James Hardie apunta a lo más alto
La multinacional australoamericana invertirá 144 millones de euros en su planta cántabra para convertirla en la mayor fábrica de paneles de fibroyeso del mundo. La factoría de Orejo, heredera en 2013 del fallido proyecto de GFB, trabajaba desde 2019 cerca del límite de su capacidad, que doblará ahora con una actuación que contempla también mejoras medioambientales. Con una facturación que superó en 2022 los 48 millones de euros, la filial española de la multinacional fabricante de materiales de construcción emplea a un centenar de personas, una plantilla que se incrementará en 60 trabajadores cuando culmine la ampliación y la nueva línea alcance los niveles previstos de producción, en un plazo de entre tres y cinco años.
José Ramón Esquiaga | @josesquiaga | Julio 2023
Una década después de fabricar la primera placa de fibroyeso, y tras no menos de cinco años moviéndose en los límites de su capacidad de producción, la planta cántabra de James Hardie se prepara para dar un salto con el que casi nadie contaba cuando la fábrica daba sus primeros pasos. Puesta en marcha por la alemana Xella, que se adjudicó la planta de Orejo y su maquinaria en el proceso de liquidación de la fallida GFB, la empresa cántabra pasó en 2018 a manos de James Hardie, multinacional australiana con sede en Estados Unidos que compró a los germanos su división de fibroyeso, que operaba entonces y sigue haciéndolo hoy bajo la denominación comercial de Fermacell. Son ahora los responsables de James Hardie, que cuenta con plantas de fibroyeso en varios países, los que fijan el objetivo de una ampliación que presentaron precisamente cuando se cumplían diez años del inicio de la producción en Orejo: convertir a su filial cántabra en la mayor fábrica de paneles de fibroyeso del mundo.

Fernando Herrera, director de la planta cántabra de James Hardie, durante la presentación de la ampliación. En el panel a su espalda, la evolución de las ventas de la empresa desde que comenzó su actividad, en el año 2013.
Los planes de la multinacional australonorteamericana contemplan invertir 144 millones de euros en la puesta en marcha de una nueva líneas de producción y en la modernización de la fábrica cántabra de Fermacell. La inversión, que por su cuantía se cuenta entre las mayores realizadas nunca por una empresa industrial en Cantabria, servirá para duplicar la actual capacidad de producción, dotar de una mayor flexibilidad a la fábrica en el uso de las materias primas y minimizar la llegada de residuos al vertedero, al permitirle trabajar con más tipos de papel y reutilizar el yeso que antes se veía obligada a desechar.
Salto adelante en capacidad
Fermacell-Orejo fabrica actualmente en torno a 14 millones de metros cuadrados de paneles de fibroyeso, un producto con destino a la construcción de edificios que entra en la categoría de tabiquería seca y que llega al mercado como alternativa a las convencionales paredes de ladrillos y cemento. La actual línea de producción de la planta trabaja desde hace años al límite de su capacidad, de manera que los incrementos en la producción que se han conseguido en este tiempo han dependido de mejoras en la productividad o de las características de lo fabricado en cada momento, dado que la gama de la planta, aunque uniforme en características técnicas, si varía en tamaño del panel, y esta característica incide en las cantidades que es posible producir con los actuales medios. La planta cántabra, que en 2013 se puso en funcionamiento con una plantilla de 30 personas que trabajaban en un único turno, emplea hoy a un centenar de trabajadores a cinco turnos lo que permite producir las 24 horas, siete días a la semana durante todo el año, solo con las paradas a las que obligue el mantenimiento.

Uno de los paneles que fabrica Fermacell, en la actual línea de producción de la planta.
La tabiquería seca, ya sea la de fibroyeso o la elaborada con otros materiales, es un producto que sigue teniendo un uso relativamente menor en España, pero que en otros países ha desplazado ya a la tabiquería húmeda, a la que aventaja en la rapidez con la que permite construir y, dependiendo de cada caso, también por las características con las que puede dotársele. Fabricados a partir de yeso calcinado y fibra de papel, los paneles que salen de la planta cántabra se sitúan en la parte alta de este mercado, debido a su resistencia contra el fuego y a su capacidad de aislamiento térmico y acústico. También se sitúan en el arco superior de precios, lo que no ha sido obstáculo para que la demanda del producto que sale de Orejo haya registrado continuos incrementos desde la apertura de la fábrica, y ello a pesar de la difícil coyuntura económica vivida desde entonces, primero con las consecuencias que la gran recesión de 2008 tuvo en el sector de la construcción y después con la crisis sanitaria y la provocada por la invasión rusa de Ucrania.
