La paradoja del bosque

Es un sector donde no hay paro, pero que corre el riesgo de desaparecer si no se invierte en él. Actualmente 75 empresas explotan los bosques de Cantabria, que en total emplean a unas 400 personas; el 40% proceden de otras comunidades e incluso de países como Portugal, Francia, Alemania o Lituania. Los empresarios de la madera siguen demandando mano de obra y no encuentran trabajadores que se ajusten al perfil a pesar de ser una salida profesional con futuro. Aseguran que con ello se pierden 10 millones de euros al año y dan las claves para solucionarlo: más formación específica para reciclar trabajadores de sectores como la construcción o la agricultura.

Texto de Laura Velasco @lauripuck

Se entiende como “paradoja” una idea extraña opuesta a lo que se considera verdadero a la opinión general; una proposición que en apariencia choca con nuestro sentido común pero que razonada nos lleva a descubrir un hecho cierto. Pues bien, esto es para los que se dedican al sector forestal lo que desde antaño sucede en este capítulo productivo. Para la gran mayoría de los cántabros todo lo relacionado con la explotación de nuestros montes es un gran desconocido, a pesar de ser un recurso tradicional en nuestra economía. En Europa existen 215 millones de hectáreas de área forestal, con un crecimiento anual de 700.000 hectáreas o 7.000 kilómetros cuadrados. Cantabria sólo tiene una masa forestal de 5.300 kilómetros cuadrados. ¿Por qué? La respuesta es simple: el 40% de la superficie forestal está desarbolada y nuestro bosque productivo representa el 27% del total, cuando en el viejo continente nos doblan con creces. He aquí por tanto una primera paradoja: “Cantabria tiene unas condiciones climáticas privilegiadas que favorecen el crecimiento de los árboles, pero somos una región deficitaria en madera”, aseguran desde  la Asociación Cántabria de Empresarios de la Madera y el Mueble (ACEMM). Según los datos facilitados por esta asociación, en Cantabria consumimos un millón de metros cúbicos de madera al año, y cortamos apenas 400.000.

La principal consecuencia es que las empresas asentadas en Cantabria tienen que comprar madera fuera, tanto por insuficiente en cantidad como en tipología. “Yo aquí corto un 5%, el resto lo traigo de fuera. Además, el bosque productivo es eucalipto; roble no hay ya que no te dejan cortar porque se echan los ecologistas encima… aquí tenemos la idea de que cortar es malo y no nos damos cuenta de que envejece y se muere”, asegura Itxaso Saiz, presidenta de ACEMM.

Antonio Lucio, director general de Medio Natural del Gobierno de Cantabria.

Y es que en Cantabria existe un decreto de los años 80 que restringe la tala de arbolado autóctono, como robles o hayas. Una norma que ha hecho mucho daño al sector forestal y ha dado lugar, según el gobierno de Cantabria, a un desapego entre los propietarios que es necesario recuperar. “La sociedad no entiende que cortar arbolado forma parte de la dinámica normal de la gestión de un bosque –señala Antonio Lucio, director general de Medio Natural– la idea de que la tala es un ‘arboricidio’ cala en una sociedad cada vez más urbanita, hace mucho daño y a las administraciones nos pone entre la espada y la pared”. He aquí, por tanto, otra paradoja: en Cantabria no hay cultura forestal a pesar de nuestra riqueza en bosques.

Precisamente luchar contra la falta de cultura o mentalidad forestal es la prioridad del Gobierno de Cantabria. “Hay un tremendo abandono de formación forestal, de información y sensibilización forestal; nunca se ha hecho” asegura Francisco Espinosa, jefe de servicio de Montes. En este sentido apuesta por organizar más eventos o ferias en la línea de la Semana Cántabra de la Madera, celebrada el pasado mes de marzo, y empezar a impregnar a la sociedad de cultura forestal empezando desde los más pequeños, no en vano “la cultura forestal es intergeneracional y depende de la solidaridad”, recuerdan desde Montes.

Nicho de empleo

Pero no solo es madera lo que los empresarios forestales tienen que ir a buscar fuera. La mano de obra escasea y se ven obligados a cubrir sus plantillas con un 40% de trabajadores del resto de España, Portugal, Francia, Lituania o Alemania. “Es una pena, pero no se encuentra profesional del sector o gente que se quiera dedicar a esto. Es una salida laboral muy buena; si te dedicas al sector forestal en Cantabria no hay paro”, asegura Itxaso Saiz. Y es que en Cantabria siempre hay demanda de trabajadores. “El que quiere trabajar en el sector forestal, tiene todo el trabajo que quiera –apunta Espinosa– es un vivero de empleo real”.

Itxaso Saiz, presidenta de ACEMM.

