“Depende de cómo hagamos los deberes de aquí a 2021 entraremos o no en recesión”
Enrique Conde llegó a la presidencia e CEOE-Cepyme de Cantabria casi sin querer pero con muchas ganas de implicarse y de hacer cosas. Se muestra dialogante y dispuesto a sumar talentos y talantes a una organización que considera la voz y la realidad de la economía en la calle. Proviene de ciencias –es ingeniero de Caminos–, aunque rehúye de los porcentajes, y lleva más de dos décadas de empresario, una profesión en la que asegura que son más importantes los socios que las empresas y en la que reconoce que también le ha ido mal. Le gusta practicar triatlón y que le llamen Quique, y lamenta que, en general, la comunidad no exprese un poco más de cariño hacia la industria.
Manuel Casino | @mcasino8 | Julio 2019
Pregunta.– Desde que asumió la presidencia hace dos meses ha reiterado su voluntad de dialogar con todos los estamentos implicados con el desarrollo económico de Cantabria. ¿Hace falta recomponer las relaciones con el Gobierno regional?
Respuesta.– Ya he tenido un par de conversaciones con Revilla. Y nos hemos trasmitido la necesidad de hablar las cosas. He percibido ganas de trabajar juntos. Esta comunidad es muy pequeña y no queda otro remedio. Puede ser que en los últimos meses se generara una tensión con el paso de Lorenzo [Vidal de la Peña, anterior presidente de CEOE-Cepyme de Cantabria] a la política, pero fue una situación puntual. La CEOE tiene que ser independiente y creo que nunca ha estado politizada. Además, el Gobierno sabe de mi independencia política. Yo no tengo nada con nadie. Nosotros, por nuestra parte, estaremos encantados de poder ayudarles en lo que sea. Pero deben escucharnos por el bien de Cantabria. Somos la voz de la realidad y de la economía en la calle.

Enrique Conde, presidente de CEOE-Cepyme de Cantabria, durante la entrevista.
P.– Ha defendido que tras superar durante el anterior mandato la complicada situación económica y prestigiar la patronal dentro de la sociedad cántabra, lo que ahora toca es que todas las empresas se vean reflejadas en CEOE-Cepyme. ¿Ese va a ser su principal caballo de batalla?
R.– Posiblemente sí. Porque tal vez esos tiempos no hayan sido los más adecuados para atender a las empresas. A partir de ahí, hay una labor de atraer más empresas a la CEOE. Y de trasladar al Gobierno ideas que nos puedan venir bien a todos. En eso estamos y tenemos dos formas de hacerlo: día a día, atendiendo los problemas que ya existen en diferentes sectores y que hay que tratar de solucionar con una apuesta por el diálogo social; y con una proyección y visión a más largo plazo de esta comunidad en la que tengan cabida las empresas actuales y también las del futuro en un mercado globalizado. Además, tenemos por delante una labor importante de adaptación de las empresas a la robótica y a la industria 4.0. Es una tarea que nos compete a todos: empresas, comunidades autónomas y ayuntamientos. Es cuestión de ponerse las pilas y adaptarse a los nuevos mercados. La empresa tradicional está obligado a hacerlo y nosotros trataremos de ayudarles. O por lo menos dirigirles.
P.– En la presentación de los nuevos miembros del Comité Ejecutivo aseguró que el objetivo era dotar de la máxima representatividad a los distintos sectores que integran el tejido económico de la comunidad. Sin embargo, en este órgano de dirección, a diferencia de los anteriores, no hay ningún representante del sector hostelero. ¿Por qué?
R.– Desde que que estoy en el cargo he hablado dos o tres veces con el presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería. De las problemáticas que afectan al sector. Y le he ofrecido un puesto en el Comité Ejecutivo, pero están pendientes de su propio proceso electoral. Mi relación con Ángel [Cuevas, presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería de Cantabria] es estupenda. Me parece un buen presidente y que por ello el sector tiene que estar de enhorabuena. Habrá que ver cómo podemos encajar ese puesto en este órgano de dirección. Me gustaría tener un Comité Ejecutivo paritario. Porque considero que la mujer empresaria tiene un mérito muy valorable en esta sociedad. Es una evidencia que ellas lo han tenido más difícil. Por eso le doy mucho valor.
