LaborESO, una ventana entre la escuela y las empresas

El programa LaborESO permite que estudiantes de tercero y cuarto de secundaria realicen quince días de estancia en las empresas, según un modelo habitual en otros países que Cantabria traslado por primera vez a España. Tras más de una década de funcionamiento, se ha consolidado como una concurrida vía de contacto entre lo educativo y lo laboral: 830 alumnos, 69 colegios e institutos y 616 centros de trabajo han participado este año en la experiencia. La adaptación a la Lomce y la financiación, que se redujo un 50% el último curso, dibujan las principales incertidumbres en una iniciativa muy bien valorada por todas las partes.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

No se trata propiamente de prácticas profesionales, ni tampoco es sencillo encontrar una vinculación directa entre los planes de estudio y lo que los estudiantes puedan sacar en claro de esta iniciativa, pero lo cierto es que el programa LaborESO de estancias en empresas para alumnos de secundaria ha ido superando etapas para convertirse en un éxito difícil de discutir a la vista de las cifras y las valoraciones de los participantes. Once años después de que se pusiera en marcha, 830 alumnos de 69 colegios e institutos de Cantabria tomaron parte en LaborESO durante el curso que acaba de terminar, trabajando durante dos semanas en alguna de las 616 empresas que colaboran en el plan. El crecimiento en las cifras es continuo y está por ver si sostenible, teniendo en cuenta que el plan funciona con recursos económicos limitados y fundamentado en la implicación desinteresada de todas las partes, con financiación de la Consejería de Educación y coordinación de la Cámara de Comercio.

LaborESO arrancó en el curso 2005-2006 con solo 58 alumnos, otras tantas empresas y únicamente 7 centros educativos, a partir de una idea del profesor Marino Pérez –ya jubilado– que se propuso trasladar a Cantabria una iniciativa que había conocido durante una estancia en el Reino Unido. Allí se buscaba que los alumnos tuvieran un primer contacto con las empresas a una edad mucho más temprana de lo que es habitual en España, donde tal posibilidad no se contempla hasta que se inicia una formación específicamente profesional, o incuso más tarde en el caso de la universidad. El propósito era tanto acercar a los estudiantes al mundo laboral como ayudarles a orientar sus estudios, objetivos ambos perfectamente extrapolables a España. La Consejería de Educación, que por entonces dirigía la hoy vicepresidenta Rosa Eva Díaz Tezanos, puso en marcha la iniciativa, que ha tenido continuidad en los sucesivos cambios de Gobierno y que fue reconocida en 2012 con el premio nacional a la calidad e innovación que concede el Ministerio de Educación, a cargo por entonces del ‘popular’ José Luis Wert.

Curiosamente es la adaptación a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa –conocida precisamente como ‘ley Wert’– una de las incertidumbres a las que se enfrenta LaborESO de cara al próximo curso, toda vez que esta norma establece cambios de calado en el último año de la secundaria obligatoria que podrían obligar a revisar todo el programa. De acuerdo a la vocación orientadora que se quiere conceder a la estancia de los alumnos en las empresas, la lógica invita a pensar que el modelo de estancias en empresas estaría especialmente indicado para los alumnos de tercero, por ser cuarto ya un curso que establece planes de estudio distintos para quienes piensan hacer posteriormente el bachillerato y quienes optan por la formación profesional. Desde la Consejería de Educación se asegura que no hay todavía una decisión tomada sobre cómo será LaborESO a partir de septiembre, más allá del compromiso con la continuidad de la iniciativa. Tampoco se da una respuesta a otra de las incertidumbres relacionadas con el programa: la cuantía de la partida presupuestaria destinada a su financiación, que de acuerdo a las mismas fuentes estaría todavía por decidir.

La financiación del programa ha pasado por varias etapas en los once años pasados desde que se pusiera en marcha. El principal cambio se produjo cuando la Ley de Cámaras suprimió las cuotas camerales obligatorias, lo que dejó a la de Cantabria sin capacidad para asumir directamente ese gasto. Desde entonces es la Consejería de Educación quien destina una cantidad para que la Cámara de Comercio haga frente al coste que supone la gestión de LaborESO. En el curso 2014-2015 fueron 90.000 euros, que se redujeron a la mitad este último año. La cantidad, según indica Isabel Cuesta, directora de Formación, Empleo y Creación de Empresas de la Cámara de Cantabria, es claramente insuficiente: “Tenemos dos personas que durante el curso trabajan prácticamente a tiempo completo en este programa, que implica una importante labor de gestión con los centros y con las empresas”.

La Cámara de Comercio es la encargada de poner en contacto a colegios e institutos con los centros de trabajo que pueden acoger a los alumnos. Para ello debe buscar empresas que estén en un entorno próximo a cada centro educativo y que se adecuen a los perfiles profesionales que demandan los alumnos, un auténtico rompecabezas que, contra lo que pudiera pensarse, suele resolverse de forma satisfactoria: “No es fácil, pero casi siempre encontramos lo que nos piden. El perfil más complicado suele ser el sanitario, por las características del trabajo y de la relación médico-paciente, pero incluso en esos casos buscamos la forma de solucionarlo. La verdad es que lo habitual es encontrar la máxima colaboración en las empresas”, explica Pedro Rodríguez, uno de los técnicos que se ocupa de coordinar empresas y centros.

A lo largo de los once cursos que lleva desarrollándose el programa, han participado en LaborESO casi 4.500 alumnos, inicialmente solo de 4º de la ESO y de diversificación curricular –los grupos para estudiantes con necesidades específicas de aprendizaje–, pero al que se incorporó después a alumnos de 3º y de los grupos comunes. Tras cada estancia, alumnos, empresas y tutores evalúan su experiencia, una valoración que no ha generado estadísticas oficiales pero que es a la postre –por positiva– la que alimenta el éxito creciente de la iniciativa y garantiza su continuidad.

Creado en Cantabria replicando una experiencia anglosajona, el programa LaborESO ha tenido después algunas experiencias en otras comunidades autónomas, aunque muchas veces su aplicación efectiva se da en ámbitos geográficos más pequeños –municipios o comarcas, en lugar de toda la región– donde es más fácil hacerlo. En la Cámara de Comercio de Cantabria están habituados a responder consultas que llegan desde prácticamente todos los puntos de España, pero no todas llegan a concretarse. “Poner en marcha el programa no es sencillo y la gestión es laboriosa, esos son los principales obstáculos. Pero desde aquí animamos a todo el mundo a hacerlo”, asegura Isabel Cuesta.