos contaminante. Los coches híbridos, ¿tienen aún larga vida por delante?
R.– En la categoría de los híbridos no enchufables, sí creo que tienen aún recorrido. Pero si me habla de los híbridos enchufables, que son en los que piensa todo el mundo, existe una nueva normativa europea sobre emisiones más estricta –LWTB– que hace que no sean ya tan beneficiosos. Si yo estuviera en la UE, mi pack sería un coche híbrido no enchufable de 48 voltios, con motor de combustión interna diésel y combustibles sintéticos.

P.– Hay quien considera que la nueva movilidad a medio plazo descansará en mayor medida en el coche de hidrógeno, un material muy abundante en el planeta. ¿Lo comparte?
R.– Bueno, hay dos cuestiones previas. Está claro que el hidrógeno es uno de los combustibles más extendidos por el planeta. Pero hay que tener en cuenta que cuando hablamos de hidrógeno verde es un proceso muy ineficiente, porque al final es una electrolisis, que es de baja eficiencia. Con todo, es cierto que puede ser un combustible alternativo. De hecho, ya hay coches que circulan con hidrógeno. Pero no podemos olvidar que llevan un recipiente a muchos, muchos bares de presión. Y si hay un accidente podría ser un gran problema, aunque creo que el hombre será capaz de superar estas cuestiones.

P.– El coche 100% ecológico no existe. ¿Hay alguna tecnología o nuevos materiales que puedan poner en entredicho esta afirmación?
R.– Si hablamos de reutilización o recuperación de todos los materiales que lleva un coche, ya hay varias iniciativas de economía circular para recuperar los vehículos antiguos y volver a ponerlos en la calle. Lo que no tengo claro es si, cuando hablamos de estos proyectos, se va a tratar el tema de emisiones. Porque no tendría sentido que con estas iniciativas mantuviéramos los actuales niveles de emisiones. Al final, creo que se va poder reciclar un alto porcentaje de los materiales usados. El reciclaje es una opción.

P.– ¿Cómo diría que está posicionado el sector de componentes de automoción de Cantabria para esa transición hacia el vehículo eléctrico, al hidrógeno o, en general, hacia las tecnologías alternativas al motor de combustión?
R.– En GIRA estamos adoptando líneas de trabajo para ser ‘mobility solutions’. Hay que cambiar el concepto del automóvil y las empresas que nos dedicábamos al automóvil nos tenemos que dedicar a la movilidad. ¿Qué diferencia hay? Hasta ahora hacíamos componentes de vehículos –las partes físicas y tangibles, que generalmente son mecánicos– y a partir de ahora los vehículos tienen componentes diferentes de la mecánica para resolver cuestiones como la conectividad. El gran cambio y el gran reto para el sector en Cantabria es ese: empezar a hablar de movilidad y no de automoción. Y para ello deberemos implicar al resto de agentes, como la Universidad de Cantabria, para potenciar las nuevas tecnologías de ‘software’ y ‘hardware’.

Iñaki Calvo , durante la entrevista.

P.– En este sentido, ¿cómo valora la importancia –o dependencia– que para el sector de componentes de automoción tiene una empresa como SEG Automotive, que ha sido el tradicional motor para numerosos proveedores de la región?
R.– Si hablamos a nivel de Cantabria, la influencia de SEG Automotive no solo se mide en términos de PIB regional –espera cerrar el año en torno a los 370 millones de euros de facturación– o de ocupación directa –emplea a unos 720 trabajadores–, sino sobre todo por el efecto tractor que ejerce en nuevas tecnologías en desarrollo. Esta fábrica lleva ya tres años trabajando para implantar ese salto del que antes hablaba de la automoción hacia la movilidad. Un ejemplo es la centralita de control del vehículo, presentada hace una semanas. Pero no nos quedamos ahí. En esta movilidad nueva que viene también hablamos de la bicicleta eléctrica. Tenemos ya un motor de bicicleta eléctrica, pero solo es un paso más. Por lo tanto, el efecto para el resto de las empresas de Cantabria es ese: tirar de las necesidades que tengamos en temas como el ‘software’ o el hardware. Queremos llevar la iniciativa y ver las sinergias que existen dentro de GIRA para desarrollar los nuevos procesos para estas nuevas necesidades de movilidad. Y tenemos una ventaja muy clara frente a otros clúster de España: ningún miembro es competencia de otro.

P.– El Grupo de Iniciativas Regional de Automoción (GIRA) se ha demostrado fundamental para participar o promover proyectos colaborativos más ambiciosos, incluso más allá de nuestras fronteras. ¿Satisfecho de los resultados cosechados hasta la fecha?
R.– Sí. Pero lo nuevo que tenemos en mente es mucho más ambicioso en cuanto a tener proyectos en común. Todo lo que desde SEG Automotive podamos dar al tejido industrial cántabro, se lo vamos a dar.

P.– La automoción tiene un gran peso específico dentro del PIB industrial de Cantabria. Pese a ello, no existe un centro de I+D exclusivo dedicado al sector, tal y como reclaman ustedes.  ¿Es esta una de nuestras mayores debilidades?
R.– No, no lo considero una debilidad. Está el Centro Tecnológico CTC y la Universidad de Cantabria, con los que colaboramos habitualmente. Sí es verdad que hay institutos como Tecnalia, en Vizcaya, pero no creo que todos los territorios tengamos que tener un centro de estas características. Lo que hay que hacer es colaborar más entre ellos y especializarse mucho más.

P.– Las principales industrias de la región, como la propia SEG Automotive, son multinacionales que dependen de decisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia. ¿Cómo se convive con eso?
R.– En nuestro caso, la reciente huelga del metal en Cantabria ha supuesto un gran problema y ha tenido un indudable impacto a nivel reputacional con clientes internacionales muy importantes. Que el sector esté parado 21 días supone una clara pérdida de imagen y de competitividad, no solo económica. Pese a ello, lo que sí es cierto, y así nos lo reconocen, es que esta fábrica de Treto es un centro de conocimiento. Sesenta años de fábrica avalan que somos un centro de ‘know how’ importante.

P.– De otro lado, actores destacados de la industria regional señalan que las necesidades más urgentes del sector industrial pasan por superar la falta de personal cualificado; mejorar la competitividad en temas como la conectividad, infraestructuras o el precio de la energía; generar nuevas oportunidades, promoviendo el emprendimiento o incluso la simplificación administrativa; y facilitar que la industria tradicional y las empresas que ya están consolidadas ganen en tamaño. ¿Es también el caso de la automoción?
R.– Diría que en este sector no sufrimos la falta de conocimiento. De hecho, hemos hecho retención de talento y hemos conseguido que trabajadores cántabros cualificados que estaban en Madrid o Barcelona retornen a Cantabria. De lo que más me quejaría es del precio de la energía. Incluso antes de la actual situación ya era un problema. Es sin duda un tema que deberíamos solucionar. Además, creo que la reforma laboral ha supuesto la pérdida de flexibilidad laboral que siempre hemos necesitado en un sector como la automoción.

Álvaro Herrero, presidente de la Comisión de Industria de la Cámara de Comercio de Cantabria, cree que la industria cántabra necesita superar cuanto antes la falta de personal cualificado, mejorar su competitividad, generar nuevas oportunidades y facilitar que las empresas ya consolidadas ganen en tamaño. El también director de proyectos de automoción de Industrias Jacinto Herrero reclama una estrategia energética de país y aboga por reforzar la indispensable colaboración publico-privada para superar los problemas que pueden impedir a España y Cantabria aprovechar la ola reindustrializadora que augura para Europa.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Junio 2022

Tras poco más de un año al frente de la Comisión de Industria de la Cámara de Comercio de Cantabria, Álvaro Herrero sostiene que la industria cántabra necesita superar cuanto antes la falta de personal cualificado, mejorar su competitividad, generar nuevas oportunidades y facilitar que las empresas ya consolidadas ganen en tamaño. Convencido de que Europa va a vivir un movimiento de reindustrialización que puede beneficiar al sector, apela a crear suelo industrial a precios competitivos y apuesta por la implantación de la tecnología 5G. El también director de proyectos de automoción de Industrias Jacinto Herrero teme que lo peor del incremento de los precios de la energía y del gas aún esté por llegar, por lo que reclama una estrategia energética de país, aboga por reforzar la indispensable colaboración publico-privada y defiende que los fondos europeos son la gran oportunidad para garantizar el futuro industrial en la región.

Pregunta.– Algunos expertos opinan que la industria en Cantabria está perdiendo protagonismo. ¿Comparte esta visión?
Respuesta.– Sí. De todas formas, se trata de una cuestión general de la economía española. El peso de la industria nacional está yendo a menos y no lo logro entender. Porque el sector industrial es una fuente de empleo estable y cualificado y una vía de solución a los problemas que tenemos. En el caso de Cantabria, donde la pérdida de PIB industrial es más acusada, confío en que, al ser una comunidad pequeña, cualquier proyecto que surja tenga un impacto positivo a corto plazo.

P.– ¿Cuáles son, a su juicio, las necesidades más urgentes a las que se enfrenta el sector industrial en la región?
R.– Para mí hay cuatro cuestiones básicas: la falta de personal cualificado, tanto de FP como universitario; mejorar la competitividad industrial en temas como conectividad, infraestructuras o precio de la energía; generar nuevas oportunidades, facilitando el emprendimiento o incluso la simplificación administrativa; y facilitar que la industria tradicional y las empresas que ya estamos consolidadas ganen en tamaño, ya sea mediante suelo industrial o la transformación digital de las compañías. Estos son, a mi juicio, los cuatros pilares o focos en los que deberíamos volcar nuestros esfuerzos

P.– ¿En qué sectores industriales cuenta Cantabria con mayor potencial de desarrollo y crecimiento?
R.– Creo que estamos en un momento clave en el que se va a producir un movimiento de reindustrialización en Europa a todas las escalas. Hemos vivido situaciones de incertidumbre, paradas de producción y muchos problemas que han sacado a la luz que igual nos hemos pasado de frenada en la globalización. Y que en ocasiones se pone en riego las cadenas de suministros. Por eso, estimo que va a haber una relocalización de las industrias estratégicas y eso nos va a beneficiar. Yo le puedo hablar de mi sector, el de automoción, que tiene un importante peso específico en la industria de Cantabria y que, además es tractor de otras industrias, como las TIC. Creo que va a haber un crecimiento de las industrias que ya estamos aquí.

P.– ¿El polígono de La Pasiega está llamado a marcar un antes y un después en el desarrollo industrial de Cantabria?
R.– La Pasiega será bueno para Cantabria en tanto pueda ser un proyecto estratégico en la actividad portuaria y logística de la región. Pero decir que va a haber un antes y un después me parece un poco exagerado.

P.– En este sentido, ¿hasta qué punto la falta de disponibilidad de suelo industrial representa un problema que condiciona las posibilidades de crecimiento y supervivencia de la industria de Cantabria?
R.– Lo es. Hay un déficit importante de suelo industrial en Cantabria. Estamos en una posición de desventaja competitiva con relación a las comunidades limítrofes. Por ejemplo, el precio del metro cuadrado en Burgos está en torno a los 40 euros; en Vitoria, alrededor de los 65 euros; y en Aguilar de Campoo prácticamente te ponen el suelo gratis. En Cantabria, sin embargo, el precio está entre los 100 y 120 euros el metro cuadrado. ¿Puede ser factible aprovechar los terrenos de Sniace o la ampliación del polígono industrial de Guarnizo, que es otra de las posibilidades que se están planteando? Sí, siempre y cuando sea a un precio competitivo. Si no, perderemos la oportunidad porque hay muchas empresas que no pueden acometer esas inversiones para crecer.

P– ¿La mejora de las infraestructuras de comunicaciones sigue siendo una asignatura pendiente en el desarrollo industrial de Cantabria?
R.– Va a ser una ventaja competitiva en el futuro. Hablamos tanto de las digitales como de las físicas. En las digitales, creo que tenemos que hacer una apuesta firme por la implantación de la tecnología 5G en Cantabria, que va a ser una ventaja competitiva a nivel industrial. En cuanto a las físicas no debemos perder la oportunidad del corredor del Atlántico, por lo menos conectarnos de alguna manera con Bilbao y de ahí con el resto. Además, contamos con un buen puerto y un buen aeropuerto.

P.– El elevado coste de la energía y del gas ha comprometido durante los últimos meses la actividad de no pocas empresas, algunas de las cuales se han visto obligadas a modular sus producciones. ¿Se está recuperando la normalidad?
R.– No. Es más, creo que aún puede venir épocas peores. Al final, Europa tiene una dependencia energética muy fuerte del gas ruso. Y ahora mismo la estrategia europea pasa por buscar fuentes alternativas, que no es fácil. Eso va a requerir de tiempo y probablemente haya problemas para ajustar la demanda, lo que provocará picos de precios que nos van a seguir afectando. Esto no es cosa de unas semanas o meses. Mi empresa no es electro intensiva, por lo que no tengo mucha más información, pero creo que aún queda tiempo por delante hasta que se normalice la situación.

P.– ¿La eficiencia energética en las pymes y grandes empresas industriales ha dejado de ser una opción para convertirse en una obligación?
R.– Ya lo era antes de que se registraran los picos en los precios de la energía. La industria en general lleva ya tiempo apostando por proyectos de ahorro energético y autoconsumo. Lo que ocurre es que en 2020 el precio del kilovatio hora en Alemania estaba a la mitad que en España. Frente a eso, no existe estrategia de eficiencia que lo equilibre. Lo que falta realmente es una estrategia energética a nivel país.

P.– El sector de las tecnologías de información y las comunicaciones (TIC) cántabro es estratégico por su capacidad de innovación y desarrollo de nuevos productos y funcionalidades con aplicaciones en multitud de sectores productivos, incluidos la automoción o la economía circular. ¿Lo suscribe?
R.– Sí, por supuesto. Es un sector muy transversal que ayuda no solo al industrial sino también al de servicios e incluso al sector primario. Sin duda va a ser un generador y palanca de nuevas oportunidades y de nuevos empleos.

P.– ¿Cree que el futuro industrial de la región a medio plazo descansará en gran parte en la economía azul?
R.– Como región tenemos que estar abiertos a cualquier innovación industrial que se pueda producir, máxime cuando contamos con recursos que pueden ser potencialmente buenos para ello. Pero creo que también hay que seguir poniendo el foco en la industria tradicional, que es la que actualmente está sustentando toda la actividad industrial. No podemos perder el foco de lo que actualmente está dando riqueza a la región. Obviamente hay que apoyar todas las iniciativas, pero creo que ambas son necesarias y complementarias entre sí.

P.– ¿Los fondos europeos dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia son la gran oportunidad para la reindustrialización de Cantabria?
R.– Son la gran oportunidad. De hecho, creo que en los próximos tres años nos jugamos el futuro de los siguientes veinte de Cantabria. Por tanto, pongámonos a trabajar conjuntamente –empresas, administraciones, instituciones y sociedad– y eficientemente para hacer las cosas bien en estos tres años porque luego ya no valdrá lamentarse. Tenemos que intentar sacar el máximo provecho a estos fondos, porque si no lo va a hacer el de al lado. Aquí la diferencia va a estar en llegar al sitio en el que tenemos que estar antes que los demás.

Álvaro Herrero, en la sede de la Cámara de Comercio de Cantabria, en Santander.P.– La colaboración público-privada, ¿atraviesa un buen momento?
R.– Independientemente de que pase o no por un buen momento, lo que está claro es que no tenemos otra posibilidad. Decía antes que nos la jugamos en estos próximos tres años. Viene un tiempo de trabajo conjunto y de colaboración público-privada muy intensivo. Lo que le puedo decir es que desde esta Comisión estamos dispuestos a trabajar desinteresadamente y de un modo muy comprometido por la región en proyectos ilusionantes y que sean tractores. El que no esté dispuesto a colaborar, lo mejor que puede hacer es apartarse y no molestar.

P.– Hay quien critica que Cantabria en una comunidad poco acostumbrada a grandes colaboraciones y que históricamente su tejido empresarial se ha caracterizado más por el individualismo que por el asociacionismo. ¿Seguimos igual o las cosas están cambiando?
R.– Mi experiencia durante el último año en esta Comisión es que tanto la Cámara de Comercio como CEOE o la Asociación Cántabra de la Empresa Familiar (Acefam) estamos alineados, con una sintonía muy buena y trabajando con mucha responsabilidad para que todos los proyectos que se están poniendo en marcha en la Cantabria lleguen a buen puerto. Y le pongo un ejemplo: el proyecto de simplificación administrativa. Las tres organizaciones nos hemos puestos a disposición del Gobierno regional para ayudarle en esta tarea. En este sentido, creo que se está trabajando muy bien en el día a día. Al final, no dejamos de ser una comunidad autónoma pequeña en la que todos compartimos casi siempre los mismos intereses. Lo mejor, por tanto, es sumar fuerzas.

P.– Otro mal endémico es la falta de personal cualificado para la industria y la adecuación de la FP a las necesidades de la empresa. ¿Qué espera del reciente anuncio de Pedro Sánchez de destinar 1.238 millones de euros a la modernización de este tipo de estudios?
R.– Que generen el impacto necesario. Eso es lo único que le pido. Hay un 30% de paro juvenil y hay un 20% de puestos vacantes en las empresas porque no encontramos los profesionales necesarios para cubrirlos. Esto es una distorsión del mercado laboral que no tienen ningún sentido. En los países de la Unión Europea en los que la FP Dual está muy implantada el paro juvenil no llega al 10%. Es la solución. Además, la FP Dual es compatible con una universidad potente, pero ambas se tienen que basar en la excelencia y en buscar la empleabilidad de sus alumnos. Es tan importante que salgan buenos universitarios como buenos profesionales de la FP. Pero de esta situación también tenemos culpa las familias porque creíamos que esta opción formativa no era digna para nuestros hijos.