Desde que en torno al año 2018 alcanzara los límites de su capacidad productiva, la planta de James Hardie de Orejo se ha movido en la cota de los 30 millones de euros de facturación, para superarla claramente en los dos últimos ejercicios más por el fuerte incremento de los precios de los materiales que por una subida en las cantidades fabricadas. Con la inversión presentada este pasado 27 de junio la planta rompe los límites que encorsetaban su crecimiento, tanto en medios como en espacio. Para quien recorriera las instalaciones de la fábrica en sus primeros años, probablemente sea esto último lo más llamativo, pero lo cierto es que los grandes espacios vacíos de lo que parecía una instalación claramente sobredimensionada –los trabajadores se desplazaban de un punto a otro de la nave principal en bicicleta– han terminado por quedarse pequeños.
Con todo, la parte más importante de la ampliación no es la que se mide en metros cuadrados –se sumarán 11.000 a los actuales– sino la que tiene que ver con los procesos y la tecnología de fabricación. Una vez esté culminada la actuación ahora aprobada, la fábrica cántabra mejorará sus posibilidades de gestión sobre las dos materias primas con las que fabrica su producto, el yeso y la fibra de papel. Esta última podrá obtenerse a partir de tipos de papel que hoy no son aptos para los procesos de la fábrica, lo que debería redundar en mejoras tanto de acceso a esa materia prima como de precio. En relación con el yeso, la adquisición de una nueva recalcándola por 11 millones de euros permitirá emplear material reciclado, sacando partido de la normativa que en el futuro prohibirá que los yesos acaben en el vertedero obligando a reutilizarlos. A estas actuaciones en materia de economía circular se sumarán los dos millones que se invertirán en un nuevo sistema de recuperación de calor, que reducirá en un 20% el gasto en gas.
En términos de producción, cuando culmine la actuación ahora presentada la fábrica cántabra de James Hardie será la mayor entre las que componen el grupo lo que, según destacaron los responsables de la multinacional, la sitúa a su vez en disposición de ser la mayor planta de fibroyeso del mundo. Según los plazos que manejan desde la empresa, la segunda línea de producción de la planta de Orejo estará en funcionamiento durante la primavera de 2025, lo que hará que la planta de Orejo concentre el 35% de la capacidad de fabricación de paneles de fibroyeso dentro de la multinacional de la que forma parte.
Con la ampliación, Fermacell España dará un tremendo salto adelante en su capacidad de respuesta ante un mercado que mantiene un notable potencial de crecimiento, singularmente en España. Las características de los paneles de salen de Orejo les hacen especialmente adecuados para edificaciones singulares o, en general, para aquellos proyectos en los que se valoren las prestaciones por encima del precio. Las condiciones de aislamiento térmico y acústico, así como la resistencia y la protección contra incendios, son especialmente valoradas por aquellos promotores vinculados con los futuros usuarios del edificio, y que por tanto son igualmente los beneficiarios de los retornos que genera su inversión, en forma de ahorro en el gasto de energía básicamente, pero también en aspectos relacionados con el confort y la seguridad.
Todo lo anterior explica que la mayor parte de la producción de la fábrica cántabra se exporte a países mucho más sensibles a las cuestiones medioambientales de lo que es España. Con todo, en los dos últimos años se ha producido un sensible incremento de las ventas en el mercado nacional, en buena medida impulsadas por la legislación que desde el 1 de enero de 2021 exige que los edificios construidos en España tengan un consumo energético mínimo. El impulso que ello puede suponer para el uso de los paneles de fibroyeso en construcción residencial ha jugado a favor de la ampliación de capacidad de la fábrica española de Fermacell, que en todo caso de ninguna manera renuncia a seguir creciendo allí donde ahora es fuerte, incluyendo los países que ahora encabezan su nómina de clientes, con Francia, Suiza y Dinamarca en los primeros puestos de la lista.