La nueva IGP para la carne se atasca en Bruselas

Pasado un año desde que se remitiera la documentación, la ampliación de la indicación geográfica protegida ‘Carne de Cantabria’ se ve frenada por la petición de aclaraciones sobre las condiciones del pliego, al que se pide una mejor definición en las características específicas del producto y en su diferenciación con el de las mismas razas en otros lugares de Europa. Además del trastorno que ese retraso puede producir entre los ganaderos afectados, que ven condicionadas sus posibilidades de lograr un mejor precio, la actuación de los funcionarios europeos refleja la relevancia que se da a las marcas protegidas y el celo con el que Europa vigila la ampliación del catálogo actual.

Cristina Bartolomé |  @criskyraAbril 2022

Hace casi año que los ganaderos de Cantabria esperaban abrir una nueva etapa en la venta de carne, con la culminación del proceso abierto entonces para la inclusión de cuatro nuevas razas cárnicas en el sello de calidad IGP Carne de Cantabria. Habían hecho los deberes: cumplían las exigencias de la marca en cuanto a cuidado de las reses y calidad de la carne y la expectativa era alta: se incluirían unas 200 explotaciones cántabras en la marca, y con ello esperaban poder aumentar los precios y las ventas, ayudando a los ganaderos de razas cárnicas a salir del atolladero que significa no cubrir los gastos de explotación con el precio del kilo de carne. Todo estaba dispuesto además en cuanto a los trámites administrativos, y tras la aprobación de la Consejería de Desarrollo Rural, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente de Cantabria y del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el destino final de los nuevos pliegos era Bruselas, que debía dar el visto bueno final. Y allí siguen los papeles.

Según relata Lorenzo González, presidente de la Federación de Asociaciones de Productores de Razas Cárnicas de Cantabria, Bruselas pidió unas aclaraciones sobre las condiciones de la marca: “Un día antes de que venciera el plazo de tres meses en el que, si hay silencio administrativo, se da por aprobado el asunto. Esto fue el pasado mes de diciembre. Esas aclaraciones se contestaron en una semana desde la consejería. Cuando pase el nuevo plazo, volveremos a llamar a Bruselas a ver cómo está este expediente”. Guillermo Blanco consejero de Desarrollo Rural, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, sigue mostrándose optimista en relación con la ampliación de la IGP –“Lo importante es que hemos hecho lo que teníamos que hacer”, asegura– y se remite al estudio de la Universidad de Zaragoza que en su día se realizó para justificar la ampliación de razas a incluir en la indicación: “Los resultados de este estudio se remitieron a la Comisión Europea, quien independientemente del tiempo, nos ha contestado en plazo. Lo que sí puedo decir es que en 10 días hemos tratado, con ayuda de la citada Universidad, de resolver las aclaraciones planteadas”.

Lorenzo González, presidente de la Federación de Asociaciones de Productores de Razas Cárnicas de Cantabria

La noticia, que vino a ralentizar los planes, cayó como un jarro de agua fría entre los productores, ya que esperaban luz verde sin más sorpresas: “Contábamos los días”, recuerda el presidente de la Federación de Asociaciones de Razas Cárnicas de Cantabria ¿Podemos pensar que la respuesta de  Bruselas indique una posición contraria a la ampliación? Lorenzo González descarta esta interpretación, basándose en que las aclaraciones pedidas por la autoridad europea no son de gran enjundia y no se refieren a la parte nuclear del nuevo pliego de condiciones de la IGP Carne de Cantabria: “No pienso que haya un interés en contra, de ser así las aclaraciones no hubieran sido tan sencillas, no son como para decir ‘se nos cae el pliego’”. El caso es que el asunto sigue en Bruselas, pendiente de unas alegaciones para las que se esperaba una respuesta a finales de febrero que finalmente no llegó en ese plazo.

En concreto, y de acuerdo con el Reglamento (UE) Nº1151/2012, los puntos objeto de mejora, según la Consejería de Ganadería, fueron sobre la descripción del producto, que de acuerdo al dictamen de los funcionarios europeos debe definirse con más precisión y centrarse en las características específicas del producto objeto de protección.  Y esta descripción debe indicar con rigor cómo la ‘Carne de Cantabria’ se distingue de los mismos tipos de razas criadas en otras partes de Europa.  Así mismo, la Comisión Europea ha pedido que debiera mejorarse la sección ‘Vínculo con la zona geográfica’, que es un elemento crucial del documento único. En particular, se pide indicar claramente sobre qué factor se basa el vínculo causal explicando con exactitud el factor indicado, que puede ser reputación, cualidad concreta u otra característica del producto.

Para el consejero, este trámite debe entenderse no como un retraso, sino más bien, como indicativo de la importancia que hay que darle al significado de lo que representa una IGP: “Todos tenemos la responsabilidad, Bruselas y nosotros, de velar por unos productos que respondan a una realidad tangible, que dé respuesta a unos consumidores que cada vez exigen una trazabilidad y unas garantías de acuerdo con lo que rigen sus respectivos reglamentos”.