P.– La anunciada huelga indefinida a partir del 2 de junio en el sector del metal, que afecta a más de 20.000 trabajadores, augura una vuelta a la conflictividad laboral en Cantabria ¿Teme que este conflicto suponga el principio del fin de la paz social?
R.– Estamos en un proceso de reindustrialización de Europa y va a ver oportunidades para todos, también para Cantabria. Por ejemplo, no hay semana en mi compañía en la que no se esté ofertando un proyecto que está fuera y que se quiere traer para Europa o a España. Estamos en un momento en el que debemos actuar con responsabilidad y ser conscientes de que en España y en Cantabria tenemos un problema de productividad industrial, que ha bajado siete puntos en un año. Mientras que en el resto de la UE ya están en niveles de productividad previos a la crisis, aquí aún no los hemos alcanzado. Esto nos deja en una posición de clara desventaja frente a nuestros competidores. Que planteemos en este escenario una revisión salarial es normal, pero también deberíamos intentar entre todos aumentar los niveles de productividad porque, de lo contrario, este aumento salarial no se sustenta en el largo plazo. La productividad en España se ha visto muy afectada porque, sobre todo a raíz de la pandemia, la generación de empleo ha sido en su mayoría público, pero apenas ha habido empleo privado. Y eso, evidentemente, afecta a la productividad

Agustín Valcarce, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, defiende desde hace ocho años los intereses del sector eólico en Cantabria, convencido de que la energía del viento es la única oportunidad que tiene la región para iniciar su propia transición energética, toda vez que la solar y la eólica marina plantean muchas más dificultades.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Julio 2022

Pregunta.– ¿Qué pasa con la energía eólica en Cantabria, que tras más de veinte años de intentos sigue a la cola de España en la implantación de esta tecnología?
Respuesta.– Bueno, lo cierto es que Cantabria tiene sus peculiaridades y aquí el desarrollo eólico siempre ha sido un tema polémico y con mucha contestación incluso entre los propios partidos políticos de la región, que no terminan de ponerse de acuerdo sobre qué modelo energético quieren para la comunidad autónoma. Es curioso porque somos una comunidad con escaso aprovechamiento de la energía solar fotovoltaica; no tenemos grandes parques solares. Es muy difícil hacer hidráulica ya nueva y la eólica era casi la única salida natural en una región que además dispone de este recurso. Tenemos 35 MW instalados comparados con los más de 1.000 que tiene Burgos, los 3.000 de Galicia, Navarra, País Vasco, Asturias… Todos los territorios limítrofes, siendo igualmente montañosos, tienen bastantes más megavatios instalados que Cantabria.

P.– Se queja de que seguimos perdiendo un tiempo precioso. ¿Hay riesgo de que lleguemos ya demasiado tarde?
R.– Nunca es tarde. Todos tenemos que apostar por la generación de energía limpia y sostenible. Además, la UE está continuamente aumentando los objetivos en este sentido para todos los países. Dicho esto, Cantabria ha perdido muchas oportunidades de sumarse al tren de desarrollo eólico y de atraer inversiones, digamos colaterales con esta tecnología.

P.– ¿De quién es la culpa de este retraso?
R.– Está claro que cuando los tribunales anularon el plan eólico es porque no se hizo como debía. Pero tampoco Cantabria ha sido un lugar atractivo para las empresas, que han preferido irse a otras comunidades en las que les resultaba más fácil desarrollar un proyecto. Todo es relativo. También se han registrado muchos cambios normativos. Aquí contábamos con una pequeña ventaja, que era la evacuación de la energía que no tenían otras regiones, y pese a ello no lo hemos sabido aprovechar.

P.– ¿A qué achaca el fuerte rechazo que esta energía despierta entre la población?
R.– Hay mucha falta de información veraz. Realmente en Cantabria han tomado la iniciativa los contrarios a la energía eólica, que en las redes sociales y los medios de comunicación han dibujado de forma intensiva un panorama que no se corresponde con la foto de lo que hay ni de lo que va a haber. Estamos a la cola de España en desarrollo eólico y la tramitación de los proyectos no va a ser todo lo exitosa que desearían los promotores, sino más bien lo contrario. Se sabe que los técnicos y las autoridades ambientales de la región son muy, muy conservadores en cuanto a nuevos proyectos, con lo cual va a ser muy difícil que Cantabria remotamente se acerque al escenario que presentan los anti eólicos, no digo los ecologistas.

P.– Defiende que, en el corto plazo, la eólica terrestre es la única que tiene una oportunidad viable de desarrollo respecto a otras energías renovables, como la fotovoltaica o la eólica marina. ¿Está convencido de que es la mejor opción que tiene Cantabria para iniciar su propia transición energética?
R. Desde luego. Más aún cuando la implantación de la solar, que tiene que hacerse, va a ser fundamentalmente por la vía del autoconsumo, pero será muy difícil ver grandes instalaciones fotovoltaicas en la región porque tenemos muchísimas menos horas de radiación solar que otras comunidades y es lógico, por tanto, que los proyectos vayan a zonas más viables. En cuanto a la eólica marina, es complicado porque se trata de una tecnología bastante más cara a la que, en nuestro caso, hay que añadir el problema de la existencia de una plataforma continental profunda que requiere de sistemas de anclaje muy caros. No dejaría de ser curioso iniciar este aprovechamiento sin haberlo hecho antes con lo que tenemos en tierra, que es lo más viable. De hecho, todas las regiones están aprovechando los recursos terrestres para después empezar a estudiar el litoral.

P.– Sin embargo, el Gobierno regional ya ha declarado que casi el 94 % del suelo cántabro no va a ser apto para instalaciones eólicas. ¿Encuentra justificada esta limitación?
R.– Es que más del 70% del territorio ya tiene figuras de protección, sean reservas, parques nacionales, naturales… Ya partimos por tanto de un porcentaje muy alto. Si luego le añadimos otros factores paisajísticos, culturales, orográficos o del propio viento, porque no todos los lugares sirven, entonces nos vamos a estos valores tan elevados de protección que realmente en otras comunidades no existen. Viniendo de donde venimos, lo que ha quedado sí parece razonable, aunque llama la atención tanto territorio protegido.

P.– Este mapa de exclusión eólica plantea, según expuso recientemente en el Parlamento el consejero de Obras Públicas, Ordenación del Territorio y Urbanismo, José Luis Gochicoa, que solo se podrían instalar aerogeneradores cerca de El Escudo, en zonas altas del Besaya y al sur del pantano del Ebro, aunque esto no quiere decir que necesariamente sea así ya que, puntualizó, cada parque deberá seguir con su correspondiente tramitación urbanística y ambiental. ¿Precisamente ahí –en la lentitud de la tramitación– está el principal problema?
R.– La lentitud es un factor clave. Por cuestiones del propio Ministerio, que impuso unos hitos que los promotores estaban obligados a cumplir si no querían perder los avales depositados, todos los proyectos se han tenido que tramitar al mismo tiempo. Y la Administración dispone de los recursos y los medios humanos de los que dispone. De ahí que la tramitación esté resultando más lenta de lo que los promotores quisieran. Son proyectos que, sobre todo en su parte ambiental, requiere de unos análisis muy rigurosos, y eso lleva su tiempo. Al margen de la exposición pública, en la que han recibido cientos de alegaciones que hay que tramitar y contestar.

P.– Sostiene que el desarrollo eólico es sinónimo de desarrollo rural y una herramienta para combatir el despoblamiento. ¿Son ustedes los únicos que lo ven así?
R.– Supongo que no, pero a estas alturas, el desarrollo eólico tiene que ser desarrollo rural e implicar al territorio en el que se asienta. Volvemos a la necesidad de explicar bien los proyectos y que el mensaje llegue a sus destinatarios. La realidad es que en España hay más de 1.200 parques eólicos en más de 800 municipios y no se ha visto despoblamiento en ninguno de ellos. Todo lo contrario, donde existe un parque eólico hay recursos económicos. Mientras no se demuestre lo contrario, el desarrollo rural y fijar población en municipios aislados requiere de inversión.

Agustín Valcarce, presidente de la Asociación Eólica de Cantabria.

P.– ¿Echa de menos una mayor voluntad de entendimiento entre las partes afectadas –administraciones implicadas, empresas promotoras y habitantes del territorio–?
R.– Nosotros hemos encajado hasta con deportividad el papel de malos de la película. Hemos ido a todos los foros a los que nos han invitado a participar. Incluso dentro de la Asociación hay promotores que tienen puntos de vista diferentes sobre cómo enfocar el negocio y entrar en una comunidad como Cantabria. Lo que ocurre es que lo peor que hace uno, se lo achacan a todos. Y cuando delante tienes personas que lo que quieren es que no haya absolutamente nada en la región, la verdad es que entonces no queda mucho margen de maniobra para alcanzar consensos. Nuestro papel es el de intentar presentar proyectos que sean técnica, medioambiental y económicamente viables. La Administración, por su parte, debe velar por que se cumpla la legislación vigente. Luego, hay mucha parte de la población que quiere que se hagan proyectos que respeten al máximo el entorno, y otro sector, que es el que hace más ruido, que no quiere nada en Cantabria y que se haga en otras comunidades, pero no aquí. Realmente, en las propias juntas vecinales se quejan en ocasiones de que las personas más reacias a este desarrollo ni siquiera son vecinos empadronados. Es curioso. Si hablamos de representatividad, muchas veces no la tienen quienes más salen en los medios de comunicación.

P.– Ya que lo cita, las plataformas en contra del desarrollo eólico en Cantabria han convocado una gran manifestación este 25 de junio en Santander para expresar su rechazo a estos proyectos que tildan de faraónicos y que afirman destruirán el paisaje de la comunidad y la vida en las zonas rurales. ¿Teme que la sociedad cántabra pueda secundar mayoritariamente estos argumentos?
R.– Sinceramente, no. Si preguntas, hay un consenso unánime sobre la necesidad de apostar por las energías limpias, por frenar el cambio climático y nuestra dependencia del gas ruso y argelino y de todo aquello que no seamos capaces de producir. Hablamos de producción local, sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Entonces, ¿qué quiere la industria y el usuario de Cantabria? Energía limpia y barata. Seguramente no quiere que se hagan las cosas mal. Pero eso no lo quiere ni la sociedad, ni los promotores, ni el Gobierno. Si opinara cada cántabro, seguramente no llevaríamos muchas sorpresas. Si se hacen las cosas bien, que se pueden hacer, ¿por qué no vamos a tener aquí un desarrollo eólico como tienen otras comunidades que suponga creación de empleo y actividad económica?

P.– Hasta la fecha, la única referencia eólica en Cantabria es el parque de Cañoneras, en Soba, sobre el que la asociación que usted preside ha llevado a cabo un estudio para conocer cómo ha afectado a la actividad turística y ganadera de la comarca. ¿A qué conclusiones ha llegado este trabajo?
R.– Más que un estudio, lo que hemos tenido es mucho contacto con los representantes municipales. La conclusión, según nos trasladan, es que la aceptación en Soba es de más del 90%; que la convivencia con la ganadería es estupenda en cuanto a compartir las infraestructuras de acceso; y en materia turística nos comentan que desde 2010 han abierto más de quince establecimientos relacionados con la hostelería. Lo que nos piden a los promotores es que ampliemos o que hagamos más parques en el municipio. Todos los años, el ayuntamiento y las juntas vecinales se reparten del orden de 300.000 euros en concepto de alquileres de locales y pagos de impuestos, cuya mayor parte se destina a la mejora de infraestructuras y abastecimientos. Además, los ganaderos de la zona disfrutan del agua más barata de la región. Después de tantos años, se caen todos los argumentos negativos que pesan sobre los aerogeneradores y queda patente que sin recursos económicos es muy difícil fijar población y mantener servicios.

P.– Prevé que a principios de 2023 finalice la construcción del parque eólico de El Escudo. ¿Mantienen estos plazos?
R.– Sí. Se está trabajando para que sea así, aunque cuesta mucho porque son varias las administraciones implicadas. Es muy complicado dar una fecha más concreta, pero en 2023 tiene que estar en marcha.

P.– ¿Será el primer paso para una electricidad más barata?
R.– Una de las medidas sociales del parque es la implantación en los cuatro municipios afectados de una tarifa reducida para los vecinos. En general, este tipo de proyectos favorecen precios de la energía más baratos. De hecho, nadie discute ya que cada vez que sopla el viento, la tarifa eléctrica baja y se consigue una energía más limpia.

P.– Recientemente se ha hablado del hallazgo de restos arqueológicos de un castillo y un campamento romanos en plena Sierra del Escudo. De confirmarse este extremo, ¿podría suponer la paralización del parque eólico de El Escudo?
R.– Este informe de un arqueólogo se ha puesto en conocimiento de la Administración, que nos ha pedido que, en las prospecciones arqueológicas a las que estamos obligados, incluyamos esta serie de indicios para comprobar su veracidad y si realmente son restos arqueológicos, qué valor tienen y cuál es su estado de conservación para proponer en su caso las medidas que sean pertinentes. De confirmarse, lo que haría la Consejería es establecer medidas de conservación, como ha hecho con los demás restos arqueológicos de la zona. Tendría lógicamente una afección, como no puede ser de otra manera, porque primaría la protección arqueológica y el parque se redimensionaría para no afectar a estos restos. De todas maneras, el propio autor del estudio reconoce que los restos no son tan claros como en otras ocasiones. Ahora los promotores están llevando a cabo unos estudios y se van a hacer campañas de prospección geofísica y con drones para identificar esos posibles restos. Y si es un elemento que se tiene que conservar, se conservará y se implementarán las medidas necesarias para ello.

P.– El proyecto de ampliación de la central de bombeo de San Miguel de Aguayo, ¿cree que podría generar un ecosistema favorable para el desarrollo eólico?
R.– Bueno, para Cantabria y para el sistema eléctrico español el proyecto de Aguayo de llevarse a cabo sería un proyecto estupendo. Porque realmente uno de los problemas que tenemos con las energías renovables es la falta de regulación. Podríamos decir que este proyecto es una gran batería de acumulación de energía porque toda esa agua que bombeamos al embalse superior luego la podemos usar en el momento que queramos. ¿Cuál es el problema? Si esa energía la bombeas al embalse superior con energía producida con fuentes fósiles, poco avanzamos. Lo que necesitamos por tanto son fuentes limpias para hacer ese bombeo y poder así cerrar el ciclo.

P.– Entre los objetivos de los famosos Fondos Europeos de Recuperación está favorecer la transición energética. ¿En qué medida las empresas del sector renovable están pudiendo utilizar esos recursos para este fin y qué repercusión pueden tener de cara al futuro?
R.– En concreto, de los proyectos eólicos presentados en Cantabria ninguno lleva aparejados fondos europeos. Esto es una de las ‘mentirijillas’ que dicen los anti eólicos. Todos estas financiados por el promotor o por entidades financieras sin necesidad de recursos públicos. Hay que recordar, además, que estos parques ya van a mercado por lo que no reciben ningún tipo de prima ni de subvención como ocurría hace quince años. Si los proyectos son viables, no necesitan de ayudas públicas, que muchas veces van destinadas a aquellos otros que precisamente tienen algún problema de viabilidad. Entiendo que estas ayudas europeas van más destinadas a proyectos de transformación del modelo energético y de investigación y desarrollo, que sí tienen más sentido, como pueden ser fabricar turbinas más eficientes o conseguir mejoras tecnológicas.

Tras algo más de un año al frente de la Cámara de Comercio de Torrelavega, este consultor de empresas que fuera vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios aspira a cumplir tres objetivos: favorecer la reconversión industrial, fomentar la atracción de empresas a la comarca y afrontar la transformación digital del comercio. En su repaso a la situación económica y social, Carlos Augusto Carrasco aplaude la creación del Clúster de la industria del Besaya, defiende la necesidad de impulsar el espíritu emprendedor, aboga por crear suelo industrial sostenible y reclama una mayor descentralización administrativa.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Mayo 2022

Pregunta.– Desde que Fernández Rincón dejara el cargo en 2018, la Cámara ha visto desfilar a varios presidentes en muy poco tiempo. ¿Decidido a romper esa dinámica?
Respuesta.– Sí, claro. Lógicamente. Cuando Quintanilla [su predecesor en el cargo] toma la decisión de dimitir a finales de enero de 2021, ya teníamos claro que queríamos lograr una continuidad. A raíz de la pandemia, estamos viviendo años muy complicados, sobre todo por cuestiones empresariales. No podemos olvidar que aquí estamos en representación de empresas. Por tanto, cuando dejas esa empresa, automáticamente dejas de representarla ante esta institución cameral.

Carlos Augusto Carrasco, en el salón de actos de la Cámara de Comercio de Torrelavega, de la que es presidente.

P.– Tras algo más de un año en el cargo, ¿qué lectura hace de la actual situación económica de la comarca del Besaya?
R.– No nos podemos engañar. A nadie se le escapa el declive industrial y comercial que sufre la comarca. Llevamos años, desde 2017, oyendo la necesidad de que la comarca sea declarada como zona de urgente reindustrialización. Veníamos de una crisis económica aún no superada que la pandemia del coronavirus no ha hecho sino acrecentar, aumentado aún más las dificultades que ya soportaban las empresas, comercios y ciudadanos. A esta difícil situación se ha sumado el incremento de los costes energéticos de los últimos meses. Pero si algo tenemos claro es que, pese a los problemas, de esta crisis saldremos más fortalecidos. Vamos a salir con líderes más resilientes.

