Cine en Cantabria: entre la anécdota y la industria

Los promotores de la recién creada plataforma de Productoras Asociadas de Cantabria de Cine y Audiovisuales (PACCA) quieren impulsar la región como plató cinematográfico y remover los obstáculos que a su juicio impiden un mayor desarrollo del sector en Cantabria, especialmente la escasa cuantía de las inversiones públicas en comparación con otras comunidades autónomas, lo que unido a la falta de una televisión autonómica resta competitividad frente a la oferta de otras comunidades autónomas, una desventaja que se agrava por no contar con una televisión autonómica que actúe como motor de la actividad. El presupuesto medio de un largometraje español, recuerdan, ronda el millón de euros, de los que en torno a la mitad se invierten en el lugar donde se rueda, implicando a empresas de varios sectores y a un amplísimo abanico de profesionales.

Sara Sánchez Portilla | Octubre 2020

El cine es la forma de espectáculo más frecuentada por los españoles, que el año pasado destinaron algo más de 614 millones de euros para adquirir entradas en las taquillas de alguna de las 3.695 salas que existen en España. De esa cantidad, algo más de un millón de euros se recaudó en Cantabria, una región que –como el resto de comunidades autónomas españolas– busca que esa vinculación con el séptimo arte vaya más allá de esa relación entre exhibidores y espectadores y alcance todas las vertientes de una industria que alienta la actividad de empresas muy diversas. Algunos de ellos, los más directamente vinculadas con la creación de contenidos, presentaron el mes pasado la plataforma de Productoras Asociadas de Cine y Audiovisuales (PACCA), que se plantea como objetivo impulsar la región como “plató natural” para rodajes y sentar las bases para el desarrollo de una industria cinematográfica local. Para ello, los promotores de PACCA consideran prioritario atajar las desigualdades que sitúan a Cantabria en posición de desventaja respecto a otras comunidades autónomas, con la gestión de las ayudas públicas como uno de los elementos más destacables.

Como una de sus primeras acciones, PACCA ha elaborado un informe de diagnóstico del sector, a partir del cual ha articulado una serie de propuestas con el fin de que la industria del cine en Cantabria sea “considerada”, según señala como objetivo inicial Marta Solana, presidenta de la región creada asociación: “Sentíamos que quizá no nos habíamos expresado bien, que no habíamos informado a los políticos sobre por qué era importante invertir en cine. Por lo que para poner en marcha nuestro objetivo tenemos que hacer una labor informativa para explicarlo y argumentarlo”. El informe elaborado por PACCA calcula que la industria del cine genera en España un total de 89.000 puestos de trabajo en 6.700 empresas, 300 de ellas productoras, como las siete que han formado la asociación presentada el pasado 11 de septiembre en el Centro Botín, coincidiendo con la celebración de la cuarta edición de la Semana Internacional de Cine de Santander. Entre los profesionales que forman parte de PACCA hay actrices, productores, cámaras, montadores, directores, guionistas, y locutores, en una muestra de la diversidad de perfiles que se implican en la elaboración de contenidos audiovisuales.

“Cuando se desarrolla un rodaje en la región es necesario contratar profesionales, lugares de hospedaje, alquiler de furgonetas… se genera una economía en torno a la cultura. Por lo que invertir en cine es invertir en Cantabria, desde el punto de vista económico y desde el punto de vista cultural”, destaca Marta Solana, que apunta algunas cifras: la cantidad media que se invierte en un largometraje español ronda el millón de euros, y el 50% de ese dinero se queda en el lugar donde se rueda. Cantabria, lamenta, apenas atrae rodajes y se queda, por tanto, al margen de ese mercado: “Hay que considerar el cine como industria, y en la actualidad no está considerada como tal, por lo menos en Cantabria”.

Alguno de los rodajes realizados en Cantabria por las productoras agrupadas en PACCA, que consideran que la región no aprovecha todo su potencial como plató natural debido a la falta de una industria audiovisual potente.

Para atajar esa situación, PACCA considera fundamental reformar el sistema de ayudas, por ser estas claves para sostener proyectos ambiciosos que, de otra forma, buscan otro lugar para salir adelante, produciéndose una fuga de talentos que, indica Marta Solana, podría evitarse: “Siempre hay una desventaja. Tenemos potencial, buenas ideas, pero esas ideas no se desarrollan aquí, en nuestra comunidad, porque esta no nos apoya. Y poner en valor el contenido audiovisual en Cantabria, a través de dinero público, que saque adelante proyectos y que a su vez venda Cantabria enseñándola por todo el mundo, es clave. Cantabria no se ve promocionada porque no invierte en el sector”, puntualiza  Solana.

Desequilibrio con la inversión pública de otras regiones

En el informe elaborado por PACCA se concluye que el sistema de gestión de las subvenciones culturales está “obsoleto”, y que las ayudas no sirven para competir con igualdad con otras comunidades autónomas, además de existir un claro desequilibrio entre las cantidades que contempla Cantabria y las que se destinan en otras regiones, algo en lo que también tiene un peso decisivo la existencia o no de una televisión autonómica. En Cantabria el Gobierno regional destina al sector audiovisual 180.000 euros anuales repartidos en su línea de subvenciones, que al ser compartida con el sector musical dejaría la cantidad final en 90.000 euros al año. El informe de PACCA compara esa cantidad con la que otras autonomías destinan a ese mismo concepto y a sus televisiones públicas, y que como media sería de unos 19 euros por habitante y año. Para estar a la altura de las 15 comunidades autónomas que cuentan con televisión autonómica, calcula el informe de PACCA, Cantabria debería destinar a su sector audiovisual 11 millones de euros cada año. La diferencia entre esa cantidad y los 90.000 euros que recibe de forma efectiva el sector explica, según las productoras cántabras, que en la región no haya podido desarrollarse una industria cultural potente y de calidad, lo que a su vez implica que sea más difícil atraer rodajes.