Aún sin fecha

La ampliación de la IGP ‘Carne de Cantabria’ acogería la inclusión de las razas pirenaica, charolesa, blonda de Aquitania y fleckvieh, lo que supone que más de 10.000 reses podrían comercializarse bajo la marca que ya acoge a las razas tudanca, monchina, asturiana de los valles, asturiana de la montaña, parda de montaña y limusina. Además, el pliego incluía algunas mejoras en el pliego anterior, “que estaba obsoleto”, según señala Lorenzo González. Después de todo este trabajo, el presidente de las asociaciones ganaderas de razas cárnicas, no pierde la esperanza: “Esperemos que Bruselas se muestre positiva”. En todo este proceso destaca que la consejería de Ganadería de Cantabria se volcó en una ampliación que considera que va a ser muy positiva para los productores cárnicos de la región. “Seguimos en reuniones para ver si esto avanza, la última fue en diciembre y en estos días pediremos reunirnos para ver cuál es el siguiente paso”, señalaba en febrero

“De momento no ha habido novedades, aunque confiamos en que la respuesta europea se produzca en el menor plazo posible”, asegura Blanco, quien recuerda que el interlocutor es el Ministerio, y que esta cuestión y su resolución en estos momentos no tiene un plazo máximo para resolverse, al tiempo que  apunta que la Mesa de Coordinación de la Calidad Diferenciada la (Mecocadi), de la que forma parte la consejería, informa en su reunión trimestral de las decisiones de la Comisión. Concluye, por otra parte, que tan pronto como se publique la decisión en el Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE), se podría poner en venta la carne de las nuevas razas bajo la marca IGP Carne de Cantabria.

Precios insuficientes

Las consecuencias de todo este largo y lento proceso son que los doscientos ganaderos que podrían trabajar bajo el amparo de la IGP, siguen como estaban: “En terreno de nadie, y con un precio más bajo de la carne que el que se comercializa con la IGP”, lamenta el presidente de la Federación de Asociaciones de Productores de Razas Cárnicas de Cantabria. La carne que se comercializa bajo la marca Carne de Cantabria ha subido el precio entre un 3 y un 4%, aunque Lorenzo González, que explota una ganadería de casi 300 reses, matiza esta subida y la pone en relación con la que han experimentando los costes: “El precio de producción es el triple porque ha subido el pienso un 50%, la luz… todos los costes han subido”. Es la misma tesitura que viven y padecen los ganaderos de vacas de producción láctea: los costes de producción no se compensan con el precio del litro de leche en los supermercados.

La inclusión de las nuevas reses en la marca de calidad significaría una clara mejora económica para los ganaderos. Según las previsiones que manejaban hace unos meses, pasarían de cobrar 3 euros el kilo de carne a 4,20 euros, eso sin la actualización de precios tras la subida de los costes. Ese euro y veinte céntimos significa que la producción salga rentable, ya que, si no se alcanza, no se recupera lo que ceban los animales. Como ejemplo, de un ternero tudanco cebado, que podría producir unos 162 kilos de carne, podrían obtenerse casi 200 euros o más de beneficio.

Las previsiones de mejora de la rentabilidad, sin embargo, podrían verse alteradas por las consecuencias de la situación en Ucrania. El consejero Guillermo Blanco reconoce que el margen de beneficio que ya venían percibiendo los ganaderos, es mínimo: “Los ganaderos son conscientes de que su producto es esencial y no podrán repercutirlo todo sobre los consumidores. Esta es la razón principal por la que tenemos que estar presentes y caminar de la mano del sector compensando esas pérdidas”. Confía en que la nueva situación sea coyuntural: “Aunque tendremos que estar a su altura. Seguiremos vigilantes y estaremos disponibles para seguir apoyando al sector cárnico en esta dura crisis, al igual que haremos con el resto del sector primario y la industria de la alimentación que tanto bien han hecho históricamente a nuestra región”.

Macrogranjas inexistentes

Si la carne de Cantabria puede ostentar un sello de calidad, una IGP que garantiza unos estándares de cuidado del animal y de calidad de la carne, es porque cuenta con explotaciones adecuadas. A renglón seguido de la reciente controversia en torno a las llamadas macrogranjas, Lorenzo González aclara con determinación que en Cantabria no existen explotaciones de este tipo: “Se está confundiendo la velocidad con el tocino, aquí no hay macrogranjas. Los terneros que se crían, en modo extensivo o no, van a cebaderos, si no se defiende ese final de la cadena alimentaria, apaga y vámonos, a quién vamos a vender la carne”.  Lorenzo defiende los modos de producción y el cuidado de los animales en las explotaciones agroganaderas de Cantabria, donde los animales gozan del necesario confort que se traduce en medidas como la llamada cama caliente y otros cuidados: “Es impresionante cómo están. En Cantabria no puedes meterte con esas cosas cuando no son ciertas”.

Lorenzo González sí ve que en esas críticas sobre las llamadas macrogranjas puede haber otro interés: “No acabo de entender esto, están intentado que la gente no coma carne para vender carne de plástico, no se dan cuenta del daño que van a hacer a la economía y los trabajos que se van a destruir” y plantea qué situaciones se darían en algunas, como la suya propia, en la que hay 300 reses. “Hablan de limitar a 150, ¿qué tengo que hacer?, ¿quieren limitar mi producción?, y ¿qué hago con las personas que trabajan ahí, los despido?”.

“Los pequeños, juntos, somos como la mayor empresa del mundo”, asegura en defensa de los ganaderos. Su cálculo es tan sencillo como contundente: “Yo genero tres puestos de trabajo; en cada ganadería, de media, hay un puesto de trabajo y al final son 5.000 o 6.000 trabajadores en las explotaciones de carne y de leche”.