P.– En el caso de instituciones camerales pequeñas como la que usted preside, ¿hay vida más allá de las subvenciones?
R.– Hay vida y debería haberla habido desde 2014, cuando se eliminó la obligación de pagar la cuota cameral. Pero no podemos obviar que las cámaras viven en gran medida de las subvenciones de la Cámara de España y de las ayudas autonómicas. Con todo, creo que la conversión para ofrecer servicios del siglo XXI debería haberse afrontado de forma más acelerada. Pero para eso necesitamos herramientas más acordes a los tiempos actuales. En estos tres últimos años hemos hecho mucho hincapié en la digitalización para intentar alcanzar ese cambio acelerado que estimo tan necesario. La supervivencia de la Cámara descansa en dotar al entorno empresarial de esas herramientas que les permitan contribuir al desarrollo económico y social de la comarca. Hasta ahora se había hecho mucho en temas de emprendimiento pero no tanto en digitalización y reconversión industrial. Debemos ser capaces de llegar a todo los confines del entramado empresarial, al tiempo que generamos sinergias con otras cámaras de comercio y atraemos inversiones al Besaya. Pero tenemos cierto retraso en cuanto a reformas y medidas que ahora estamos intentando superar teniendo muy presente cuáles son los tres verdaderos objetivos de la Cámara: favorecer la reconversión industrial, fomentar la atracción de empresas a la comarca y afrontar la transformación digital del comercio acompasada a todo el sector del retail, que no podemos olvidar que cuenta con perfil de edad avanzada.

P.– Sostiene que la colaboración público-privada va en el ADN de las cámaras de comercio a las que, además, reserva un papel crucial en las ayudas de los fondos europeos. ¿Si no existieran, habría que inventarlas?
R.– Sí. O buscar una entidad que tuviera una forma jurídica similar. ¿Por qué? Porque cuando hablamos de los fondos europeos, lo que más preocupa es disponer de entes intermedios cercanos al tejido empresarial, pero que sean considerados objetivos. En esta asunto vamos a jugar un papel central como entidad semipública y con amplia experiencia en gestión de fondos.

P.– ¿Cómo califica su relación con el Ayuntamiento?
R.– La verdad es que buena. La posición de la Cámara es la de una organización asesora de la administraciones. En este sentido lo tenemos muy claro y siempre buscado esa colaboración, tanto con el Gobierno de Cantabria como con el Ayuntamiento de Torrelavega. Hemos colaborado activamente con el Consistorio para conseguir el crecimiento social de la ciudad y la comarca.

P.– Cantabria es una comunidad con escasa vocación de asociacionismo empresarial. ¿Lo suscribe?
R.– No del todo. Habría que distinguir por sectores. A nivel industrial existen organizaciones como la CEOE-Cepyme. De igual modo que dentro del sector comercial existen diversas asociaciones, mayoritariamente de ámbito local. Si en algún sector hemos tenido carencia es más a nivel empresarial. De ahí, la creación del Clúster Industrial de Besaya, que creo se ha convertido en una herramienta fundamental en los últimos años.

El presidente de la Cámara de Comercio y del Clúster de la Industria del Besaya, en un momento de la entrevista.

P.– Ya que lo cita, su institución impulsó a mediados de 2020 la creación del Clúster de la Industria del Besaya (Cinbesa), que usted también preside, con el objetivo de mejorar la reindustrialización, internacionalización e innovación en la comarca y ser germen de un cambio productivo en Cantabria. ¿Está más cerca o lejos de conseguirlo de lo que pensaba?
R.– Lógicamente es un objetivo que se diseña con una perspectiva a medio y largo plazo. No es una meta que se pueda conseguir de hoy para mañana. A mí en este caso me importa más el trabajo entre bambalinas que su trascendencia pública. Y no cabe duda de que el hecho de que hayan calificado al clúster de agrupación de interés económico nos permitirá atraer más fondos. Si miramos hacia atrás, podemos ver que la declaración de zona de urgente reindustrialización se ha quedado en agua de borrajas. Creo que hacía falta un ente que aglutinara a las grandes empresas de la comarca y también a las pymes del Besaya, que en muchos casos han sido olvidadas, han sufrido mucho y las que en mayor medida han ido despareciendo. Cuando se apostó por ser zona de urgente reindustrialización, la comarca no estaba en condiciones de afrontar más endeudamiento. Vivimos que otras comarcas deprimidas de España conseguían fondos de 18 millones de euros. Pero también que contaban con un clúster empresarial. Entonces decidimos hacer lo propio y crear uno en la comarca del Besaya.

P.– Espacio Emprendedores arranca de nuevo como un proyecto que anuncia más ambicioso para guiar a los futuros empresarios en todas las fases de creación y puesta en marcha de nuevas iniciativas. ¿Qué espera conseguir?
R.– El objetivo prioritario es el impulso del espíritu emprendedor. Queremos focalizar todo el entramado empresarial en la Cámara. Una cosa que tenemos muy clara es que el relevo generacional necesita de nuevos emprendedores que gocen de un espacio adecuado para iniciar su aventura. Queremos dar a esta iniciativa una vuelta de tuerca más porque las dificultades con las que se van a encontrar en su andadura profesional no solo van a ser a nivel empresarial. Los primeros meses de vida de un proyecto son claves para determinar su éxito o fracaso. Y para fortalecer las posibilidades de éxito en esos primeros meses, que son cruciales, es fundamental que cuenten con el acompañamiento de mentores. Pero además faltaba otra parte fundamental: la formación. Ahora van a disponer de ellas y en las distintas áreas empresariales porque en muchos casos se tratan de autónomos que van a tener que afrontar ellos solos todas las parcelas de dirección comercial, ventas, marketing, financiero…

P.– Hay quien sostiene que el edificio de la sede cameral está infrautilizado. ¿Alguna idea para que deje de estarlo?
R.– Sí, sí. Precisamente hace unos semanas lanzamos la idea del Espacio Coworking Torrelavega. Se trata de un espacio de 500 metros cuadrados capaz de dar cabida a quince proyectos emprendedores que durante un año podrán estar bajo el paraguas cameral.

P.– Muchos opinan que el comercio local languidece pese a los planes e iniciativas para promover su digitalización, mejorar la competitividad y fomentar el relevo generacional. ¿Hay motivos para creer en la remontada?
R.– Como dije antes, no podemos abocar el éxito del comercio, o que tenga la relevancia de antaño, basándonos solo en la digitalización. Somos conscientes de que la transformación del comercio tiene que ir muchísimo más allá. Un aspecto es sin duda la digitalización, pero otro es comprender al nuevo usuario, al nuevo cliente. La compra es cada vez más experiencial. Así lo señalan los expertos del retail, que apuntan a que el futuro descansará en la capacidad del comerciante de dar un trato personalizado y que la compra también lo sea. Que el cliente diseñe su propia compra. Hay que ajustar el producto a las demandas del cliente. Tenemos que volver a los orígenes del comercio, que muchos aún lo tienen presente, que es lo que va seguir marcando las diferencias con las ventas ‘online’, pero sin que eso suponga perder de vista la tienda virtual. En este sentido, me siento esperanzado. En estos últimos tres años hemos visto que por muchas herramientas digitales que pongamos a su disposición también hace falta un cambio de mentalidad del comerciante y del empresario. Y estamos empezando a percibir ese cambio de mentalidad.

P.– La Administración y el sector privado coinciden en que la falta de suelo industrial disponible es el principal hándicap de Torrelavega para su desarrollo empresarial. ¿Usted también?
R.– Sí. Lo cierto es que en Torrelavega, cuando hablamos de la necesidad de suelo industrial, los ritmos no han ido acompasados a la realidad. Seguimos teniendo necesidades de suelo porque hay grandes empresas que no tienen más posibilidades de crecimiento en la propia ciudad viéndose abocadas a irse fuera. Creo que las administraciones, por encima de todo, pero también teniendo en cuenta la colaboración público-privada, deben afrontar estos cambios y las necesidades de suelo industrial. Pese a La Pasiega, uno de los grandes proyectos del Gobierno autonómico, no podemos obviar que en Torrelavega todavía estamos a medio camino de satisfacer esas necesidades. Es verdad que nos anuncian nuevos proyectos de suelo industrial, pero es cierto que este proceso debería haberse acelerado hace años. Por otro lado, cuando en Europa se habla de suelo industrial, se habla de las nuevas necesidades de suelo industrial. Debemos ser conscientes de que los nuevos polígonos industriales deben ser inteligentes y sostenibles capaces de producir su propia energía. Si afrontamos nuevos proyectos, debe ser bajo esas premisas. Esa es al menos nuestra esperanza para no seguir acumulando retraso y evitar que otras zonas nos ganen la partida.

P.– Sniace afronta la recta final para su liquidación. ¿Qué conclusiones extrae de esta muerte anunciada hace ya más de dos años?
R.– En el tema de Sniace las expectativas eran por desgracia muy negativas. A pesar de que era como un final anunciado, creo que desde un punto de vista de colaboración público-privada se podían haber hecho muchas más cosas para que precisamente ese no fuera su final. Hemos visto que cuando se inicia el proceso de liquidación es cuando ha salido algún que otro proyecto interesante para ese suelo industrial. Es decir, esos terrenos sí que parece que despiertan interés, si bien el mayor problema son las licencias. Creo que, entre las diferentes administraciones e instituciones, e incluso desde la red de contactos de los propios empresarios cántabros, o quizá si hubiera existido un clúster como el de Cinbesa, podríamos haber conseguido de forma conjunta algo mejor. Con todo, en la Cámara somos positivos en cuanto a que la liquidación tenga buen fin para que de este proceso salga un proyecto más interesante a medio y largo plazo para la comarca del Besaya. Somos conscientes de que hay proyectos e inversores interesados y nuestra esperanza respecto de los administradores es que este proceso llegue a buen puerto y el final de Sniace sea un nuevo comienzo.

P.– La futura rehabilitación de La Lechera como nuevo centro artístico y cultural abrirá sin duda nuevas oportunidades de negocio en la ciudad y su comarca. ¿Torrelavega puede aspirar a ser un foco de atracción cultural?
R.– Sí. Creo que a Torrelavega se le ha denostado durante los últimos años respecto a algunos proyectos, como pudo ser incluso el del Mupac. Se ha hablado mucho de Torrelavega como un nuevo ejemplo de descentralización administrativa, pero tampoco ha sucedido. Todos somos conscientes del declive industrial y de los problemas de la comarca, pero parece ser que a la hora de afrontar nuevos proyectos muchas veces no se piensa en Torrelavega como destino. Creo que tenemos instalaciones e infraestructuras en la ciudad para acoger esos nuevos emplazamientos culturales y artísticos, pero también de la propia Administración. Este cambio es necesario y más ahora que Torrelavega corre el peligro de perder los 50.000 habitantes. Pero para eso necesitamos una implicación real por parte del Gobierno autonómico.

P.– El Gobierno de España parece decidido a terminar con el tradicional centralismo. ¿Seria deseable que también lo hiciera el Ejecutivo regional?
R.– Cuando se habla de descentralización hay un aspecto que diferencia a Torrelavega de Santander: el ámbito rural. Estamos hablando de la necesidad de frenar el despoblamiento y desarrollar un medio rural inteligente. En este aspecto, creo que Torrelavega podría tener un papel fundamental, incluso desde el punto de vista de la Administración. En su momento, desde la Cámara ya trasladamos al Ejecutivo cántabro la posibilidad de crear una oficina de atención al medio rural que impulsara a afianzar esa transformación hacia un medio rural inteligente. En la pandemia hemos visto la importancia del sector primario. Y en la comarca existen empresas, como puede ser Aspla, que tiene una importancia muy relevante en el sector agroalimentario. Y creo que junto a la Administración podríamos hacer proyectos interesantes y llegar a acuerdos con la Consejería para que, por ejemplo, descentralizara la Dirección General de Medio Rural o que se buscara alguna entidad, dentro del ámbito público, que enlazara con esos lazos estrechos que la ciudad de Torrelavega tiene con el medio rural.

P.–¿Es posible una Torrelavega sin sus referentes industriales de Solvay, Sniace o el Grupo Armando Álvarez?
R.– No. Somos conscientes de que son grandes empresas con un histórico en la comarca. Ahora vemos los problemas a los que se enfrentan, que por lo general llevan aparejados grandes inversiones, aunque en algunos casos, como es de Solvay, sus órganos de decisión no están en Cantabria. Estamos hablando de proyectos, como es el de descarbonización de esta planta, de muchos millones de euros para que estos grupos industriales puedan mantener su actividad en la zona. En este sentido, Solvay empieza ya a considerar urgente un apoyo a nivel nacional, al igual que ha ocurrido en otros países. Somos conscientes de que a nivel autonómico se ha hecho, dentro de lo posible, ese apoyo para hacer llegar al Gobierno de España esta necesidad, pero parece que estamos un poco vendidos y a la espera de que el Ejecutivo central tome una decisión al respecto. A esto se ha ido sumando el incremento de los costes energéticos. Por eso, entiendo que la colaboración público-privada debe ser no solo necesaria, sino articularse con rapidez. Vivimos un tiempo muy complicado y por desgracia vamos a vivir unos años muy difíciles en sectores, como el industrial, en el que las necesidades van a ser acuciantes para no perder tejido productivo y para que los órganos decisorios de estas empresas vean un apoyo verdadero por parte de la Administración, pero también por parte de las propias organizaciones empresariales.

P.–¿Será 2022 el año de la recuperación económica de la comarca del Besaya?
R.– Derivado precisamente de todos estos problemas a los que aludía, empezamos a oír hablar de la estanflación como un peligro factible a nivel nacional. ¿Lo vemos nosotros así? Cuando se habla de estanflación, la mayoría de los economistas hablan de distintas fases, que creo es la perspectiva más acertada. La estanflación no es negro o blanco. Creo que ahora mismo a nivel nacional estaríamos en fase tres, con un crecimiento del PIB del entorno del 5%, una inflación del 7% y un paro muy elevado. Pero estos no son los datos a nivel regional. En Cantabria, el crecimiento es del 2,8, no del 5%. Con esta tasa, para no entrar en estanflación la inflación no debería llegar al 10%. El peligro es que, si la guerra de Ucrania se prolonga mucho en el tiempo, sí corremos el riesgo de llegar a ese 10%, más aún si el Gobierno de España no acomete reformas estructurales que son necesarias, como por ejemplo la bajada de impuestos a las empresas. Cuanto más nos alejemos de ese 10% de inflación, menor será el peligro de que comarcas como la del Besaya lleguen a no tener crecimiento económico. Y crecer es, precisamente, el objetivo que nos hemos marcado desde la Cámara en conjunción con las Administraciones.

Es la primera decana del recién creado Colegio de Periodistas de Cantabria, una entidad que convivirá con la veterana Asociación de Periodistas y que compartirá con esta buena parte de sus fines, pero que actuará con la representatividad que le da el carácter de corporación de derecho público que tiene cualquier institución colegial. Desde esa condición, Olga Agüero confía en conseguir una mejor defensa de la profesión, combatir las malas prácticas y el intrusismo y contribuir a revertir la creciente visión negativa que la sociedad tiene del periodismo y de los periodistas.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Febrero 2022

El halo de solemnidad que rodea a cualquier institución colegial, e incluso la propia denominación del cargo que ostenta, casa mal con la combinación de emoción y proyectos con la que Olga Agüero (Santander, 1969) ha accedido a la condición de decana del recién nacido Colegio de Periodistas de Cantabria. Todo en el discurso de la periodista cántabra remite a la relevancia de los hechos fundacionales, algo perfectamente coherente si tenemos en cuenta que la entrevista se producía apenas unos días después de la asamblea constituyente de la nueva entidad, pero algo menos si consideramos que el proyecto del colegio nació en el seno de la centenaria Asociación de la Prensa de Cantabria –denominada hoy Asociación de Periodistas de Cantabria– con la que el colegio comparte buena parte de sus fines. Olga Agüero, que cuenta con una larga trayectoria periodística y hoy es la responsable de prensa del Parlamento de Cantabria, accedió al cargo encabezando una candidatura con presencia de profesionales que desarrollan su trabajo en medios escritos, radio, agencias o, como es su caso, en tareas de comunicación institucional. No hubo candidatura alternativa, en lo que la decana valora como una muestra del consenso con el que ha nacido el colegio, algo que considera fundamental para avanzar en la consecución de los objetivos que persigue: la defensa de la profesión y la lucha contra el intrusismo y contra todo aquello que ha contribuido al desprestigio del periodismo, con las ‘fake news’ y las malas prácticas a la cabeza.

Olga Agüero, decana del Colegio de Periodistas de Cantabria, en el monumento a José Estrañí, uno de los fundadores de la centenaria Asociación de la Prensa de Cantabria. (Foto: Nacho Cubero)

Pregunta.- Existe ya una Asociación de Periodistas, heredera de la antigua Asociación de la Prensa, con una historia centenaria y unos fines muy similares a los que persigue el recién creado Colegio de Periodistas de Cantabria. ¿Por qué entonces la creación de este nuevo organismo?
Respuesta.- El colegio lo ha impulsado la propia Asociación de Periodistas, que es quien en un momento dado decide dar ese paso, en sintonía con lo que se había hecho ya en otras Comunidades Autónomas. El de Cantabria es, de hecho, el colegio número diez entre los que existen en España. ¿Qué aporta respecto a la asociación? La Asociación de la Prensa tiene un carácter gremial, derivado de esa historia centenaria, y agrupa a profesiones muy distintas. Pero lo que antes era un oficio, hoy se ha profesionalizado, con titulaciones universitarias que existen desde los años setenta. Es importante que nosotros, los periodistas, tengamos lo mismo que otras profesiones: un colegio que nos represente. E insisto: fue la misma Asociación de Periodistas la que vio esa necesidad. Y bienvenido sea.