De nuevo una contradicción: a diferencia de nuestros vecinos de Galicia, Asturias o País Vasco, Cantabria no cuenta con formación específica para ingenieros o maquinistas forestales, y utilizar la maquinaria no es algo sencillo. Para el jefe de Servicio de Montes “es mejor dedicar presupuesto a formar el personal de empresas del sector que a contratar a gente desde los ayuntamientos, sin formación, que no sabe hacer estas tareas”. La realidad es que en los tres institutos cántabros orientados al mundo de los bosques todos los cursos están más centrados a la limpieza de montes y falta el perfil de explotación forestal. Tampoco hay una Ingeniería de Montes. “No se encuentran motosierristas –incide la presidenta de ACEMM– o no están formados o no aparecen. Los que mejor resultado nos dan son los que vienen de familias con un tractor”.

Para ACEMM la gestión de montes y bosques es una alternativa a la crisis que sufre la mano de obra en sectores como la construcción y la industria, e incluso a los que provienen de la agricultura. “Un palista puede ser de la construcción y viceversa –apunta Saiz– yo he llegado a contratar a gente de 60 años”. Actualmente las empresas forestales demandan personal para labores de tala, maquinistas con cierta especialización y conocimiento de las nuevas tecnologías y chóferes de camiones. “Si los cursos de formación de desempleados se empleasen bien se podrían reciclar trabajadores de sectores como la construcción o la agricultura”, señala.

Ahora bien, si la gestión forestal es hoy por hoy una profesión de futuro, ¿qué es lo que falta? Aquí todos coindicen: inversión. Recapitulando, falta de bosque productivo, de mentalidad o cultura forestal, de formación específica para trabajadores forestales y de inversión, esta última el talón de Aquiles de todo sector productivo.

Leyes y política

La gestión y explotación forestal en todas sus etapas –plantación de especies arbóreas, tala, aserraderos, carpinterías y fábricas, comercio del mueble– depende de una sola materia natural, la madera. Si Cantabria fuese capaz de plantar 25 mil hectáreas nuevas de eucalipto y pino, apuntan los expertos, se evitarían dos grandes males: paro y escasez de materia prima para la industria maderera. Todo ello pasa por más inversión para plantar – “que empiecen a plantar algo, lo que quieran”, insiste Itxaso Saiz– y por una política forestal en Cantabria.

Pero la realidad a la que se enfrenta el gobierno de Cantabria es mucho más amplia. “Los montes públicos tienen que ser multifuncionales, tener varios aprovechamientos”, recuerda Antonio Lucio. Además, se necesita la implicación de los propietarios, ya que el 70% de los montes son propiedad de administraciones locales y juntas vecinales. “La administración tiene la función de catalizador; existen otros usos y nosotros tenemos que buscar el punto de equilibrio”, sostiene Espinosa.

Por si fuera poco, hoy en día los propietarios se enfrentan a una caída en los precios del eucalipto. En los últimos 15 años el metro cúbico ha pasado de 40 euros a 21, y lo cierto es que en España hacen falta 1.700.000 metros cúbicos de madera de eucalipto todos los años. Otro motivo más que lleva a los dueños a dar otros usos a sus terrenos. “Nosotros somos gestores de espacio –recuerda Espinosa– y tenemos que encontrar un punto de equilibrio que es dificilísimo”.

Un plan al que pilló la crisis

El Plan Forestal de Cantabria que se aprobó en marzo de 2005 fue presentado como el pilar de una gestión forestal regional sostenible, pero 12 años después la realidad es otra: “En Cantabria no hay una política forestal a medio y largo plazo ni siquiera una ley forestal, como a nivel nacional. No se ha llegado a desarrollar normativa pensando en la producción”, asegura Saiz. Ni rastro tampoco del plan de Modernización y Reactivación Forestal del Gobierno de Cantabria para el periodo 2014-2020, con el que el gobierno del PP iba a reforestar 150.000 hectáreas desarboladas en Cantabria.

Francisco Espinosa, jefe de servicio de Montes del Gobierno de Cantabria.

Tampoco desde el Gobierno están contentos con el desarrollo del Plan Forestal. “Una cosa es lo que queremos los trabajadores de montes, técnicos, jefes…. el plan nació antes de la crisis, se empezó con buena voluntad, pero al final –apostilla Espinosa– el consejero tiene que conciliar con las demás competencias, consejerías…”. Y otra cosa es el PDR, el Plan de Desarrollo Rural cuyas cuantías no satisfacen ni a unos ni a otros. Cantabria con un 10% de ayudas europeas se tiene que dar con un canto en los dientes. “Las políticas forestales en todos los PDR están maltratadas –se lamenta el Jefe de Montes– haciendo un ejercicio de austeridad pedimos a la UE un 15%… no convencimos y esto al final es política”.

Y si es paradójico que no se invierta en aumentar la productividad de una potencial fuente de riqueza, más lo es que se tenga que invertir en evitar que se queme lo que existe. Los incendios forestales son una de las grandes amenazas del bosque cántabro. Con viento sur Cantabria arde y el 97% debido a la acción del hombre. “Cuando se destinen todas las medidas de prevención a producción habremos ganado”, concluye Francisco Espinosa.