La existencia o no de una televisión autonómica no sirve solo como referencia para las inversiones públicas en una autonomía u otra, sino que alcanza a otras cuestiones que tienen una incidencia directa sobre el sector audiovisual, y que en opinión de Marta Solana suponen otro factor de desigualdad de Cantabria respecto a otras regiones: “La ausencia de una televisión autonómica genera la falta de producción propia o conjunta con otras televisiones autonómicas o nacionales para la producción o coproducción de series, documentales o películas de ficción. El que no haya una televisión pública, además, nos priva de la participación e inversión que, por ley, se debe destinar a esos contenidos audiovisuales”, apunta la presidenta de PACCA en referencia al 7% de los ingresos que las televisiones públicas están obligadas a destinar a la producción de contenidos propios. Desde la plataforma que agrupa a las productoras cántabras se considera que no contar con una televisión autonómica, junto con la falta de formación académica del sector audiovisual en la región, ha tenido como consecuencia una “huida masiva de los profesionales del sector” a comunidades como Madrid, País Vasco y Cataluña.  

Además de por su escasa cuantía, PACCA cree que la gestión de las ayudas tampoco contribuye a que estas sean eficaces. Considera especialmente perjudicial que no se contemplen ayudas a cortometrajes pero no a la producción de largometrajes y series, lo que perjudicaría a las empresas locales en lo estrictamente económico –por no poder contar con unos recursos que, de nuevo, sí existen en otras regiones– y porque el sistema de puntuación del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), al que el informe de PACCA señala como principal fuente de financiación para el cine nacional, valora el que el productor cuente con ayudas de su comunidad autónoma.

Otro aspecto que PACCA considera especialmente perjudicial dentro del actual sistema de ayudas es que estas dejan fuera a las coproducciones, siendo esta una de las formas de financiación “directa” de una película cinematográfica o un cortometraje. Permitir la coproducción, explica Marta Solana, implicaría una mayor capacidad para captar el interés de productoras nacionales, habituadas a buscar acuerdos y sinergias con empresas de diferentes comunidades, facilitando el desarrollo de producciones. A todo lo anterior habría que unir lo que el informe de PACCA califica como reparto ineficaz de las ayudas, que incluyen partidas tanto para la producción amateur como para la profesional, distribuyéndolas de una forma que, a juicio de los redactores del estudio, perjudica a esta última. “Queremos que el cine en Cantabria sea una realidad y no algo anecdótico”, indica la presidenta de la asociación, que considera que la región cuenta con argumentos para ser considerada un plató natural excepcional: “Tenemos a poca distancia tanto costa como montaña, lo que resulta extraordinario a la hora de elaborar contenido audiovisual. Además, que no se haya rodado apenas en la región hace que sea más exclusivo. Hay muchos lugares que el espectador nacional e internacional puede descubrir”, indica Marta Solana.

Las productoras cántabras agrupadas en PACCA cifran en 850.000 euros anuales el presupuesto en ayudas que podría servir para sacar adelante proyectos en la región, una cantidad a la que llegan atendiendo a lo que Cantabria se ahorra por no contar con una televisión autonómica y al importe que los entes televisivos públicos están obligados a destinar a la producción audiovisual, cifrada en un 7% de sus ingresos. La propuesta, que la asociación ha trasladado a los responsables políticos, incluye un desglose del destino al que podría destinarse esa cantidad. La partida más importante –540.000 euros– iría a la producción de largometrajes de ficción y documentales. Las ayudas al desarrollo de producciones –un concepto que engloba toda la tarea previa a la producción propiamente dicha– concentraría la mayor parte del resto, a razón de 80.000 euros para el desarrollo de largometrajes de ficción, otro tanto para el desarrollo de documentales y 40.000 para el desarrollo de contenidos televisivos. Según la propuesta elaborada por PACCA, a la producción de cortometrajes se destinarían 80.000 euros, 20.000 a ayudas a la distribución y 10.000 euros –la misma cantidad que actualmente– a las producciones amateur.

El objetivo último sería generar una  bolsa de actividad que permitiera el desarrollo de una industria. Con ello, recalca el informe, se rompería la dinámica actual, que desde PACCA se considera que es una de las principales razones para que Cantabria no desarrolle todo su potencial como lugar para el rodaje de producciones audivisuales: no hay profesionales ni empresas por no existir una industria, y la ausencia de esta hace especialmente complicado que una productora piense en la región para rodar, al no existir una estructura empresarial local capaz de prestar los servicios que demandan. En Cantabria, señala el estudio elaborado por PACCA, no hay productoras de ‘services’ o de ‘casting’, y apenas hay presencia de técnicos especializados. “Esto sucede porque no les compensa económicamente, porque en Cantabria, aún no se ha visto al cine como una industria que pueda generar puestos de trabajo”.

Marta Solana considera que sacar adelante la industria del cine en la región “es posible” y para demostrarlo asegura que PACCA está dispuesta a presentar todos los informes que se requieran, con datos, propuestas y reflexiones, inspirados en modelos de éxito de los sistemas de ayudas que han desarrollado otras comunidades. Estarán, dice, “adaptados” a las necesidades de la región y tendrán como finalidad crear “el sello de cántabro” en la industria cinematográfica.