P.- ¿Cómo va a ser la relación con la asociación? ¿Esta pensado compartir locales o algún tipo de estructura?
R.- En principio son dos entidades absolutamente diferentes. El colegio es una corporación de derecho público que se convierte en el órgano oficial que representa a los periodistas de Cantabria, en tanto que la asociación es eso, una asociación con los fines que tiene, que por supuesto uno es la defensa del periodismo. ¿Que se comparten muchos objetivos? Es evidente. Hasta ahora esa defensa y la custodia del legado histórico la han hecho ellos. ¿A partir de ahora? Nosotros nos constituimos el sábado y ayer martes ya pedí una reunión para hablar con la directiva de la Asociación de Periodistas para sentar las bases de esa relación, que yo tengo la convicción de que será de fraternidad, de convivencia y de colaboración, porque no puede ser de otra manera. Pero es verdad que en este proceso nadie nos ha dicho que vayamos a compartir locales o cualquier otra cosa. Eso dependerá de la voluntad de las personas que están al frente del colegio y de la asociación y de los acuerdos a los que podamos llegar.

P.- La asociación, por esa trayectoria centenaria que mencionábamos y por la actividad desarrollada en ese tiempo, tiene un patrimonio con el que el Colegio de Periodistas no cuenta. ¿Cómo va a financiarse?
R.- Soy socia de la Asociación de Periodistas pero nunca he estado en su directiva y no sé el patrimonio que pueden tener. Pero es verdad que esta es una pregunta que me están haciendo mucho y que tiene una respuesta sencilla: nuestro colegio se va a financiar exactamente igual que el resto de colegios que existen en Cantabria, con las cuotas de los colegiados. Es cierto que cuando empiezas a cobrar una cuota, y no has podido ahorrar, o no has tenido aportaciones extraordinarias, o no heredas un patrimonio, naces desnudo. Pero el dinero no tiene que ser un problema, porque además me parece positivo que nos nutramos de las aportaciones de nuestros colegiados y no de otras fuentes, o del dinero público. Eso no quita que en determinado momento nosotros podamos ofrecer servicios, a otras instituciones o entidades, de los que puedan derivarse ingresos. Pero de entrada vamos a tener una economía ajustada, eso está claro. Respecto a la sede, no hemos decidido nada. Perfectamente podríamos funcionar sin una sede, o con una sede virtual, que de hecho quizá sea lo mejor teniendo en cuenta las circunstancias. Lo valoraremos entre todos en una próxima asamblea.

P.- El Colegio echa a andar con 187 colegiados…
R.- Esa es, en efecto, la cifra del primer censo, pero ahora ya tenemos 205 porque hubo gente que no llegó a tiempo y se ha colegiado más tarde. Ha habido muchos compañeros que se han enterado de la creación del Colegio cuando hemos tenido la asamblea constituyente, porque no estaba en la Asociación de Periodistas, porque no trabaja en Cantabria o acaba de graduarse.

P.- Más allá incluso de la propia cifra, ¿en qué medida es representativa la nómina de colegiados de la realidad de la profesión periodística en Cantabria?
R.- El 92% de quienes se han colegiado hasta ahora están en activo. Un centenar de ellos no estaban en la asociación, pero están activos en los medios y se han colegiado. Están representadas prácticamente todas las redacciones, todos los gabinetes de comunicación y hay también muchos autónomos. Porque esta es una profesión que camina hacia el autoempleo, en la que es muy difícil tener un trabajo fijo, y eso lo vemos muy representado. Y tenemos también jóvenes que se han incorporado mientras buscan empleo. Sí creo que formamos un colectivo muy representativo de lo que es la realidad de la profesión.

P.- ¿Cómo valora que la suya haya sido la única candidatura? ¿Es reflejo de la existencia de un consenso o simplemente es que nadie más ha querido afrontar el reto de ponerse al frente del proyecto, no sé si por su dificultad?
R.- Lo interpretamos como fruto de un gran consenso, y ha sido una enorme satisfacción para los que hemos dado forma a la candidatura. Ha sido impulsada por un número muy grande de colegiados, del que se ha seleccionado a un grupo de personas que creemos que representa casi todos los sectores: hay profesionales de la radio, de la prensa digital e impresa, de agencias, de gabinetes de comunicación… nos ha parecido que era muy plural en su composición. Todos somos personas en activo y eso también es un elemento conciliador. Creo que es un gran comienzo el que haya existido una candidatura de unidad, y que no haya habido ningún adversario. Es importante.

P.- El objetivo es la defensa de la profesión, pero quizá la primera dificultad es identificar de qué profesión hablamos, porque los cambios que se han dado en los últimos años han sido tremendos.
R.- Hoy precisamente lo hablaba con una compañera, que me decía que no es que haya cambiado el periodismo, que lo que cambia es la sociedad. Esa nostalgia del periodismo con olor a tinta, con una rotativa funcionando, con las imágenes de Lou Grant que podemos reconocer los de nuestra generación… todo eso ha muerto, o casi ha muerto porque es un campo de trabajo muy menor. Han surgido otros formatos, otras experiencias y nosotros, los periodistas, ampliamos nuestras funciones a un campo mayor, que es la comunicación. En el caso de Cantabria, por ejemplo, los jefes de gabinete, las personas más importantes que apoyan a los consejeros, son en su mayoría periodistas. Tenemos la capacidad de manejar redes sociales, que muchas veces se han dejado en manos de personas con menos experiencia en comunicación y eso está volviendo a nosotros. Hay también amenazas, el intrusismo, las noticias falsas… pero la profesión está muy viva.

Olga Agüero, junto a varios miembros de la primera junta directiva del Colegio de Periodistas, en el encuentro con la consejera de Presidencia. La decana encabeza un equipo que completan Cristina Dosal, Laro García, Teresa Díez, Jésica Quintero, José María Gutiérrez y Alexia Gómez Pelayo. (Foto: Silvia Bouzo)

P.- Es cierto que hay una presencia relevante de periodistas en tareas de comunicación política, o en la empresa, pero en realidad estamos hablando de dos profesiones distintas. ¿En qué medida pueden defenderse los intereses de ambas desde el colegio?
R.- Es un reto. De hecho, cuando hablamos de trabajar en comunicación los periodistas solemos definirlo como pasar al otro lado, o incluso pasar al lado oscuro. Yo he estado en los dos lados, que es algo muy habitual porque es muy difícil tener un trabajo fijo y trabajamos donde nos llaman. Pero es que además creo que la experiencia de trabajar en ambos lugares es enriquecedora y no debería suponer ningún estigma ni ninguna etiqueta. Del mismo modo que trabajas para una cabecera con una línea editorial, y luego para otra con otra completamente diferente, puedes trabajar en comunicación política. Tenemos que respetarnos y vernos a nosotros mismos como profesionales técnicos que hacemos esa labor. Y los primeros que tenemos que defenderlo somos nosotros. Lo importante es ejercer la comunicación, o el periodismo, con una reglas éticas que no se transgredan.

P.- Quizá no sea tanto un problema de puertas adentro, entre los profesionales, como en lo que puede afectar a la forma en que se ve a los periodistas por parte de los receptores de la información, que pueden cuestionar la independencia de quien ha trabajado en comunicación política para un determinado partido, y luego vuelve a ejercer el periodismo. O viceversa.
P.- Desde luego queremos combatir esa imagen, que como decía es un estigma que parte de una idea preconcebida bastante absurda. Un partido político no solo contrata a un periodista para que le lleve la comunicación, contrata también a una persona que está en la secretaría, otro en la base de datos… Yo nunca he oído que en los colegios de gestores administrativos se les tache de tener determinado color político por trabajar aquí o allí. Pero, ojo, porque ese es un estigma que también ha existido en los medios de comunicación: si uno trabaja para ‘La Sexta’, o ‘La Razón’ parece que está defendiendo intereses distintos, y no. Los periodistas estamos haciendo y defendiendo lo mismo en todas partes: la información elaborada según los criterios profesionales que corresponden. Los periodistas defendemos nuestra independencia con mucho coraje, con más del que la gente piensa. Jefes y cabezas pensantes tenemos en ambos lados, en la comunicación y en el periodismo, solo que parece más descarado cuando trabajas directamente bajo las siglas de determinado partido, pero hay medios de comunicación también muy vinculados a determinadas siglas. Contra eso, contra los ataques a la independencia, es contra lo que tenemos que luchar, vengan de donde vengan..

P.- En las asociaciones de la prensa se sientan en la misma mesa las empresas y los periodistas, lo que alguien podía pensar que dificulta esa defensa de la independencia frente a los intereses puramente empresariales de los medios de comunicación. No sé si este es un riesgo que también puede cuestionar la labor del colegio.
R.- Esta es un asociación de periodistas, no una asociación de medios de comunicación, y nosotros estamos aquí para defender a los periodistas, no a las cabeceras, las líneas editoriales o los intereses empresariales. Los periodistas escribimos para la gente, para los ciudadanos, y no debemos hacerlo ni para las instituciones ni para los consejos de administración. Esa es la independencia que tenemos que defender. ¿Que no es fácil y que las cosas cuestan? Por supuesto, es que esta es una profesión complicada, de equilibrios complejos. Pero tenemos el compromiso de defender con voz firme la independencia de los periodistas y, por supuesto, denunciar cuando nos conste que existan presiones que la cuestionen. Presiones que en ocasiones silenciamos o que incluso tendemos a considerar normales, y que no lo son.

P.- Una de las diferencias de los colegios, respecto a las asociaciones, es que entre sus obligaciones está no solo la de dar servicio a sus asociados, si no también a la sociedad, atiendo las reclamaciones que puedan producirse por una mala práctica profesional. ¿Hay previstas iniciativas en este campo?
P.- Queremos crear una comisión de deontología o de quejas, pero sobre todo lo que nos gustaría es que los periodistas nos abriésemos más a la sociedad. Nunca somos noticia, salgo ahora por ejemplo con la creación del colegio, pero sí debemos ser capaces de escuchar a la sociedad, conocer opinión que tienen sobre nosotros… que por cierto, es bastante negativa. La nuestra es una profesión desprestigiada, en línea con la visión que se tiene de los políticos. Eso queremos cambiarlo: escuchar a la sociedad, debatir, dialogar y reflexionar sobre lo que nos digan. Y explicar a los ciudadanos cómo trabajamos, lo que debería servir para distinguirnos de todo ese intrusismo del que hablaba antes. Hay pseudomedios de comunicación, plataformas digitales, redes sociales… que creen que la información es solo un negocio, que es verdad que también lo es, pero no se puede es traficar con algo tan delicado como eso. Halagar o criticar en función del dinero público que recibes, por ejemplo, no es periodismo. Tampoco lo es una plataforma que replica los comunicados oficiales: eso puede ser propaganda, pero no es periodismo. Parte de la mala fama que arrastramos ahora los periodistas creo que puede venir de ahí.

P.- ¿Y cómo se proponen combatirlo?
Queremos trabajar en dos líneas. Primero haciendo unos debates con los ciudadanos, en los que escuchar y explicar cómo hacemos las cosas. También queremos hacer un registro que distinga entre lo que es o no es un medio de comunicación, a partir de criterios objetivos. Alguien puede tener un blog en el que vierte sus opiniones, perfecto, eso está bien y no hay ningún problema. Pero eso no es un medio de comunicación. ¿Qué criterios objetivos son esos que nos permiten diferenciar quién es o no es un medio de comunicación? Por ejemplo, contar o no con información propia, tener al menos un periodista en plantilla, actualizar los contenidos con cierta regularidad… Esto ya está inventado, no es idea nuestra y otros colegios ya lo están haciendo. Eso también nos permite trabajar con el Gobierno para tratar de impulsar una regulación del reparto de la publicidad institucional, con criterios objetivos y transparentes, y que esos criterios, y lo que recibe cada uno, esté en el portal de transparencia, de manera que los ciudadanos puedan conocerlo. Me parece que eso es un sistema ético y justo.

P.- Ya en el caso de la Asociación de Periodistas, y ahora también en el proceso de la creación del colegio, la titulación de los profesionales ha centrado buena parte del debate. Puede dar la sensación que la batalla contra el intrusismo se plantea ahí, y no tanto en esas malas prácticas de las que habla.
P.- No es así. Yo precisamente pongo el acento en la identificación y denuncia de esas malas prácticas, y me da igual que quien las haga tenga o no la titulación de periodista. Esto me parece fundamental.

Estrena cargo ilusionado y con el objetivo de poner en valor un sector que reconoce hoy no resulta tan atractivo para los trabajadores como en el pasado. Javier Palomera, que sustituyó el pasado mes de enero a Gervasio Pinta al frente de la Asociación de Constructores y Promotores de Cantabria (ACP), aspira a que sea esta asociación, y no otros, la auténtica voz del sector en la región.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Marzo 2021

Javier Palomera ofrece su colaboración a la Administración para aprovechar al máximo los anunciados fondos europeos, reclama más estabilidad en la licitación pública y menos ligada a la cercanía de los procesos electorales, además de una mayor agilidad en los trámites administrativos. Advierte de que el alza del precio de las materias primas ya está dejando muchos contratos desiertos, echa de menos que en la nueva Ley del Suelo de Cantabria no existan mecanismos correctores para aquellos municipios donde no haya demanda suficiente o real de vivienda protegida, y niega que haya riesgo de que se produzca otra burbuja inmobiliaria.

Pregunta.– En su balance anual del sector, su predecesor en el cargo aseguró que 2020 fue un ejercicio nefasto para el sector. ¿Cómo ha sido 2021?
Respuesta.– A nivel de actividad ha sido mejor que 2020, que fue un ejercicio raro por culpa de la pandemia. Con todo, hemos seguido con algunos pequeños problemas en temas como las bajas y también hemos notado mucho parón en la licitación pública. Pero a nivel de resultados, en términos globales, tiene pinta que 2021 no ha sido un buen año por el incremento de los precios de las materias primas que, en muchos casos, han ido directamente a costes propios de la empresa que no se han podido repercutir. En resumen, este crecimiento de la actividad no se ha traducido en mejores resultados.

P.– Afirmó asimismo que la principal aspiración del sector durante el año que acaba de terminar era la creación de empleo. ¿Objetivo cumplido?
R.– Bueno. El empleo ha crecido un 3,8% y hemos cerrado el año con 16.713 trabajadores. Respecto al número de empresas, hasta noviembre habían aumentado un 5,7% con relación al mismo periodo del año anterior, lo que supone el 10,5% del total de empresas de Cantabria. Pese a ello, seguimos viendo que cada vez tenemos más problemas para contratar. Realmente, tenemos más oferta que demanda y no somos capaces de contratar todo el personal que necesitamos.

P.– Desde hace tiempo alertan de la falta de personal cualificado. ¿El sector ya no despierta tanto interés entre los trabajadores?
R.– Realmente no sé de quién es la culpa, pero sí que es cierto que hoy por hoy no somos un sector atractivo para los trabajadores. No sé muy bien las causas. Sí que puede haber un pequeño estigma de tiempos pasados que no somos capaces de quitarnos de encima y que siempre nos devuelve a la crisis de 2008, de la que ya han pasado casi quince años. En la actualidad el sector no tiene nada que ver con aquella época. Pero bueno, seguimos siendo un sector relativamente estable, comparable a cualquier otro, e incluso con unos salarios y un convenio bastante más altos que en otros sectores productivos. Con lo cual tampoco acabamos de entender por qué no somos atractivos más allá de que a primera vista pueda parecer un sector duro y exigente a nivel de trabajo. También creo que es un problema de comunicación porque, al final, siempre se nos acaba relacionando con el encofrador, el albañil y otros trabajos a la intemperie cuando dentro del sector existen otros muchos perfiles y gremios que igualmente también están teniendo problemas para captar empleo.

P.– La reforma laboral pone coto a los tipos de contratación existentes hasta ahora, entre otros al contrato por obra o servicio tan habitual en su sector. ¿Teme que su eliminación desaliente el mercado laboral y agudice el problema de falta de mano de obra?
R.– Creo que en nuestro sector no lo vamos a notar mucho. Considero que al final este tipo de contratación afecta más a otros sectores con mayor estacionalidad. Es verdad que el contrato de obra se modifica, pero estoy convencido de que a nosotros no nos va afectar tanto.

P.– El presidente regional, Miguel Ángel Revilla, les ofreció en marzo pasado un panorama de “muchísimas inversiones”, tanto públicas como privadas, “cientos de millones” dijo para revitalizar el sector de la construcción en Cantabria. Diez meses después, ¿percibe este paisaje?
R.– Pues hombre, tan, tan optimista creo que no. La verdad es que las inversiones privadas de las que hablaba, salvo las que está acometiendo el Banco Santander en la capital cántabra, no acaban de arrancar. Sobre licitaciones, sí que estamos viendo que se han retomado algo en estos dos o tres últimos meses, pero desde finales del segundo trimestre hasta casi el último del pasado año se registró un parón importante en licitación pública. Seguimos por tanto con nuestra reivindicación histórica de poder ser un sector estable, que no tengamos esas fluctuaciones en la licitación pública y que, en muchos casos, ésta no aparezca ligada a ciclos cercanos a procesos electorales.

P.– Cantabria contaba a finales del pasado año con 1.795 empresas inscritas en la Seguridad Social, frente a las más de 5.424 con las que contaba hace tan solo un lustro. ¿La construcción está perdiendo protagonismo en la economía regional?
R.– Buena pregunta. No lo sé. Creo que en muchos casos este dato se explica en el hecho de que se ha reducido la fuerte atomización de empresas que antes existía. Se ha apostado por unir empresas y sumar esfuerzos. Además, también es cierto que hubo unos años, desde 2016 a 2018, en que la actividad se redujo considerablemente, lo que sin duda trajo consigo la desaparición de algunas. Pero es verdad que el sector no está ahora entre los protagonistas del panorama económico regional. Y tampoco parece, con la actual dinámica, que vayamos a estarlo porque todas las políticas que se están ejecutando no van encaminadas precisamente hacia nuestro sector.

