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Empleo con discapacidad: récord con matices

Nunca ha habido tantas personas con discapacidad trabajando en Cantabria, pero su presencia en empresas convencionales sigue siendo residual: el 72% de los contratos se firma en los centros especiales de empleo (CEE).

Cantabria cerró el año 2018 con una cifra récord en el número de contratos firmados por trabajadores con discapacidad, un dato histórico que hablaría de la positiva integración del colectivo en el mercado laboral si no fuera porque la proporción de empleos que generan las empresas ordinarias es muy pequeño, y cada vez más residual. La explicación a esta aparente paradoja –más contratos que nunca, pero menor presencia de trabajadores con discapacidad en las empresas– tiene que ver con el incremento en el número de contratos firmados por los Centros Especiales de Empleo (CEE), empresas que la ley concibe como trampolines para que los trabajadores con alguna discapacidad den el salto hacia el empleo en empresas ordinarias, pero que en la práctica apenas son capaces de cumplir esta función.

Trabajadores del centro especial de empleo de Amica CEE. Abajo, la evolución de las cifras de empleo de los trabajadores con discapacidad en Cantabria. Cuadro elaborado por Adeco con cifras del SEPE.

 

En total, y según los datos recopilados por la Fundación Adecco con información del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), las personas con discapacidad firmaron 1.805 contratos a lo largo de 2018 en Cantabria, una cifra superior en un 7% a la registrada el año anterior y que da continuidad a la tendencia alcista iniciada en 2012. El incremento ha tenido lugar, fundamentalmente, en el ámbito de protección a este colectivo: los Centros Especiales de Empleo que por ley deben contar en sus plantillas con un mínimo del 70% de trabajadores con discapacidad y que están concebidos específicamente para el acceso a un empleo remunerado mientras no sea posible ejercer una actividad profesional en el mercado ordinario.

La legislación establece que los CEE han de constituir, siempre que sea posible, un trampolín hacia la empresa ordinaria, aquella en la que la persona codiscapacidad desempeña un puesto de trabajo en un entorno convencional. Las cifras, en cambio, confirman que este paso hacia las empresas ordinarias no se está dando: el 72% de los contratos firmados en Cantabria el pasado año fueron formalizados por los CEE, y este es un porcentaje que no ha dejado de crecer en los últimos años. Si tomamos como referencia 2008, por ejemplo, la porporción de contratos firmados por los CEE era entonces del 57%. El protagonismo de los centros especiales en el incremento del número de contratos queda incluso más claro si nos atenemos a los datos absolutos: en 2008 las empresas convencionales firmaron en Cantabria 358 contratos a personas con discapacidad, una cifra solo ligeramente inferior a la registrada el año pasado, cuando fueron 503. El verdadero salto adelante lo han dado los contratos firmados por los CEE, que han pasado de 834 en 2008 a los 1.805 que se formalizaron el pasado ejercicio.

La evolución de la demanda de empleo de personas con discapacidad pone en cuestión, a juicio de Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, el funcionamiento del modelo de integración: “El reto es establecer, en los CEE, indicadores cuantificables de tránsito hacia el empleo ordinario. De lo contrario, se corre el riesgo de que, en lugar de constituir una excepcionalidad temporal, se perpetúen como una opción permanente, que choque con el cumplimiento legal”.

Según Mesonero, las cifras demuestran que los centros especiales de empleo –”un sistema de protección necesario y transitorio”– se están convirtiendo en fines, y no en el medio que deberían ser: “De este modo se eclipsan los entornos ordinarios como máximos exponentes de inclusión sociolaboral y, aunque se incrementa la participación de estos profesionales en el empleo, no se avanza en la normalización de la discapacidad en nuestra sociedad. Es en la empresa ordinaria donde el concepto inclusión alcanza su plena coherencia, pues la discapacidad pasa a un segundo plano y prevalecen el talento y las competencias”.

La presencia de trabajadores con discapacidad en las empresas ordinarias encuentra otros obstáculos, según el máximo responsable de la Fundación Adecco: “Unas estrategias de diversidad e inclusión aún deficitarias y un planteamiento inadecuado en el acceso al empleo de las personas con discapacidad que, a menudo, plantean su búsqueda de trabajo una vez cumplen 18 años, sin haber adquirido previamente habilidades prelaborales que les equiparan al resto de los trabajadores y que es necesario trabajar desde edades tempranas”.

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