El consorcio IMC abre las primeras puertas

El grupo que forman varias empresas cántabras para buscar contratos fuera de España ha conseguido un preacuerdo para participar en la construcción de cuatro barcos para México, además de sentar las bases para tener presencia permanente en Marruecos y Bruselas. Industrial Manufacturers of Cantabria fue creada en junio de 2014 y agrupa a empresas de calderería, mecanizado y construcción metálica, además de la consultora Cedenor, que coordina el proyecto de internacionalización.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga Publicado en agosto de 2015

Cuentan quienes saben de esto que en materia de internacionalización no es razonable esperar resultados antes de que se cumplan dos años desde que se dan los primeros pasos. Cumpliendo esa máxima, en el consorcio formado hace menos de un año por varias empresas metalúrgicas cántabras siguen siendo mayores las expectativas que las realidades, pero estas últimas empiezan a adquirir ya una dimensión que lleva a pensar en que esos plazos más o menos estandarizados puedan acortarse significativamente. El acuerdo firmado con la naviera mexicana TMM, que abre la puerta para participar en la construcción de cuatro barcos, y los avances alcanzados para contar con presencia permanente en Marruecos y Bruselas colocan a esta asociación de empresas, amparadas bajo la forma de agrupación de interés económico, en la mejor disposición para su despegue. Industrial Manufacturers of Cantabria (IMC) se constituyó en junio de 2014 como plataforma para captar contratos internacionales para sus socios, cinco industrias metalúrgicas cántabras: Degima, Atecsol, Talleres Arenal, Ruge y WEA Water Treatment Plants. La nómina de integrantes del consorcio se completa con la consultora Cedenor, que coordina todo el proyecto.

El preacuerdo para la construcción de los barcos es por el momento el principal resultado de la actividad del consorcio, y también una muestra del planteamiento, alcance y posibilidades de una agrupación empresarial de este tipo. Los contactos se iniciaron en junio de 2014, recién constituido IMC, en el viaje a México que ese mes organizó Sodercan, y al que acudió Cedenor. Entre las reuniones concertadas por Cristina Brambilla, delegada de Sodercan en México, estaba una visita a TMM, solicitada por esta empresa. “Pensábamos que estaban interesados en nosotros para cuestiones logísticas, para enviar su producto a Europa. Pero no, habían visto nuestro porfolio y querían hablar de nuestra oferta industrial”, explica Alfonso Pariza, gerente de Cedenor y presente en el encuentro.

TMM es un gigante del transporte y la logística que tiene como uno de sus principales clientes a la petrolera Pemex, a la que da servicio a través de buques propios. Es esta división la interesada en contratar los servicios de IMC, dado que en sus planes está la construcción de cuatro barcos nuevos, del tipo PSV (buques de suministro a plataformas, en sus siglas en inglés). Se trata de embarcaciones altamente especializadas, con un presupuesto de construcción que se movería en el entorno de los 20 millones de euros por unidad. La dimensión y complejidad de los trabajos excede de hecho la capacidad industrial de los socios de IMC, pero eso no resta ni interés, ni importancia a un contrato que seguiría siendo de dimensiones notables: las empresas del grupo asumirían el 40% del volumen total del proyecto, lo que supone facturar unos 8 millones de euros. El grueso del trabajo correría a cargo del astillero vizcaíno Zamakona, con el que ya existe un acuerdo estratégico.

Buque de suministro a plataformas, del mismo tipo que los que construiría IMC

A diferencia de lo que sucede con otro tipo de barcos, los astilleros europeos son muy competitivos a la hora de construir estos barcos de apoyo y suministro off-shore, y de hecho Zamakona está especializado en la fabricación de estas embarcaciones. Otro tanto puede decirse de las empresas que forman el consorcio IMC, que tienen en el sector naval uno de sus principales mercados. Degima, que sería la empresa sobre la que recaería la mayor parte del trabajo en el contrato mexicano, es de hecho uno de los principales proveedores de Zamakona.

Que suba el petróleo, clave para el proyecto

El acuerdo entre IMC y TMM se ha concretado en la firma de un detallado contrato, tanto como para hacer pensar a los responsables del consorcio cántabro que son muchas las posibilidades de que finalmente se realice el encargo, por más que este dependa de circunstancias ajenas a los firmantes. Lo que se ha rubricado es un compromiso de fabricación, pero para que se llegue a ese punto es imprescindible que Pemex se haga con nuevos contratos de extracción de crudo y que, posteriormente, TMM se adjudique el servicio a las plataformas. A partir de ese momento, la naviera necesitará los nuevos barcos.

Aunque el proceso pueda parecer complejo y sujeto a mil incertidumbres, la posición de liderazgo que ostenta TMM en estos servicios hace prácticamente seguro que se haga con los nuevos contratos, incluso en el hipotético caso de que nuevos operadores releguen a Pemex. Así las cosas, las principales incógnitas tienen que ver más con el cuándo que con el qué, un factor que dependerá de la recuperación del precio del petróleo. Con la cotización actual del crudo no son rentables nuevas inversiones en extracción, lo que a su vez reduce la demanda de buques de servicio. Las previsiones que se manejan desde IMC apuntan a que esa situación no se corrija antes de fin de año, por lo que es complicado que el proceso de adjudicación de las explotaciones, y la consiguiente necesidad de buques por parte de TMM, se produzca antes de 2016.

El sector naval es uno de las principales fuentes potenciales de contratos para las empresas del consorcio cántabro, cuyas actividades son complementarias, de manera que su oferta en común multiplica las posibilidades de encontrar clientes. En el caso del contrato mexicano son Degima y Atecsol –la primera una calderería, la segunda una empresa especializada en soldaduras especiales y recubrimientos– las que tendrán más carga de trabajo de concretarse el encargo. Los perfiles del resto de socios –mecanizados, ingenierías llave en mano– los sitúa en disposición de sacar partido de cualquier sinergia que pueda producirse.

Más allá de lo relativo al contrato mexicano, los meses pasados desde la formación de IMC han servido para sentar las bases de una presencia estable en Marruecos y, a través de Cedenor, contar con una oficina en Bruselas. Desde ésta, y vía Amberes, se ha entrado en contacto con potenciales clientes tanto en el ámbito naval como en el oil-gas, muy vinculado a este por demandar canalizaciones para la extracción y distribución de hidrocarburos en entornos marinos. “En estos meses nuestra principal labor se ha centrado en conocer al detalle nuestra propia capacidad, de manera que podamos saber dónde estamos en mejores condiciones para competir fuera de España. Los contratos vendrán después”, explica Alfonso Pariza que, aunque prudente, admite que ese trabajo está ya dando frutos: “Ha ido todo más rápido de lo que teníamos previsto”.