P.– En reiteradas ocasiones han solicitado al Ejecutivo cántabro una mayor agilidad en la tramitación de licencias, licitaciones y otros expedientes administrativos. ¿Les han hecho caso?
R.– De momento, no. Mantenemos esta reivindicación porque al final repercute mucho en nuestra actividad. Es un tema que ya afecta incluso al consumidor final. En muchos casos prácticamente el 50% del tiempo se nos va en trámites. Imaginemos un escenario tipo de construir un chalé. Pues a grandes rasgos son dos años los trámites y dos años edificar la casa. No hay manera de conseguir los estándares de agilidad que reclamamos ni tampoco una comunicación profesional con la Administración.

P.– Según datos del Observatorio de la Construcción, el volumen de licitación de obra pública acumulada hasta octubre pasado fue de 189 millones de euros, un 197,4% más que en el mismo periodo de 2020 y muy por encima de la media nacional que fue del 85,6%. ¿Estamos ya en niveles previos a la pandemia?
R.– En primer lugar, debo decir que ese incremento tan brutal se justifica porque en 2020 hubo un periodo de cinco o seis meses de cero actuaciones. Dicho esto, con el empuje registrado en los últimos meses de 2021 y los primeros de este año ahora mismo si podríamos estar cerca de los niveles de entonces que, dicho sea de paso, tampoco eran ninguna panacea. Por eso, seguimos reclamando más inversión porque respecto a ejercicios anteriores aún estamos por debajo de lo que consideramos debería ser una actividad media que nos permita tener esa estabilidad en el sector a la que aspiramos.

P.– Pese a la Ley de Contratos del Sector Público, ¿persiste el problema de las bajas temerarias? ¿En qué medida siguen produciéndose y de qué manera afecta el actual tirón de la obra pública y la subida del precio de los materiales?
R.– Superar o no el tema de las bajas temerarias depende en gran medida de la actividad. Muchas veces se criminaliza las bajas cuando, dentro del sinsentido que representan, vienen motivadas por la falta de actividad. Las empresas ante un escenario de no actividad o generar una, aunque sea a un mal precio, optan en muchos casos por esta segunda opción con le fin de proteger el empleo y la propia empresa. En cualquier caso, ahora no estamos en esa situación que sí se ha vivido en otras épocas. Sigue habiendo alguna que otra baja un poco desmesurada, pero no tanto como para rescindir una obra. Pero con lo que sí nos estamos encontrando a raíz del incremento de las materias primas es con licitaciones desiertas, que es un asunto bastante más relevante. En muchos casos las obras no tienen actualizados los costes al escenario actual, con el agravante de que en los contratos públicos, tal y como están planteados aquí, no se permite la revisión de precios. Esto está derivando en que en muchas actuaciones se están quedando contratos, y algunos importantes, sin licitar. Un contrato que hace años hubiera salido con una baja temeraria, ahora se está quedando desierto. Creo que esta situación sí supone un cambio significativo de tendencia. Por eso solicitamos que aquí se permita esta revisión de precios que en otras comunidades, como Extremadura y Galicia, y en entidades públicas como Adif, ya se han admitido.

P.– Los visados autorizados de obra nueva para uso residencial hasta septiembre se situaron en 851 unidades, un 78,4% más que en 2020. ¿Satisfecho?
R.– Como ya le dije antes, creo que este incremento viene motivado por lo que ocurrió en 2020. Comparar con ese ejercicio es engañarnos porque solo se trabajó medio año y, por tanto, es lógico que se registren incrementos. En términos generales los visados de viviendas unifamiliares han mantenido una tendencia muy estable, por lo que diría que casi un 90% de este aumento corresponde a una serie de viviendas que se han iniciado en Santander. Hay que tener en cuenta que, dado los números en los que nos movemos, cien viviendas nuevas representan unos incrementos brutales. Es decir, cualquier movimiento produce una fluctuación muy importante en los porcentajes.

P.– Desde hace meses vienen alertando del encarecimiento de las obras y retrasos en los plazos de ejecución de los proyectos debido al alza del coste de la energía y el aumento de precios de los materiales. ¿A las puertas de la llegada de los fondos europeos para proyectos de rehabilitación de viviendas y regeneración urbana, esta alza de precios puede comprometer su viabilidad?
R.– Lo estamos viendo ya. Nos estamos encontrando con muchos casos de proyectos que ya estaban en estudio y que, una vez llega ahora el momento de solicitar precios, se topan con unas desviaciones salvajes en relación a lo que tenían previsto cuando iniciaron los trámites a mediados del pasado año. Sobre todo se va a notar una paralización en el sector privado y la industria, donde las previsiones de inversiones en obra civil no digo ya que se estén paralizando, pero sí en muchos casos aplazando porque entienden que ahora no es el momento. Y es que al final podemos estar hablando de un encarecimiento del 25 o el 30% del presupuesto. También lo estamos percibiendo en viviendas unifamiliares, donde mucha gente está esperando a ver qué pasa porque no cabe duda de que un incremento de ese tipo es muy representativo.

P.– ¿Cómo va a encarar el sector esta situación que muchos expertos aseguran que es coyuntural?
R.– Es complicado. De momento, más allá de apoyarnos en la obra pública, que va tener que corregir proyectos y precios y asumir en muchos casos los sobrecostes con los fondos europeos, es evidente que en el ámbito privado es un problema porque los precios no se pueden subir hasta el infinito. En este caso el precio final está topado al bolsillo del consumidor. Es que, como ya he apuntado, no estamos hablando de incrementos del 1 o el 2%, sino de incrementos brutales hasta el punto de que nosotros mismos hemos recomendado en algunos casos no realizar la inversión. Porque sencillamente no es el momento. Y en la parte de rehabilitación, entiendo que lo que esté vinculado a las ayudas y subvenciones sí se llevará a cabo, pero con el mismo problema de sobrecoste.

P.– Su asociación ha valorado positivamente el proyecto de la nueva Ley del Suelo actualmente en tramitación. ¿No echan nada de menos?
R.– Es cierto que hemos valorado positivamente algunas de las iniciativas que inspiran la redacción de la nueva Ley, como lo es la pretensión de flexibilizar y fomentar la tramitación y aprobación de los planes generales municipales, tan necesarios para poder desarrollar y rehabilitar el medio donde vivimos y trabajamos los cántabros, tarea en la que llevamos años de retraso debido a la falta de motivación o interés para aprobar tan trascendentes instrumentos. También hemos valorado positivamente la intención de flexibilizar y agilizar la tramitación de licencias de obras y primera ocupación, más siendo conscientes de que la Ley estatal impone su desestimación por silencio, lo que implica que sea necesario disponer de herramientas correctoras ante los posibles retrasos o demoras por parte de la Administración. Incluso se ha valorado en el debate parlamentario la posibilidad de instaurar un índice de cumplimiento de los plazos por parte de las administraciones para el otorgamiento de las licencias y autorizaciones urbanísticas. Veremos si estas iniciativas son suficientes y eficaces, pero lo que resulta positivo es comprobar que existe un interés real en intentar dar una solución a esta problemática.

P.- ¿Qué echan en falta en la nueva norma?
R.- Existen aspectos que los promotores y constructores hemos manifestado que debieran revisarse, en especial aquellos que pueden afectar a la viabilidad de las actuaciones urbanísticas. Entre ellos, y en relación con la promoción del suelo, hemos pedido la reducción de la cesión obligatoria a favor de la Administración, que se establece en el 15% del suelo, con toda la obra de urbanización ejecutada, libre de cualquier gasto o carga, es decir, listo para que la Administración pueda edificar, para ajustarlo al 10%, que es lo previsto en otras comunidades autónomas de nuestro entorno inmediato, como Asturias o Galicia, o de diferentes modelos y visiones estratégicas, como Madrid, Castilla La Mancha, Andalucía… También hemos pedido la revisión de los estándares urbanísticos establecidos en el proyecto legal, pues consideramos que no existen argumentos para justificar un incremento de los mismos. Es cierto que en el proyecto, tras las alegaciones realizadas por este sector, se han corregido significativamente los mismos respecto al borrador inicial, pero aún quedan algunos por ajustar y que pueden afectar a la sostenibilidad de las iniciativas de desarrollo del suelo. El que estos estándares se encuentren en un texto legal dificulta que puedan revisarse “a posteriori” para resolver los problemas e ineficacias que pudieran darse. Es por ello que hemos defendido que debieran reducirse al mínimo imprescindible, dando margen a los ayuntamientos para que puedan adaptar los mismos a las necesidades de cada desarrollo. De otro lado, en el proyecto legal se incluye la previsión de un mínimo de 30% de viviendas de protección para los desarrollos del suelo residencial, la cual tiene su justificación en la Ley estatal. Los promotores somos conscientes de la necesidad de desarrollar vivienda protegida y siempre nos hemos mostrado favorables a hacerlo, pero siempre y cuando sea sostenible, viable y exista una demanda contrastada. A este respecto, se echa de menos que existan mecanismos correctores para aquellos municipios o lugares donde no exista demanda suficiente o real de vivienda protegida.

P.- Piden también que el sector privado pueda impulsar modificaciones del planeamiento municipal ante situaciones de inactividad por parte de los municipios.
R.- Consideramos que esto bien pudiera servir para incentivar que la Administración mantenga actualizados sus instrumentos de planeamiento. También miramos con cierto escepticismo algunas otras normas que pudieran instrumentalizarse para limitar o condicionar la iniciativa privada, como lo es la facultad que se da a la Administración para poder adquirir inmuebles para el patrimonio público del suelo y posteriormente cederlos o arrendarlos incluso a precio inferior al de mercado, atribución que utilizada abusivamente pudiera generar distorsiones irreales sobre el valor de mercado, ya que tal reducción del precio no tendría su origen en situaciones reales de mercado, sino en la instrumentalización de fondos públicos de todos los ciudadanos. En este mismo sentido, y como limitación a la iniciativa privada, tampoco se entiende que la promoción y titularidad de los alojamientos colaborativos o cohousing se limite a cooperativas excluyendo al resto de agentes, más cuando el Plan de Vivenda 2022-25 establece expresamente como beneficiarios de las ayudas para promover este tipo de alojamientos a cualquier entidad pública o privada.

P.– Han advertido que en algunos municipios cántabros adquirir una vivienda de protección oficial resulta más caro que comprar una libre. ¿A qué lo achacan?
R.– No podemos obviar que el principal incentivo para adquirir una vivienda protegida respecto la vivienda libre es el precio. Los requisitos de acceso, la obligación de residencia o las limitaciones a la venta o alquiler reducen su atractivo ante los potenciales adquirentes. Donde la vivienda libre ve reducido su precio por debajo de la media es muy difícil encontrar demandantes de vivienda protegida. Además, debemos ser conscientes de que en Cantabria existen municipios donde los compradores principalmente buscan segunda residencia y la demanda de vivienda protegida es limitada. Los promotores estamos deseando construir y vender viviendas en cualquier régimen de protección. El problema se da cuando la Administración impone la construcción de un mínimo de viviendas de protección oficial en un municipio donde no hay demanda efectiva para este tipo de viviendas. En este contexto, resulta insostenible cualquier iniciativa de desarrollo de suelo residencial. ¿Cómo puede asumir un promotor la construcción de un mínimo del 30% de viviendas protegidas en un municipio donde no existe demanda de ese tipo de residencia? En Cantabria, la necesidad y demanda principal de viviendas de protección se concentra en el entorno de los grandes municipios en los que el precio de la vivienda libre es más elevado. Fuera de ellos, la imposición de un mínimo de viviendas protegidas que no se ajuste a la demanda real genera un gran problema al hacer insostenible el desarrollo de suelo residencial.

P.– La construcción vive un inusitado auge de la rehabilitación. ¿Por ahí pasa el futuro del sector?
R.– En condiciones normales debería ser así, al menos en las ciudades. Santander, por ejemplo, seguirá creciendo con obra nueva, pero sin duda será mayor la necesidad de rehabilitar las ya existentes. En este punto hay que empezar a hacer una labor didáctica para entender que las viviendas al final tienen un mantenimiento similar al de un coche. Mantener una casa en condiciones adecuadas conlleva unos costes y nos estamos encontrando con edificios muy cerca ya de su ocaso útil. Por eso creo que, aunque se seguirá haciendo obra nueva y se desarrollen nuevas zonas y urbes, el futuro del sector pasa por la rehabilitación.

P.– El acceso a financiación se antoja, en este sentido, fundamental. ¿Hay algún acuerdo a la vista entre el Ejecutivo, ACP y las entidades de crédito?
R.– Hoy por hoy, no. De momento, nosotros tampoco estamos en ese diálogo.

P.– En el actual contexto de reactivación económica y de fuerte incremento del precio de la vivienda, ¿hay riesgo de que se pueda producir otra burbuja inmobiliaria?
R.– No. Son dos escenarios completamente diferentes. No veo que el aumento de la actividad vaya a ir por ahí. Sobre todo porque las viviendas se construyen para que las compren las personas, y no creo que estemos ahora en ese punto de que todo el mundo compre vivienda nueva. Tenemos aún mucho margen de reactivación antes de acercarnos siquiera a aquellos momentos. En cualquier caso, además, podríamos estar ante una burbuja de precios, no de ladrillo. El problema es el coste y la venta del producto. Parece que somos un sector en el que es muy fácil hablar de burbujas, pero estamos en un mundo muy diferente al de entonces.

Olga Dasgoas es directora ejecutiva de Recursos Humanos y Responsabilidad Social Corporativa del Grupo FAED y acaba de recibir el premio de Mujer Empresaria 2021 que otorga la Asociación Empresa Mujer de Cantabria, ADMEC, un galardón que recibe con “respecto e ilusión”.

Cristina Bartolomé |  @criskyraFebrero 2022

Olga Dasgoas comenzó su trayectoria profesional como cajera en un supermercado, aunque el objetivo apuntaba a otra meta: pagarse un máster de gestión. En 1996, cuando se constituye Fundiciones de Aceros Especiales D, se incorpora formalmente a la empresa, donde se ocupa de la gestión administrativa y posteriormente de las funciones de directora financiera y de recursos humanos durante dos décadas. Desde hace cuatro años se encarga de la dirección de personas y la responsabilidad social corporativa.

Pregunta.- ¿Qué sensaciones le ha producido recibir este premio de las empresarias de Cantabria? ¿Ha sido una sorpresa?
Respuesta.- Lo recibo con mucha respeto e ilusión. Estoy contenta, sobre todo por mi hermano y mi familia, ya que la nuestra es una empresa familiar. Todos nuestros trabajadores me han felicitado y están muy orgullosos también de este reconocimiento.

P.- A lo largo de su carrera, ¿ha tenido que solventar dificultades por trabajar en un sector tradicionalmente masculino?
R.- Al ser una empresa familiar y desempeñar mis funciones y responsabilidades desde la dirección de la empresa, no he tenido dificultades por mi género. En el núcleo familiar quizá mis padres me encasillaron más, con buen criterio, en la gestión de la empresa y a mi hermano, Tomás Dasgoas, en la parte más técnica y operativa, pues él empezó trabajando como hornero en la fundición. Pero desde luego con mis trabajadores y equipos el trato siempre ha sido muy respetuoso y afectivo hacia mí, yo creo por que han vivido el crecimiento mío y de la empresa muy de cerca con ellos, con total transparencia, con esfuerzo y compromiso.

P.- ¿Es real la imagen que tenemos de la industria metalúrgica como especialmente complicada para las mujeres? ¿Cómo definiría la presencia femenina en este sector tanto a nivel directivo como de producción?
R.- La presencia femenina en este sector es escasa, pero necesaria al igual que en cualquier otro sector. Más aún con la dificultad que tenemos hoy las empresas de incorporar personal cualificado. El porcentaje de mujeres en los departamentos de administración suele ser el más alto, sobre el 90%, en tanto que en los departamentos técnicos o de mandos intermedios podría ser de en torno a un 40%. Pero en la parte de producción es donde mas tenemos que reforzar la presencia femenina con políticas de integración y formación, pues gracias a la incorporación de nuevas tecnologías, los procesos productivos ya no son tan penosos y tenemos unas condiciones laborales muy buenas en este sector.

Olga Dasgias, junto a las autoridades que acudieron a la gala celebrada el pasado 16 de diciembre, en la que se le entregó el premio como mujer empresaria de 2021.

P.- ¿Cuáles son los retos que plantea profesionalmente ser la directora ejecutiva de Recursos Humanos y Responsabilidad Social Corporativa de un grupo empresarial como FAED?
R.- Trabajar con las personas es siempre un reto en sí mismo. Dar respuesta a sus inquietudes y expectativas a veces es complejo, pero en Grupo FAED las personas son nuestra prioridad, las hacemos crecer profesionalmente y damos mucha importancia al trabajo en equipo. A lo largo del año 2021 hemos desarrollado una nueva estructura organizativa interna, con la creación de nuevos departamentos y la incorporación de nuevos profesionales que viene a dar una mayor robustez a toda la estructura para dar respuesta a las necesidades futuras del grupo, que no está eximido de grandes retos por delante.

P.- Faed ha crecido en los últimos años, ha comprado otras industrias y ha asumido inversiones importantes. ¿Hasta qué punto el tamaño es imprescindible para poder competir?
R.- Estamos en un momento de madurez y de consolidación del crecimiento sostenido que hemos tenido en estos últimos 25 años, pero también de seguir creciendo en un mundo globalizado muy competitivo con grandes retos por delante para dar respuesta a las necesidades de nuestros clientes en un entorno industrial y sostenible. La empresa ha crecido porque tenemos una actividad industrial que ha ido ampliando los servicios en función del cliente. Se trata de buscar siempre las oportunidades para que tu actividad permanezca viva. Nosotros empezamos fabricando piezas muy pequeñas, y esto ha ido cambiando. Si no hubiéramos ampliado el volumen de las piezas no estaríamos ahora en el mercado. Lo que tenemos por delante es la tarea de consolidar lo que hemos hecho, principalmente con un crecimiento muy importante en dos años y medio. Ahora nos toca robustecer y consolidar la nueva estructura. En líneas generales, iremos creciendo en servicios al cliente, viendo dónde necesitamos reforzar, dónde nos demandan determinado servicio… Por ejemplo, últimamente nos están solicitando servicios de mantenimiento, es por ahí por donde ahora podemos crecer.