P.– La entrada en vigor de la nueva normativa sobre control horario en las empresas ha llenado de incertidumbre a muchos empresarios, que lamentan que su implantación solo vaya a traer consigo más burocracia, mayores costes y perjudicar las relaciones laborales flexibles. ¿Cuál es su opinión?
R.– Es una decisión unilateral por parte del Gobierno. Tendría que haber contado con la opinión de los actores que participan: trabajadores y empresarios. Creo que es un error. Supone más preocupaciones para los propios trabajadores y existe un descontento total entre los empresarios. No hay un sector que esté contento. Y no hablo solo de Cantabria. Si lo que se pretendía era regular las horas extras, vayamos a por el 2% de las empresas que a nivel nacional no computan esas horas de forma legal. Pero no banalicemos una ilegalidad y la traslademos a todo el empresariado. De este modo no se prestigia el mundo de la empresa ni de los empresarios. No me des, pero no me quites. No existía esa necesidad. Insisto, es un error y más aún cuando el trabajo ha cambiado. ¿Cómo computas el teletrabajo?
P.– Según ha avanzado el presidente Miguel Ángel Revilla, Sodercan volverá a estar bajo el paraguas de la Consejería de Industria. ¿Comparte esta decisión?
R.– Sí. Me parece una buena decisión. Comparto que Sodercan dependa de Industria. Y como opción B, de Economía.
P.– Ha afirmado que el trabajo desarrollado por esta sociedad pública para favorecer la internacionalización de las empresas apenas ha dado resultados. ¿No ha sido una relación clara?
R.– Se ha trabajado pero no ha sido efectivo. Es verdad que se han dedicado recursos y en ese sentido estamos satisfechos. Pero considero que no ha sido efectivo.
P.– No comparte que el Gobierno sea accionista de empresas privadas. ¿En ningún caso?
R.– Para mí, en ningún caso. ¿Dónde pones la línea roja? El Gobierno regional no está para entrar en ninguna empresa privada.
P.– Reclama eliminar lo que Ud. llama ‘listas de espera’ en los diferentes sectores productivos por culpa de los excesivos trámites burocráticos y administrativos. ¿La Administración sigue siendo una maquinaria demasiado lenta?
R.– Los trámites burocráticos que maneja la Administración, y que afectan a empresas y ciudadanos, tienen unos plazos desfasados y fuera de las necesidades que tenemos en el mundo empresarial. Hay lista de espera para todo. Además, en otras comunidades limítrofes utilizan sistemas de ventanilla única que agilizan y facilitan todos estos trámites. En ese sentido, es claro que Cantabria tiene una desventaja competitiva. Dicho esto, creo que sí podemos ser competitivos. No lo somos porque nos hemos quedado atrás estos últimos años. Pero hay empresas cántabras que trabajan fuera y que tienen éxito. Y también trabajadores. Cantabria puede ser tan o más competitiva que el País Vasco. Y tenemos una ventaja: somos una comunidad pequeña. Unirnos, por tanto, debería ser mucho más fácil, aunque en la práctica no lo hagamos.
P.– ‘Cantabria 2030’ es la apuesta de la patronal para modernizar la economía regional. Basado en cuatro palancas, asegura que es un guion inicial para tratar de impulsar la comunidad hacia el futuro al que espera se sumen todos los agentes implicados. Por su parte, el Gobierno regional cuenta con su propio plan de desarrollo y crecimiento. ¿Confía en alcanzar pronto un documento único y consensuado?