P.- En general, ¿cómo ve el panorama industrial actual en nuestra región?
R.- La industria en Cantabria está ante la gran oportunidad de definir qué va a ser en los próximos 10 años. Dependerá de la gestión que las empresas hagamos para desarrollar las capacitaciones necesarias ante retos como la digitalización, la colaboración entre empresas y, especialmente, la capacidad de atraer personal que dé respuesta a nuestras necesidades de contratación. Todo eso va a marcar el futuro de la industria de la región.

P.- ¿El sector siderúrgico en Cantabria, tiene el peso que debiera o pudiera tener?
R.- Al sector siderúrgico en Cantabria se le debe reconocer la importancia que tiene para la sociedad cántabra. Somos empresas especialmente exportadoras, con empleo estable y de calidad, y medioambientalmente comprometidos con la sostenibilidad. La imagen que hay de nosotros esta distorsionada por años pasados y debemos cambiarlo.

P.- En general, ¿qué aporta Cantabria en este sector industrial y qué puede llegar a aportar?
R.- Cantabria como sociedad debe conocer mejor la importancia del sector industrial y lo que supone para la economía. Por su parte, el Gobierno de Cantabria debe seguir apoyando los intereses de la industria, debemos vencer las barreras administrativas que dificultan los planes de crecimiento o implantación de las empresas, apostar por una formación profesional que cubra las necesidades del sector, atraer los fondos europeos a tiempo para desarrollar los proyectos que ya hay… En definitiva, Cantabria debe trabajar para tener un sector industrial fuerte.

P.- Dice que el sector no tiene el reconocimiento debido. ¿Podría cuantificar la aportación a la economía de Cantabria de las empresas metalúrgicas presentes en la región y/o la de Grupo FAED?
R.- Las cuestiones económicas o datos numéricos son muy importantes, pero han de ser otros los que los cuantifiquen y valoren. Lo que es diferenciador de este sector es lo que aporta a nivel de estabilidad, empleabilidad, calidad del empleo y aportación a la sociedad. Las empresas industriales en las últimas crisis hemos sido las que mejor han aguantado y más han contribuido a la economía de Cantabria. El Grupo FAED es una más de las excelentes empresas que Cantabria tiene en este sector.

P.- La UE parece mantener un compromiso político de reindustrializar Europa, ¿cree que es posible hacerlo y de qué depende que pueda conseguirse ese objetivo?
R.- Europa apuesta ahora más por la sostenibilidad, por energías renovables, por la descarbonización… Todo esto es un reto para las industrias porque nos hacen menos competitivos con respecto a otras empresas del sector de fuera de Europa, y nos dificulta el crecimiento. Porque no hay que olvidar que estamos en un mundo globalizado, con grandes competidores como China o Estados Unidos, donde no hay restricciones. Ahora la apuesta importante son los fondos europeos, sin embargo echamos en falta algo más de transparencia: no hay protocolo de gestión, no sabemos dónde hay que dirigirse, qué se financia, qué no… Al final parece que esos fondos se van a aprovechar para reforzar ayudas que ya existían, el CRECE del Gobierno de Cantabria o el I+D. Pero no sabemos con qué condiciones van a salir o cómo se van a cumplir ciertos requisitos. Estoy en bastantes asociaciones de empresarios y se comenta este tema de la burocracia, la opacidad… Seguimos sin ver muy claro cómo se va a desarrollar el proceso. Por otra parte, la metalurgia se ha visto siempre como una industria muy contaminante, cuando en realidad somos la mayor recicladora: reciclamos toda la chatarra. Además, las energías que utilizamos son todas renovables y el nivel de carbono que emitimos está muy por debajo de lo que se exige. Podemos decir que hacemos un acero ecológico, no se nos puede pedir más.

P.- ¿De qué depende que la industria de Cantabria, y en particular la metalúrgica, pueda recuperar el protagonismo que ha venido perdiendo en los últimos años?
R.- Creo que de una apuesta por el sector a nivel político. Las empresas que exportamos necesitamos buenas vías de comunicación, sobre todo en el transporte de mercancías y es una pena que una vez mas Cantabria se quede fuera de estas importantes inversiones. Nos hemos quedado fuera del Corredor del Atlántico y de la red transeuropea, pero es que tampoco llegan las mejoras en las comunicaciones a Madrid o País Vasco. Necesitamos polígonos industriales dotados de servicios. Por ejemplo en nuestro caso, en el polígono de Requejada no tenemos fibra óptica para las empresas, con lo que esto limita la velocidad en la digitalización. La energía eléctrica, la seguridad jurídica… son asuntos en los que son muy importantes las decisiones políticas que se tomen. Por otra parte está la formación profesional: los grados que se ofertan no siempre se corresponden con las necesidades de mano de obra cualificada que se precisa en la industria. Ni siquiera tenemos centros de formación donde impartir los certificados de profesionalidad para moldeadores y horneros –en el caso particular de la fundición– y tenemos que formar a estos profesionales nosotros internamente, utilizando la contratación temporal en lugar de los contratos formativos ligados a estos certificados porque las exigencias en medios físicos e instalaciones que la norma pide a estos centros es imposible de cumplir. Para resolver esto llevamos años reclamando un cambio desde las administraciones, pero no se hace nada. Cuando el paro juvenil representa ya el 30% de la población y las empresas no encontramos profesionales, algo estamos haciendo muy mal.

Agustín Ibáñez dirige desde agosto de 2019 el Centro de Investigación del Medio Ambiente (CIMA), un organismo con competencias en control de la calidad del aire y de las aguas, así como en divulgación en materia medioambiental. En esta entrevista desgrana las principales líneas de actuación presentes y futuras de la entidad que dirige y desgrana algunos de los retos pendientes.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Febrero 2022

Agustín Ibáñez sostiene que, en términos generales, la calidad del aire de Cantabria es buena o muy buena, apela a la necesidad de que Administración y sociedad aborden juntos la transición ecológica y estima que hay suficiente regulación ambiental, aunque reconoce que lo que seguramente falta es aplicarla y cumplirla mejor.
Pregunta.– ¿Que la sede del CIMA esté en Torrelavega obedece más al deseo de descentralización de organismos o a esa tradicional mayor preocupación medioambiental que existe en la comarca del Besaya?
Respuesta.– Obedece un poco a las dos cosas, aunque seguramente algo más a la segunda. Hace treinta años, cuando se creó el CIMA, el contexto social, económico e industrial de Cantabria era muy diferente al de ahora. En aquella época se decidió, y creo que con acierto, ubicar el centro en Torrelavega, a escasos metros del río Besaya, como una clara apuesta por la investigación medioambiental en una cuenca por aquel entonces más industrializada. Sobre la descentralización que comenta, considero que es bueno que haya centros de trabajo que no estén en Santander. Estamos a 24 kilómetros de la capital y en una localización privilegiada porque este es casi el centro de la región: por aquí se pasa para ir al sur, a occidente… Es decir, creo que estamos muy bien ubicados y que fue un claro acierto abrir aquí el CIMA.

P.¬ El CIMA dispondrá en 2022 de un presupuesto de casi tres millones de euros. ¿Suficiente?
R.– Un director de un centro siempre quiere más. Pero estoy satisfecho. Hay que tener en cuenta que formamos parte de una gran Consejería, como es la de Desarrollo Rural, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, con cerca de 1.300 trabajadores, desde la que atendemos las necesidades del sector primario, del mundo rural y por supuesto también las medioambientales. En ese contexto, entiendo que esos tres millones de euros han de ser suficientes para seguir desarrollando en 2022 los proyectos clásicos del CIMA y acometer nuevas líneas de trabajo.

P.– El recientemente creado Consejo Asesor de Cambio Climático y Medio Ambiente, que sustituye al Consejo Asesor de Medio Ambiente (CAMAC), cuenta con una representación social más amplia y un mayor componente técnico. ¿Qué espera de este órgano?
R.– Es un órgano al que damos mucha importancia a la hora de asesorar, aconsejar y emitir informes que ayuden a la Consejería a poner en práctica una política más eficaz y participativa. Reconocemos y agradecemos el trabajo del CAMAC, pero como bien dice hemos querido dotarle de una representación social más amplia, con más de 60 miembros de diferentes entidades, y con un carácter más técnico. Tenemos el compromiso de dinamizar desde aquí ese consejo asesor y convocar en enero una primera sesión constitutiva de este nuevo órgano que está presidido por el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Creemos que va a ser un órgano muy relevante de participación ciudadana que va a ayudar a que la gestión de esta Consejería sea en los próximos años también más transparente y participativa.

P.– La última cumbre mundial sobre el clima celebrada en noviembre se ha cerrado con un acuerdo de mínimos y con mensajes descafeinados, pese a que todos los gobiernos reconocieron que están fallando en su lucha contra el cambio climático ¿Una cosa es predicar y otra dar trigo?
R.– Sin duda. Pero ocurre en todas las cumbres, no solo en esta última celebrada en Glasgow. Está claro que este tipo de encuentros siempre arrancan con unas expectativas muy altas y al finalizar los resultados suelen defraudar a casi todas las partes. Pero en el caso de la COP 26 también hubo buenas noticias, como el acuerdo de no superar 1,5 grados centígrados a final de siglo, que medio millar de grandes firmas financieras gestionarán 130 billones de dólares destinados a objetivos climáticos relacionados con el Acuerdo de París, o que más de un centenar de países se han comprometido a salvar los bosques y acabar con la deforestación en 2030.

P.– Los combustibles fósiles, ¿deberían tener las horas contadas?
R.– Pues deberían. Eso nos está diciendo Europa y todos los organismos internacionales. Creo que el proceso de transición ecológica no tiene marcha atrás y que todos hemos de adaptarnos al mismo, por lo que es inevitable la descarbonización de los procesos productivos en el plazo corto-medio. No obstante, y enlazando con la pregunta anterior, lo cierto es que en la reciente COP 26 los negociadores finalmente no acordaron la eliminación progresiva de combustibles fósiles como el carbón, si bien pienso que es cuestión de tiempo. Pero estoy convencido de que esta transición ecológica tiene que hacerse no de forma impuesta, sino teniendo en cuenta a los agentes económicos y sociales. Ha de ser fruto de un camino compartido, de una negociación y un entendimiento entre Administración y sociedad. Si no lo hacemos así, no tendrá éxito.

P.– Cantabria reconoció en 2019 la situación de emergencia climática. ¿Somos conscientes los cántabros de lo que nos jugamos?
R.– Quiero entender que sí. Pero no dejo de reconocer que queda mucho por hacer. Esta declaración ponía sobre la mesa el camino de no retorno que hemos emprendido de degradación y abuso de los recursos naturales y el Gobierno de Cantabria alertaba de la necesidad de cambiar el paso y de apostar por una economía circular, por una bioeconomía. Lo que nos quedaría seguramente es hacer llegar ese mensaje a más estratos de la sociedad. Es sin duda uno de los retos que tenemos por delante porque, al final, todos somos parte del problema y de la solución.

P.– ¿A qué o a quién hay que achacarle los males que sufre nuestro medio ambiente?
R.– Todos tenemos la culpa. Todos somos responsables de lo bueno y de lo malo que le ocurre al planeta. Evidentemente, nuestro estilo y calidad de vida supone una huella ecológica sobre el medio ambiente. Pero igualmente, como decía antes, creo que todos debemos ser parte de la solución. Por eso, considero que la educación ambiental es una herramienta fundamental para, de alguna manera, revertir esta situación de degradación medioambiental.

P.– El respiro que dimos al medio ambiente con el confinamiento, ¿ha venido para quedarse o hemos vuelto a las andadas?
R.– Pues creo que lamentablemente fue algo efímero. Fue una auténtica pasada cómo descendieron los índices de contaminantes y de partículas en el aire, sobre todos en esos primeros meses de marzo, abril y mayo de 2020. Evidentemente dimos un respiro al planeta, pero unos meses después, con la famosa desescalada, los índices de calidad del aire volvieron a límites bastante normales. Con lo cual hay que deducir que aquel descenso no obedeció a que nos volviéramos de repente muy sostenibles, sino que fue la única parte positiva de la maldita pandemia. Ahora mismo estamos en una situación muy parecida a la que teníamos en 2020. Con todo, hay que decir que la calidad del aire en Cantabria es entre buena y muy buena, aunque tenemos algún punto como son el área metropolitana de Santander y el eje Torrelavega-Los Corrales de Buelna más preocupantes lo que, por otra parte, no debe sorprender a nadie. Y ahí debemos incidir todos: Gobierno regional, ayuntamientos, empresas y sociedad para construir ciudades más habitables y sostenibles. Pero por concluir, se puede decir que en el cómputo anual no hay superaciones en los niveles de calidad del aire. Y si los hubiera, para eso estamos nosotros. De hecho, una de las prioridades de trabajo del CIMA en 2022 será adaptar los procedimientos establecidos de aviso a la población en materia de calidad del aire, dado que ahora son más exigentes los parámetros nacionales e internacionales y en Cantabria deberemos adaptar los protocolos a la nueva normativa.

P.– ¿Tienen alguna otra prioridad?
R.– Mirando al futuro, estamos pendientes de distintas convocatorias nacionales y europeas a las que podamos presentarnos. Mientras tanto, el CIMA seguirá participando en proyectos europeos que suponen atraer a Cantabria financiación externa, como por ejemplo el Proyecto LIFE3E, que coordina MARE y del cual el CIMA es socio beneficiario, con el objetivo de investigar distintos aspectos del proceso de depuración de aguas residuales; o el Proyecto Interreg BIOMIC, coordinado en Cantabria por la Mancomunidad de Municipios Sostenibles, para impulsar el uso de nuevos bioindicadores que apoyen la gestión preventiva y la recuperación de las zonas costeras con medidas que favorezcan la adaptación al cambio climático.

Los laboratorios del CIMA, en la imagen, tienen encomendada la vigilancia de la calidad del aire y de las aguas de Cantabria.

P.– Un reciente informe señalaba que Santander es la tercera ciudad española con peor calidad de aire por contaminación de vehículos. ¿Es así?
R.– No es así. Lo desmiento. Lo primero, ese estudio que está ligado a determinadas organizaciones o por qué no decirlo, a determinadas corrientes políticas, no toma como referencia los valores legales oficiales del Ministerio de Medio Ambiente, sino los niveles que establece la OMS, que son mucho más exigentes, y que son recomendaciones y, por tanto, no son como tal vinculantes. Por eso, no lo podemos considerar fidedigno. En cualquier caso, alguien podría decirme que, aunque sean los valores de la OMS y no los oficiales, seguimos estando mal. Nos sorprende muchísimo. Santander es una ciudad pequeña-mediana y no parece razonable pensar que la capital de Cantabria tenga más contaminación que Zaragoza, Valencia o Sevilla. De hecho, los informes anuales del Ministerio confirman que en Cantabria la calidad del aire es muy buena.

P.– ¿Echa algo de menos en la actual legislación medioambiental para luchar contra la contaminación?
R.– Creo que es profusa y que hay suficiente regulación. Lo que falta seguramente es aplicarla y cumplirla mejor. Y también nos falta, y aquí hago un poco de autocrítica, coordinarnos mejor las distintas administraciones porque para el ciudadano, cuando tiene un problema real, puede resultar un tanto mareante no saber a quién tiene que acudir, si al Gobierno, al ayuntamiento, a la confederación… Lógicamente, la legislación medioambiental tiene que ir mejorando con el paso del tiempo pero, insisto, lo que tenemos que hacer es ser capaces de aplicarla y coordinarnos mejor para que ese famoso problema de las competencias deje de ser tal.

P.– Sostiene que el CIMA es mucho más que la medición del aire que respiramos. ¿Quizá hace falta una mayor labor de difusión del trabajo que desarrolla?
R.– Es verdad que el CIMA es mucho más que la medición del aire que respiramos, si bien otorgamos una importancia capital a la Red Automática de Vigilancia y Control de la Calidad del Aire de Cantabria porque, a la postre, estamos hablando de medio ambiente pero también de salud. Pero es igualmente muy importante la labor de nuestro laboratorio de calidad –uno de los emblemas del centro–, y el trabajo que desempeñamos en el ámbito de la información y educación ambiental, voluntariado, etc., con programas como el Centro de Documentación y Recursos para la Educación Ambiental de Cantabria (Cedreac) y el Programa de Educación Ambiental y Voluntariado de Cantabria (Provoca).

P.– Desde su organismo han hecho un esfuerzo por acercar la información ambiental al ciudadano a través de diferentes páginas y plataformas en internet. Sin embargo, la lectura e interpretación de los datos que ofrecen no están siempre al alcance de todos. ¿No es un poco tratar de matar moscas a cañonazos?
R.– Puede ser. Somos conscientes de que la información ambiental es árida. Y que muchas veces hay que traducirlo. Por eso tratamos de emitir mensajes claros a través de la página corporativa del CIMA, que es más asequible y digerible para el ciudadano de a pie. Por otro lado, también apostamos en los últimos tiempos por las redes sociales, donde se lanzan píldoras de información ambiental en formatos populares y de fácil comprensión; e incluso, vinculado al Cedreac, tenemos nuestro propio canal de YouTube con mensajes de información ambiental. Con todo ello creo que seremos capaces de comunicar mejor lo que queremos.