R.– Más que un documento único, ‘Cantabria 2030’, es un plan que va generándose y actualizándose con la ayuda altruista de muchos empresarios. Ya hay alguna palanca en la que están trabajando personas del Gobierno regional, de la Universidad de Cantabria y de otras instituciones. Es una apuesta de futuro. ¿Cómo no vamos a contar con el Ejecutivo regional? Se lo damos para que nos facilite su visión. Cualquier aportación es fundamental, venga de donde venga. Veremos quién va ser el nuevo interlocutor.
P.– Ambas partes han coincidido en la necesidad de impulsar la conexión ferroviaria a Bilbao que nos acerque a Europa y el centro logístico en el Llano de la Pasiega. ¿Las deficientes infraestructuras son el principal obstáculo para poder competir en igualdad de condiciones con las comunidades limítrofes?
R.– Sin duda. Así me lo han trasladado las empresas. Es una perogrullada, pero en materia de ferrocarril estamos mucho peor que otras comunidades. La red de carreteras, por su parte, está bastante bien, aunque adolece de terceros carriles. Y el Puerto tiene sus limitaciones geográficas. Desde luego que sería muy interesante contar con un centro logístico que soporte las mercancías del puerto. Llámese Llano de la Pasiega o como se llame.
P.– Ha reclamado que la industria debe ser el motor de la economía de Cantabria. ¿En cifras de negocio y también de empleo?
R.– Sí. La industria es ahora mismo el sector que está tirando de la economía regional. Tenemos capacidad para que más industrias se instalen en la comunidad. Ahora hay que ver qué tipo de industria. Ahí tenemos el ejemplo de la agroalimentaria. Con todo, creo que hay un desconocimiento del tejido industrial. Hay industrias que no se conocen. Percibo que, en general, existe una cierta falta de cariño por parte de esta región hacia la industria. Debemos apoyar a las grandes industrias para que puedan ampliar producción y plantilla.
P.– ¿La movilidad eléctrica y el cambio climático están en la agenda de la patronal?
R.– El cambio climático es una obligación a nivel nacional. En CEOE estamos concienciados pero nos falta participar más activamente en este asunto. En cuanto a la movilidad eléctrica, efectivamente hay un sector de la automoción en Cantabria que está posicionándose en este nicho de negocio.
P.– Su predecesor en el cargo sostenía que el turismo no aporta valor añadido y sí empleo temporal y precario. ¿Es este también su diagnóstico? ¿Cree que hay que apostar por otro modelo de desarrollo turístico?
R.– Bueno. Es una opinión personal, pero yo no creo que que el turismo no aporte. Quizá lo que tengamos que conseguir es que no sea tan estacional. Aún falta planificación. Hay otro turismo que no es el de sol y playa. Surf, espeleología, montañismo, de congresos, cultural, del sector sanitario… Son actividades que se podrían potenciar de un modo brutal. Y no dependen solo del buen tiempo. Hay un turismo procedente del norte de Europa que no solo busca sol y que haría posible un empleo más estable y de calidad.
P.– Durante los últimos doce meses (de mayo de 2018 a mayo de 2019), Cantabria perdió casi un autónomo al día y los contratos indefinidos cayeron un 13,24%. ¿Estamos ante una paralización de la economía?
R.– En la última asamblea de CEOE dijimos que en la economía se está produciendo una deceleración. Estamos dejando de crecer y apunta a que será así hasta 2021. Depende de cómo hagamos los deberes de aquí a entonces entraremos o no en recesión. Con todo, los factores a tener en cuenta son muy aleatorios. De un lado, está la excesiva burocratización y la ordenación de los sectores para evitar la competencia desleal; de otro, y más a medio plazo, hay que ver cómo resolvemos el problema de las infraestructuras, de los polígonos logísticos…
P.– ¿Le preocupa que el próximo ministro de Trabajo y Seguridad Social pueda ser Pablo Iglesias u otro dirigente de Unidas Podemos?
R.– No especialmente. Pero desde luego que no me gustaría que nadie viniera con ideas felices y decisiones unilaterales. Cualquier medida que se quiera adoptar se debería hablar con la patronal y los sindicatos. Y aunque parezca mentira, en estos últimos años los intereses de una y de otros están confluyendo.