P.– ¿Cómo calificaría la calidad de las aguas en Cantabria?
R.– Ha experimentado un cambio brutal. Recuerdo cómo era la calidad de las aguas de Cantabria hace veinte años y es evidente que ha mejorado mucho gracias a los esfuerzos de los ayuntamientos y del Gobierno regional para habilitar infraestructuras. Aquí también ha sido importante la labor de investigación de laboratorios como el del CIMA. Dicho esto, es claro que todo es mejorable. Seguramente tenemos un problema todavía en el mundo rural con muchos núcleos muy pequeños y muy aislados pendientes de depurar sus aguas residuales. Conseguir la depuración de todos estos pequeños núcleos es sin duda un reto. Y aquí, pensado en nuevas soluciones, hay que hablar de biotecnología, un campo en el que ya existen experiencias de fitodepuración de aguas residuales en las que ya participamos y en las que se puede seguir trabajando en los próximos años. A todo esto, hay que recordar que la competencia en este capítulo corresponde a la Consejería de Obras Públicas, con la que trabajamos de la mano aportando nuestro granito de arena.

P.– ¿El riesgo de contaminación en Cantabria viene más por tierra (industrias y vehículos a motor), mar (transporte marítimo) o aire (tráfico aéreo)?
R.– Los focos emisores son múltiples. Los principales son el tráfico rodado y los centros productivos, pero al final todos, incluidos los edificios y los hogares, contribuimos a esa contaminación. Con todo, creo que el mundo de la empresa en Cantabria, la industria y otros sectores productivos han hecho un esfuerzo muy importante en los últimos años para reducir esas emisiones y adaptarse al cambio. Está claro que la adaptación inherente a la transición ecológica es algo muy fácil de decir, pero muy complicado de hacer.

P.– Ya que lo cita, para preservar el medio ambiente los expertos abogan, entre otros objetivos, por incorporar mejores técnicas industriales en las empresas. ¿Lo están cumpliendo?
R.– Totalmente. La empresa de Cantabria es una empresa responsable. En este sentido, también reconozco la labor de organizaciones como la CEOE y la Cámara de Comercio, que a través de sus distintos foros medioambientales les asesoran en este proceso. Muchas empresas tienen autorizaciones ambientales e implantados sistemas de gestión ambiental e, incluso, otras que en el marco de la responsabilidad social corporativa llevan a cabo actuaciones ambientales. Pero como es lógico hay empresas más ejemplares que otras. Y en este camino, Gobierno y empresas debemos caminar juntos. De hecho, colaboramos con ellas, a través de distintas líneas de ayuda, en ese proceso de adaptación y transición ecológica hacia una economía más sostenible. No obstante, como no todo es de color de rosa, cuando las empresas incumplen, ahí está la Administración y el vigilante para actuar.

P.– ¿Qué nos falta entonces para que Cantabria sea realmente verde?
R.– Cantabria es verde, pero lo podría ser más. Es una comunidad extraordinaria. Tenemos numerosos espacios naturales protegidos y están en camino las declaraciones de otros nuevos parques. Somos un paraíso, pero evidentemente también tenemos riesgos. Por eso, desde organismos como el CIMA debemos estar vigilantes para que los impactos que genera la propia vida en las ciudades y los pueblos, la actividad industrial y el transporte no impidan que Cantabria siga siendo verde. Desde este centro y desde la Consejería vamos a seguir velando por el cumplimiento de la normativa medioambiental que, en términos generales, se está cumpliendo. Se puede decir que el comportamiento de empresas y personas es bueno en general y que cuando se produce algún incumplimiento, que claro que lo hay y seguirá habiendo, entra en vigor la ley y la Administración. En este sentido, quiero poner en valor el trabajo de organismos como el nuestro para ayudar al Gobierno de Cantabria a que la comunidad siga siendo infinita, también desde el punto de vista ambiental.

Tomás Dasgoas, presidente de la Federación Cantabria Metal (FCM), reivindica en esta entrevista el papel de su organización para contribuir a la mejoría de un sector que, pese a la crisis, asegura que mantiene unos niveles altos de empleo y negocio y que cuenta con proyectos de inversión muy importantes para relanzar la economía regional.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Noviembre 2021

Pregunta.– Hace unos meses decidieron dar un nuevo impulso a una organización creada en 2007 pero que llevaba años dormida. ¿Por qué?
Respuesta.– El impulso viene dado por el interés de los diferentes presidentes de las asociaciones que conforman esta federación –Asiecan, Acemetal, Energía Cantabria, Asecove y Acometal– en algo tan importante y tan trascendental para las empresas del sector como es la negociación de los convenios colectivos del Metal y del Comercio del Metal, que están vencidos. Este es uno del principales objetivos de la FCM que motivaron su reactivación. También está el contar con una asociación que busque mejorar la situación actual de la industria del metal en Cantabria.

P.– Asegura que los empresarios del metal necesitan un referente sectorial representativo y solido que sepa defender sus intereses. ¿Este papel no lo cumple ya Pymetal Cantabria, la patronal más representativa del sector? ¿Quieren discutir esta representatividad?
R.– La representación de Pymetal no la discutimos, porque es un hecho; lo que sí discutimos o no compartimos es que represente los intereses del sector. De hecho, no organiza, que nosotros conozcamos, ninguna acción que favorezca la relación entre las empresas. Su labor está más enfocada hacia su actividad formativa, que no deja de ser parte de un negocio, y a seguir conservando esa representatividad que le da el poder de negociar el convenio en nombre de un sector al que, a nuestro juicio, no defiende.

P.– Aboga por definir bien cuáles son las necesidades del sector. Le escucho.
R.– Las necesidades del metal no son muy distintas a las del resto del sector industrial en Cantabria. Le recuerdo, en este sentido, que la FCM es una asociación que está integrada en la CEOE, al igual que el resto de asociaciones que pertenecen a la federación, porque creemos que la Confederación es el máximo exponente de la representación de la patronal en la región. Pymetal no lo entiende así y por eso no está dentro de la CEOE. Nosotros, por nuestra parte, queremos tener asociaciones unidas y no alejadas en sus acciones. En la reunión de seguimiento de la Alianza por la Industria expondremos las condiciones para mejorar la situación del sector y contribuir al mantenimiento del empleo y la creación de nuevos puestos de trabajo. ¿Cuáles son las necesidades? Entre ellas, una histórica reivindicación que es la agilidad en la gestión administrativa, tanto en la obtención de licencias como en los trámites burocráticos que hacen que nuestra actividad se ralentice. Además, está la necesidad, de regular los costes energéticos, que es trascendental. Sabemos que un gobierno como el de Cantabria poco puede incidir en esa mejora, pero tiene la obligación de al menos mediar ante el Gobierno de España. Porque los precios a los que ahora mismo la industria está pagando la energía nos dejan fuera de cualquier competitividad en Europa.

Tomás Dasgoas, presidente de la Federación Cantabria Metal, en un momento de la entrevista.

P.– Asimismo reclama abordar los retos futuros de forma conjunta en una comunidad poco acostumbrada a grandes colaboraciones. ¿Qué propone para superar el tradicional individualismo que ha caracterizado al tejido empresarial cántabro?
R.– Pues cosas tan básicas como las que vamos a empezar a hacer este mes de octubre: encuentros mensuales entre una empresa tractora de la región y otras ocho de diferentes tamaños para compartir opiniones y experiencias sobre la actual situación coyuntural de incremento de los precios de las materias primas, escasez de componentes… Pretendemos conocer cómo gestionan cada una de ellas estas cuestiones para poder extraer de ahí una especie de manual de buenas prácticas. Creo que es positivo que haya ese interés en compartir información, prácticas y consejos sobre cómo actuar ante estas situaciones. Mes a mes iremos planteando la participación de nuevas empresas, lo que sin duda nos permitirá que sus directivos y responsables de producción se conozcan entre sí y crear en consecuencia una red de contactos y de relaciones que nos permita generar sinergias.

P.– ¿Cómo se presenta la próxima negociación de los dos convenios colectivos aplicables en el sector –Metal y Comercio del Metal– que regulan las relaciones laborales de más de 30.000 empleados en la región?
R.– Los convenios están vencidos y la mesa de negociación está ya denunciada. La FCM no va a poder participar en esta ocasión porque no tiene la representatividad reconocida. Pero del mismo modo que ahora va a haber tres sindicatos en la negociación, no entendemos por qué no puede haber también dos representantes de la patronal. Creemos que tenemos suficiente representatividad para al menos estar sentados, aunque está claro que no se nos va a invitar. En cualquier caso, esperamos poder conseguir la representación necesaria para que en el siguiente convenio sí podamos estar sentados en la mesa y contribuir a la mejoría del sector.

P.– La industria metalúrgica cántabra ha sido históricamente uno de los sectores más fuertes y con un mayor peso en la economía regional. Tras la recesión económica de 2008, el sector llevaba años tratando de recuperar la fortaleza anterior cuando llegó la pandemia. ¿Cómo les ha afectado esta crisis?
R.– Esta crisis ha vuelto a demostrar la fortaleza de la industria del metal como un sector que prevalece. Me explico: en el año 2008 hubo una crisis fortísima y las empresas del sector industrial y del metal no solo sobrevivieron, sino que generaron exportación y crearon o mantuvieron empleo. Ahora, en la crisis de la covid, las empresas del metal siguen manteniendo unos niveles de empleo y de negocio altos y con unos proyectos de inversión muy importantes que pueden contribuir a que el futuro de Cantabria sea aún mejor del que es actualmente.

P.– Algunos expertos lamentan que la industria en Cantabria siempre ha estado en un segundo plano y que los responsables políticos solo se acuerdan de ella cuando existe el riesgo de cierres o deslocalizaciones. ¿Qué hace falta para que los inversores industriales se fijen en la región?
R.– Es cierto. Ahora en la CEOE el sector industrial ya cuenta con una alta representatividad en el comité ejecutivo y tomamos parte de las soluciones. ¿Qué hace falta? Como decía antes, es necesario una mayor agilidad por parte de la Administración para facilitar la creación de nuevos centros productivos o la ampliación de los ya existentes. Por desgracia, hay ejemplos de empresas que han querido instalarse en Cantabria y por los plazos administrativos tan largos han optado por buscar localizaciones en otras comunidades. Por otro lado, no tenemos desde hace muchos años una imagen hacia la sociedad que realmente transmita los valores de la industria y lo que representamos para la economía regional. Lejos de eso, somos visto como los que contaminamos y generamos problemas cuando, en realidad, la industria del metal es la que está creando empleos de mayor calidad y estabilidad y donde las inversiones conllevan grandes periodos de permanencia en la región. Es difícil deslocalizar empresas de nuestro sector.

P.– La Confederación Española de Organizaciones Empresariales del Metal (Confemetal) reclamaba hace unos días terminar con la “crónica inestabilidad regulatoria” del sistema energético español, para lo que pedía el diseño de un nuevo modelo que favorezca la competitividad industrial y se aleje de las decisiones de carácter político. ¿Comparte esta visión?
R.– Por supuesto. Creemos que es fundamental que se aborde un cambio en este sentido.

P.– La rápida recuperación de la demanda ha triplicado en los últimos meses los precios del acero. ¿Considera que esta escalada es algo coyuntural o que ha venido para quedarse?
R.– Los precios de las materias primas, no ya solo del acero, sino también de la madera o de los plásticos, han experimentado un incremento muy importante. Y creo que ese nivel de precios se va a mantener durante muchísimo tiempo. Difícilmente vamos a ver en el corto plazo bajadas de precios a niveles conocidos no hace mucho. Por tanto, es una realidad con la que ya todos tenemos que empezar a convivir. Es evidente que este aumento está haciendo caer los resultados de las compañías. Todo esto va contra el margen empresarial porque es casi imposible trasladar en el corto plazo estos precios a los clientes. Y, en consecuencia, plantea dificultades para crecer, invertir y mejorar las condiciones de las empresas. Esperemos que el mercado se vaya adecuando a esta realidad y podamos ir actualizando los precios. Lo que es claro es que esta escalada de precios se va a trasladar finalmente al consumidor, que somos todos.

P.– La transformación digital se presenta como el reto más importante para la competitividad de las empresas metalúrgicas. ¿Cómo ve esa evolución de la industrial tradicional a la industria 4.0?
R.– Antes se veía como una necesidad; ahora es una obligación que está siendo una realidad. Todas las empresas estamos abordando esta transformación. Ahora nadie discute si es o no necesario. Es posible que aún tardemos años en hacer un buen uso de estas herramientas digitales, pero es cuestión de adaptarse a ellas y de saber cómo utilizarlas.

P.– La especialización y la internacionalización aparecen igualmente como dos aspectos claves para el desarrollo del sector. Sin embargo, junto a la grandes empresas del metal, el sector también está cuajado de talleres de pequeño y mediano tamaño a los que no les resulta tan fácil acceder al mercado exterior. ¿Cómo se puede superar esas dificultades a salir fuera?
R.– La internacionalización no tiene que ser una obligación, tiene que ser una oportunidad. No todas las empresas tienen que exportar. Si una organización entiende que su producto es exportable, entonces lo tiene que acometer, pero se puede vivir en un sector como el de la industria del metal sin exportar. Existen multitud de empresas que no son exportadoras pero sí muy importantes y necesarias para la cadena de suministro de otras empresas de la región. Por eso, precisamente, la Federación Cantabria Metal busca que estas empresas más pequeñas participen en encuentros y proyectos donde, además de compartir información, puedan hacer valer su posición en esa cadena de suministros tan necesaria.

P.– La falta de profesionales cualificados es otro de los tradicionales problemas que afecta al sector. Pese al alto grado de inserción de los estudios relacionados con la fabricación mecánica, sigue faltando mano de obra. ¿A qué achaca esta falta de interés por este tipo de trabajos?
R.– Creo que existe una falta de interés por tener en la sociedad lo que antes se llamaban los oficios. A la gente cada vez le importa menos tener un trabajo en el que desarrollar una carrera profesional. Es verdad que son generalidades, pero cada vez vemos más currículos de personas que han trabajado por ejemplo de soldadores, pero también en empresas logísticas, en hostelería… Muchos no crean una carrera profesional sobre un sector concreto. Trabajan donde más le interesa en ese momento porque les pagan más o porque se da la casualidad de que hay trabajo. Existe poca gente formada pero es que existe poca gente que quiera trabajar. Y no conseguimos en ningún sector cubrir las necesidades de los puestos de trabajo. Y esto, que parece incongruente y que va en contra de la realidad del número de parados que existe en nuestro país, está sucediendo. El Gobierno dice que envidia las tasas de paro de otros países, que pueden rondar el 5 o el 6%. Pero cada vez que en Cantabria te acercas a tasas de paro por debajo del 11% no encuentras personas para trabajar. Esa es la realidad. A esto se suma el hecho de que durante muchos años la sociedad no ha dado valor a la FP y a los estudios técnicos, cuando resulta que prácticamente todos los jóvenes que optan por esta formación encuentran trabajo. Para bien o para mal, los valores de la sociedad han cambiado. La gente cada vez aprecia más la salud, el tiempo libre o el deporte, aspectos que parece que van en contra de estas profesiones. No se cómo explicarlo, pero es así. La juventud no da ya tanta importancia al puesto de trabajo y prefiere que su ocupación esté más relacionada con sus hobbies y hábitos de vida.

P.– Los fondos europeos están llamados a ser la oportunidad histórica para la reindustrialización de España. ¿También de Cantabria?
R.– Los fondos europeos están llamados a ser el gran fracaso de España. Porque después de todo el tiempo que llevamos hablando de ellos, todavía no conocemos ni cómo ni cuándo ni a quién se les van a dar. Solo sabemos una cosa: que a la gran mayoría de las empresas españolas, que son las pymes, no les van a llegar. Y las grandes, que pueden generar tracción con sus inversiones, a día de hoy aún no saben ni cuándo ni cómo se les van a conceder. Y hay muchas empresas en Cantabria con proyectos ciertos que ya veremos cuáles se benefician de estos fondos europeos. Ahora mismo, yo no conozco ninguno que tenga la garantía de que vaya a ser aceptado por estos fondos. Y el tiempo se está acabando. Por eso digo que va ser el gran fracaso. En otros países, como Francia, Italia o Alemania, ya hay empresas que han recibido ayudas de esos fondos y aquí en España no conozco a ninguna. No sé a qué están esperando.

P.– El Gobierno ha anunciado que el esperado Pacto de Estado por la Industria, que ya tiene borrador, esté listo antes de fin de año y, con él, una nueva Ley de Industria que sustituya a la anterior de 1992. ¿Confía en que esta sea la apuesta definitiva para sacar a la industrial del cajón del olvido?
R.– No, porque no se está trabajando en colaboración con el empresariado ni con la CEOE. Ni tampoco se están atendiendo las necesidades reales. Entiendo que se priorizará los temas ideológicos y partidistas de los partidos que sustentan al gobierno. Por tanto, mientras no se haga de una manera consensuada con todas las partes interesadas en que esta ley sea realmente una norma transformadora, creo que se quedará en algo partidista.
De otro lado, creo que la sociedad española no está aprovechando o entendiendo el momento en el que estamos. Y vamos a dejar escapar la oportunidad de hacer una transformación real del tejido industrial en España. En alguna otra ocasión, podíamos echar en falta la financiación, pero ahora no. Con todo, soy optimista porque, pese a todo, el sector industrial ha demostrado que sabe hacer valer sus buenas prácticas y su conocimiento. Las necesidades de trasformación a nivel mundial en temas de energía, logística y movilidad van a permitir que existan oportunidades, que no sé si se van a saber aprovechar si continúan los actuales enfrentamientos y la visión partidista. Si no conseguimos cambiar esto a corto plazo, no vamos a ser capaces de aprovechar esa oportunidad.

Francisco Javier López Marcano, consejero de Industria, analiza en esta entrevista las fortalezas y riesgos de la industria regional, un sector con el que asegura va de la mano y que, a su juicio, está demostrando una sorprendente capacidad de generar nuevas iniciativas. Aboga por desterrar personalismos y por construir consensos, y defiende la importancia de las grandes empresas, aunque reconoce que no son tiempos propicios para su implantación. Afirma que trabaja para crear cuatro millones de metros cuadrados de suelo industrial y confía en que las máquinas entren en La Pasiega antes de que finalice esta legislatura. Destaca el potencial del sector sociosanitario y apuesta por jugar un papel clave en la industria del hidrógeno. Dejado atrás ya el tiempo de los ERTE, augura que el próximo año será el de las ejecuciones de proyectos y sostiene que Cantabria seguirá siendo un destino turístico seguro, saludable, natural y, por ende, preferente. Eso sí, siempre que el cielo no nos juegue una mala pasada y lleguen vacunas. ¡Que lluevan vacunas!, reclama.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Junio 2021

Pregunta.– Tras más cinco años alejado de la primera línea política regresa para hacerse cargo de un departamento que no le es en absoluto ajeno, pero al que en esta ocasión se añade de forma singular la industria regional. ¿Percibe que le van a exigir más en esta nueva responsabilidad que en otras como el turismo, un sector al que ha estado más íntimamente ligado?

Respuesta.– Debo aclarar que soy una persona muy autoexigente y que soy consciente de la enorme responsabilidad que he asumido. No diré que mi primer juez voy a ser yo, pero se aproxima muchísimo a la realidad. Estoy convencido de que hay que echar el resto en beneficio de un sector que tiene una enorme pujanza histórica en una tierra de vocación industrial contrastada. Por eso, mis esfuerzos estarán como mínimo en consonancia con la importancia que la industria representa para nuestro PIB, que actualmente está en torno al 22%. Nuestra intención es incrementarlo hasta el 24% a lo largo de esta y la próxima legislatura. Mi reto personal es esforzarme en estos dos años que restan como si fueran los cuatro de una legislatura ordinaria.

P.– Pese a que la industria alimentaria tiene un importante peso específico dentro del sector industrial de Cantabria, su gestión es competencia de otra Consejería. Aunque sea liderada también del PRC, ¿no lo considera una cierta incongruencia?

R.– Es una competencia del Gobierno, que es lo más sustantivo. Sí que es cierto que esta parcela en el día a día puede generar situaciones de difícil gestión, pero no es menos cierto que cuando un Ejecutivo cuenta en estos dos aspectos con consejeros de la misma adscripción política todo resulta más fácil. Por si eso fuera poco, los dos consejeros titulares somos vecinos y tenemos una buena relación.

P.– También es muy destacado el papel de la industria auxiliar de la automoción, un subsector en el que Cantabria cuenta con empresas altamente competitivas pero que dependen absolutamente de las decisiones que adopten las grandes multinacionales, todas ellas localizadas fuera de la región. Ante esta realidad, ¿qué papel puede desempeñar el Gobierno cántabro, además de dar ayudas?

R.–  Son los rigores de la globalización. Las decisiones son en ocasiones globales y hay puntos importantes, sobre todo en ese mapa europeo, pero también tiene sus ventajas. Hay un papel que no nos resignamos a dejar de jugar que es el de la demanda permanente conjuntamente con el sector. Hay que equilibrar las reglas de juego porque el mercado de componentes del automóvil es un mercado global que va dirigido a las grandes marcas. Dicho esto, que las grandes decisiones a veces se tomen fuera de Cantabria es como mínimo una incomodidad. Más allá de las ayudas, los responsables del Gobierno deben ser la voz de estas empresas y un interlocutor válido de sus demandas ante el Gobierno de España. Nosotros no decimos no sistemáticamente a sus proyectos de emprendimiento e innovación por más que esos mercados y las empresas matrices estén fuera de la región.

P.– Las escasas grandes industrias que hay en Cantabria son las mismas desde hace décadas, aunque en ocasiones hayan cambiado de nombre: Solvay, Dinasol, Sidenor, SEG Automotive, Armando Álvarez, Global Steel, Ferroatlántica… ¿Le preocupa la dependencia que existe de estas compañías, que en su mayor parte son las que obedecen a lo que conocemos como industria tradicional o la vieja economía?

R.– Me preocupa más que el cambio de nombre la causa que lo motiva, que es el cambio de propietarios. Resulta doloroso para un consejero de Industria muy arraigado a su tierra que las grandes decisiones se tomen en China o en Alemania porque sus propietarios son chinos o alemanes. Sin embargo, nuestras grandes empresas también tienen autonomía para tomar decisiones y están en una fase de elaboración de proyectos que a mí me ha sorprendido muy gratamente. Dicho esto, no cabe duda de que son una seña de identidad de nuestro tejido industrial, integrado en un 90% por pymes y micropymes. Los tiempos, de todos modos, no son propicios para la implantación de grandes empresas. Eso pertenece más, salvo casos excepcionales, a épocas pretéritas.

Francisco Javier López Marcano, consejero de Industria, Turismo, Innovación, Transporte y Comercio

P.– Precisamente una de ellas, Solvay, necesita sacar adelante su plan de transición energética para garantizar su continuidad. El Ejecutivo regional ya ha anunciado que brindará su apoyo para facilitar este proceso, que suma una inversión prevista de más de 120 millones de euros, pero ¿cuál es la postura de Madrid y de Bruselas?

R.– El proyecto de Solvay es modélico, ejemplar. No solo por la fuerte inversión que conlleva sino también porque se adapta perfectamente al Acuerdo de París y a las exigencias en este ámbito de 2030 y 2050. Supone la eliminación de 170.000 toneladas al año de gases de efecto invernadero. Y nosotros vamos de la mano con la empresa. Estamos al tanto y seguimos sus pasos, desde el propio presidente, que ha liderado esas demandas ante el Estado, hasta la última persona de esta consejería estamos empeñados en ser la voz y el brazo armado de la necesidad de ese proyecto para esta empresa de larguísima tradición y una de las grandes de nuestra economía.

P.- Precisamente, en esta transición energética el hidrógeno verde está llamado a ser una pieza clave. España aspira en su conjunto a producir el 10% del total de la UE y a desarrollar toda la cadena de suministro. ¿Cantabria también va a jugar en esta liga?

R.– No solo queremos jugar la Liga, queremos jugar la Champions. Hemos puesto en marcha una iniciativa, que es la Plataforma del Hidrógeno de Cantabria (PH2C), a la que ya se han adherido 46 o 47 entidades que representan a nuestro tejido industrial, tecnológico y económico. Todas las grandes empresas forman parte de esta plataforma, empeñadas en sacar adelante sus proyectos en Castro Urdiales, Torrelavega, en el área de Santander y en otros muchos lugares de la geografía regional. Queremos cumplir esos parámetros; secundamos esos proyectos y hemos firmado manifestaciones de interés PH2C cuando así se nos ha requerido, siendo copartícipes y aliados de las empresas promotoras de estos proyectos. Si me pidiera un resumen de lo que va de legislatura, la Plataforma del Hidrógeno aparecería en los primeros lugares de logros conseguidos.

P.– Hay consenso en que el coste de la energía lastra la competitividad de la industria no solo en Cantabria, sino en toda España. ¿De verdad no puede hacerse nada desde la administración regional?

R.– Es una pregunta querida (se ríe). Tiene que ver mucho que ver con la Alianza por la Industria, con la imperiosa necesidad de implantar herramientas que equilibren esas diferencias porque, como ya he comentado antes, el mercado en que se mueven nuestras empresas va mucho más allá de nuestras fronteras. En alguna ocasión he aludido a la diferencia existente entre la Europa unida y la de los mercaderes. Y a veces esas diferencias se aproximan mucho más a esta última Europa.

P.–En el proceso de liquidación de Sniace parece que hay algún comprador interesado en quedarse con la fábrica, ya sea en todo o en parte. ¿Realmente existe esta posibilidad? Se lo pregunto porque con los antecedentes de esta empresa solo cabe ser escéptico.

R.– El objetivo es que ese privilegiado espacio productivo de Sniace siga funcionando como tal. Nos encontramos en un momento decisivo de ese larguísimo proceso. Hace unos días se ha abierto el plazo del plan concursal para que los posibles licitadores presenten sus ofertas. A lo largo de estos meses he ido conociendo el interés de distintos grupos no solo por adquirir la empresa sino también por hacerla rentable. Y he conocido proyectos diversos, unos que mantienen todas las unidades productivas que pueden resistir las reglas del mercado en la actualidad, y otros que incorporan fórmulas mixtas, como por ejemplo algunas vinculadas con el hidrógeno. En cualquier caso, es una imperiosa necesidad para Cantabria en general y muy en particular para Torrelavega y su comarca que ese polígono industrial, conectado por autovía y tren y a quince minutos del Puerto de Santander, vuelva a funcionar.

P.– Crear suelo industrial en Cantabria nunca ha sido una tarea fácil. ¿Qué relación existe actualmente entre la oferta y demanda de suelo? ¿Baraja algún uso o alternativa para la extensa superficie que dejará libre Sniace, incluso en el hipotético caso de que la fábrica vuelva a funcionar?

R.– Nosotros estamos trabajando en estos momentos por poner a disposición en torno a cuatro millones de metros cuadrados de suelo industrial. No solo los dos millones del Llano de la Pasiega, sino también los 515.000 metros cuadrados del polígono de Laredo; los más de medio millón de Los Tanagos y de La Hilera, la ampliación del polígono de Castro… Y a todo eso hay que añadir que quedan parcelas en Morero y en Marina de Cudeyo… No tengo ninguna duda de que una vez terminemos las tramitaciones, que son costosas y laboriosas, esos polígonos se van a llenar. Estamos en el momento procesal oportuno en este y en los próximos años para llenar esos espacios industriales y no descarto que en los próximos meses vayan produciéndose buenas noticias.

P.– A las diferentes administraciones, y no solo a ésta, siempre se les ha achacado que buscan un gran proyecto (GFB, Haulotte, Nestor Martin, la reapertura de la mina de Reocín…) que casi siempre acaba mal. ¿La Pasiega es uno de esos grandes proyectos que no llega a ningún lado?

R.– Han acabado mal o no han acabado, porque algunos aún continúan. La Pasiega se encuentra en el mejor momento conocido. Hasta finales de este mes estará en exposición pública y tenemos un calendario que es muy posible que podamos cumplir y que antes de que finalice la presente legislatura nos dé alguna satisfacción. En cualquier caso, en este largo itinerario de tramitación de La Pasiega, que se inicia hace muchos años y que fue suspendido en 2013 –hubo un Gobierno que tardó dos años, de 2011 a 2013, en decidir la suspensión– nos encontramos en el momento más avanzado. Tengo que confesar que el día que el expediente de La Pasiega salió de esta consejería con dirección a Obras Públicas me sentí muy satisfecho. Y eso supuso, junto con la muy estrecha colaboración de esta otra consejería, la aprobación inicial que creo recordar fue el 9 de abril. El mejor de los calendarios es que haya máquinas en el Llano de la Pasiega antes de que acabe la legislatura. Eso sería extraordinario.

P.– En términos industriales, ¿qué espera de los fondos europeos de recuperación? En este sentido, ¿no teme que, dado que la mayoría del tejido industrial cántabro está integrado por pymes con muy poca estructura y escasa capacidad para moverse por los laberintos burocráticos, al final haya menos proyectos que dinero, y que éste termine por perderse?

R.– Tengo un sentimiento doble. Por una parte, me preocupa la incertidumbre y la ambigüedad sobre la distribución de esos 70.000 millones de euros destinados a proyectos. En este momento no sabemos aún si su selección y, por tanto, la distribución de fondos va a estar o no centralizada, ni si todos los ministerios se van a comportar de igual manera. No sabemos tampoco cómo se van a resolver los PERTES (Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica), los fondos de los Next Generation… Hay incógnitas que deberán ir resolviéndose en los próximos meses. De otra, tengo una fe de mucho peso en los extraordinarios proyectos que están presentando las empresas interesadas. Empresas que no son una isla y que conocen muy bien el funcionamiento y requerimientos de la Administración a las que nosotros apoyamos desde el primer minuto procesal. En nuestro ánimo, además, está el seguir ese recorrido conjuntamente con ellas. De todas formas, estoy firmemente convencido de que algunos proyectos deben ejecutarse con o sin fondos europeos, verbigracia La Pasiega.

P.– En muchos foros económicos se apunta al enorme potencial que presenta el sector sociosanitario en Cantabria. ¿Qué hace falta para que esta previsión se concrete y qué argumentos tiene que hacer valer la región para que finalmente pueda conseguirlo?

R.– Estoy totalmente de acuerdo que tiene mucho poderío. Esta fortaleza del sector sociosanitario entronca directamente con una de las direcciones de esta consejería, que es la del turismo de salud. En los tiempos actuales, las personas buscan destinos seguros y saludables y, en ese ámbito, Cantabria, liderada por el buque insignia que es Valdecilla, tiene que mostrar su poderío industrial. Hay que tener en cuenta que desde Sodercan tenemos una línea de ayudas dirigida no solo a las TIC y la creación e internacionalización de las empresas, sino también a la salud. Creemos firmemente en el Clúster de la Salud del que formamos parte.

P.– Usted ha anunciado que el próximo cuatro de junio se constituirá la Alianza por la Industria que servirá para fijar “objetivos comunes” de lo que debe ser el futuro de la comunidad autónoma en este ámbito. ¿Nace con el consenso de todos los implicados –Gobierno regional, grupos parlamentarios y agentes sociales y económicos–?

R.– Sí. Hace tiempo que lo pusimos en manos de todos los grupos parlamentarios. Nace como un ejercicio de fe en el consenso. Los individualismos en la época que vivimos no conducen a buen puerto. Sabemos que es un documento que tiene contenidos, pero que su espíritu corre el riesgo de quedarse en una declaración de intenciones, en una aventura que tiene un inicio feliz pero que luego, si no la gestionas, puede conducir a la nada. No tenemos esa voluntad. Tenemos la de buscar acuerdos y consensos y de eso es fiel reflejo esta Alianza por la Industria, como también lo son los acuerdos a los que intentamos llegar con otras comunidades autónomas vecinas. Creo que por principio y por también mi concepción de la gestión pública tenemos que ser una consejería a la escucha y los problemas y necesidades de la industria, del turismo, del comercio, del transporte y de la innovación.

P.– Asegura que sobre la mesa de su despacho se acumulan proyectos de empresas “dinámicas” de la región que, de materializarse en un 70 u 80% de los casos, contribuirán a un futuro de prosperidad y riqueza.

R.– Estoy convencido de que va a ser así. También estoy convencido del riesgo que entraña este tipo de afirmaciones que dependen de muchas cuestiones. En los últimos días suelo enriquecer la explicación. Siempre he dicho que si se cumple ese porcentaje, nos esperan tiempos de prosperidad. Luego también he añadido siempre que han de ejecutarse antes del 2025, porque de lo contrario no los ejecutaremos antes del 2040. Pero, como le decía, ahora lo expreso de otra manera. Si lo que se presentaba el pasado año en esta y otras consejerías eran ERTE, en 2021 son proyectos, el próximo año serán ejecuciones y en 2023 realidades. Este es el calendario que creo debe cumplirse para fortalecer el peso de nuestra industria.

P.– Igualmente, sostiene que de los 19 proyectos eólicos en tramitación solo prosperarán los que sean “sumamente respetuosos con la ley, con el paisaje y con el medio ambiente”. ¿Conoce ya cuáles son?

R.– No. Como sabe, hay proyectos de tramitación autonómica, hasta 50 MW, y a partir de ahí otros de tramitación estatal. A esto siempre añado que nuestro plan de sostenibilidad energética, otra de las buenas noticias de esta legislatura porque ya ha salido a exposición pública, solo contempla 700 MW de eólica terrestre y otros 50 de eólica marina. Si esos 19 proyectos suman del orden de 1.700 MW, es una obviedad que no todos van a salir. Pero el objetivo general es cumplir la legislación, como los estados miembros de la UE también tienen que cumplir la suya, y contribuir a mejorar los datos de producción eólica que hay en España.

P.– Augura que el mayor problema que va a tener Cantabria este verano en términos turísticos es que quepamos todos. ¿Realmente lo piensa así?

R.– (se ríe). Bueno, no sin antes afirmar que las mayores crisis del turismo vienen de arriba, cuando llueve. Eso es lo peor que nos puede suceder en años normales y en circunstancias normales. Lo peor que nos puede suceder ahora es que no estemos vacunados, un extremo que no se va a producir porque ya en estos momentos tenemos unos datos de vacunación muy superiores a la media española. Cuando acabe junio, este porcentaje de vacunados va ser muy elevado, como también será muy relevante el de inmunizados. Eso aporta tranquilidad. Cantabria es un destino preferente. En 2020 ya fuimos junto con Asturias la comunidad con mayor ocupación de España. Somos un destino saludable, seguro, natural y que conjuga tantísimas fortalezas que es imposible encontrar en el mundo otros 5.300 kilómetros cuadrados con tamaña variedad turística. Yo no soy un consejero estático. Cuando puedo, recorro la región y además hago semanalmente mis muestreos sobre cómo están las reservas, los alquileres, incluso las compras de vivienda y tengo mucha fe en que esto va a ser así. Si no llueve y hay vacunas. ¡Que lluevan vacunas!

P.– ¿El turismo ya no será nunca como antes del covid? ¿Y el comercio?

R.– Nada va a ser como antes. Ni el turismo ni el comercio. Esta crisis nos ha cambiado la vida, no solo los hábitos de trabajo y de conducta, sino también el urbanismo, la arquitectura, la demanda de espacios verdes y abiertos… Un hostelero me decía que un alto porcentaje de las personas que entran a un bar a una cafetería a partir de las diez de la noche lo hace para comprar tabaco. Eso antes era impensable. El ocio nocturno se ha ido adaptando en los lugares que ha podido adaptarse, que no son todos. Los hosteleros de la noche son supervivientes y saben mucho de su negocio. La hostelería se está adaptando porque está gestionada por profesionales que, como digo, conocen muy bien su negocio y hacen sus propios estudios y prospecciones. En la profesionalidad de nuestra gente hemos avanzado siglos en décadas. En el caso del comercio, diría que su futuro descansa sobre dos líneas fundamentales: conectividad y digitalización.