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Luz verde al autoconsumo en casa

Después de años a la sombra por culpa de una legislación que prohibía el autoconsumo compartido y consagraba el denominado impuesto al sol, las últimas regulaciones aprobadas o  en tramitación han abierto la puerta a que uno o incluso varios bloques de viviendas puedan producir y consumir electricidad a partir de sus paneles fotovoltaicos. El nuevo marco normativo, que se espera pueda entrar en vigor en abril o mayo, señala el camino de ida hacia el concepto de edificios de consumo casi nulo y sienta las bases para el definitivo despliegue de esta tecnología que el sector aplaude y cuya implantación el Gobierno de Cantabria quiere impulsar con una nueva orden de subvenciones. Los administradores de fincas, por su parte, reclaman incentivos fiscales para que las comunidades de propietarios puedan liderar esta transformación energética e insisten en la necesidad de aprobar una nueva Ley de Propiedad Horizontal que permita adoptar acuerdos por mayoría simple.

Manuel Casino @mcasino8

El autoconsumo de energía a partir de fuentes renovables ha entrado por fin en casa. Tras años de batallas políticas, jurídicas y sociales, el Gobierno de España dio el pasado octubre el primer paso para eliminar los obstáculos que hasta ahora impedían que los edificios de viviendas pudieran producir y consumir electricidad mediante la instalación de fuentes alternativas de generación. El Real Decreto Ley de medidas urgentes para la transición energética y la protección de los consumidores, que así se llama esta nueva normativa aprobada por el Ejecutivo, ha abierto la puerta para que las comunidades de propietarios pasen a ser uno de los grandes campos donde se juegue la próxima transformación energética del país. .

Esta ley, que ha echado definitivamente el cierre al polémico impuesto al sol que prohibía expresamente que una misma instalación pudiera ser utilizada por varios vecinos, ha supuesto una modificación en profundidad de la regulación del autoconsumo con el objetivo de que consumidores, productores y la sociedad en su conjunto se beneficien de las ventajas que pueda proporcionar esta actividad en términos de menores necesidades de red, mayor independencia energética y menores emisiones de gases de efecto invernadero, según destacó entonces el Ministerio para la Transición Ecológica.

Pero además de sentar las bases para avanzar hacia un modelo energético más democrático y renovable, el nuevo marco normativo simplifica el papeleo; suprime los cargos y peajes por la conexión a la red eléctrica; reduce los costes de inversión, acelerando así su amortización e implantación; y, lo que es aún más importante, recoge un nuevo concepto de autoconsumo al permitir el uso colectivo.

Si bien es cierto que este real decreto ley contiene importantes novedades para incentivar el autoconsumo compartido y no solo entre vecinos de un mismo bloque, sino entre varios edificios de una misma calle que quieran ahora en su factura eléctrica, e incluso posibilita que la instalación de paneles fotovoltaicos pueda estar en el edificio de al lado, tal y como saludaron con satisfacción los principales actores del sector, también lo es que dejaba asuntos sin concretar y que abría un vacío legal en cuanto al destino de las cantidades recaudadas en concepto de término de facturación de energía reactiva (la generada por el funcionamiento de determinados aparatos eléctricos que utilizan bobinas que transforman la energía en campos electromagnéticos). Por ello, la propia norma contenía la necesidad de aprobar con urgencia un reglamento que regulara las condiciones administrativas y técnicas del autoconsumo y permitiera culminar el despegue de esta tecnología.

Propuesta de Real Decreto

Así lo ha hecho el Ejecutivo nacional, al sacar a exposición pública el pasado 29 de enero la propuesta de real decreto que desarrolla la nueva normativa sobre la materia y que, según ha adelantado la ministra Teresa Ribera, debería entrar en vigor en abril o mayo.

El autoconsumo eléctrico compartido abre la puerta a instalación de paneles fotovoltaicos en los tejados de las de comunidades de propietarios, abriendo un mercado con un enorme potencial de crecimiento.

El borrador de esta norma permite el autoconsumo compartido y establece dos modalidades de autoconsumo: sin excedentes –toda la electricidad autogenerada se consume in situ e instantáneamente– y con excedentes, en la que sí es posible realizar vertidos a las redes de distribución y transporte. En este segundo caso, la propuesta incluye la posibilidad de que los autoconsumidores con instalaciones de hasta 100 KW compensen sus excedentes con la red o con otros autoconsumidores, en distinto momento al que se produjo la energía durante el plazo de un mes y sin que ello suponga ningún tipo de carga administrativa o fiscal adicional a la que soportan los consumidores convencionales.

A juicio del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE), la aprobación de este reglamento resulta imprescindible para que los ciudadanos que decidan obtener parte de la energía eléctrica consumida en sus hogares o negocios vía autoconsumo puedan conocer aspectos tan fundamentales como son los equipos de medida que han de instalar o los requisitos para conectar su instalación.

En el caso de que opten por el autoconsumo compartido, este organismo advierte de la existencia de modelos muy diferentes en función de si el edificio está ya habitado o construido, de la superficie disponible para acoger la instalación, de la capacidad de gasto de la comunidad, del servicio que se quiera obtener o del número de vecinos que decidan conectarse en ese momento.

En este sentido, precisa que la modalidad más sencilla es la de una instalación para cubrir las necesidades energéticas de las zonas comunes del edificio (iluminación del portal, escaleras, garajes y trasteros o el funcionamiento del ascensor), y en la que recuerda que la titularidad corresponde a la comunidad de propietarios, única usuaria de la instalación.

A partir de aquí, las posibilidades se abren a otras, como la instalación integral, más completa y de mayor potencia, que permite abastecer de energía a las viviendas y a los locales comerciales del edificio si los tuviera. En este caso, especialmente atractivo para nueva construcción según recalcan desde el IDAE, el titular también es la comunidad de propietarios, que se encargaría de facturar a cada uno de los vecinos.Un última alternativa sería la de la instalación flexible, que en un principio solo abastecería a aquellos vecinos que hubieran decidido conectarse, aunque permitiría que otros lo hicieran más tarde, una opción recomendable para bloques de viviendas ya construidos.

Alberto Ruiz-Capillas, presidente del colegio de Administrador de Fincas de Cantabria.

Enorme potencial

Sea cual fuera la fórmula elegida, la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) explica que resulta imprescindible una planificación y un correcto dimensionamiento de la instalación de autoconsumo acorde con las necesidades energéticas del consumidor y con las posibilidades técnicas del edificio. Según sus cálculos, el presupuesto para una instalación fotovoltaica de autoconsumo residencial sin baterías (el coste de estos elementos que permiten almacenar la energía no consumida en el momento sigue siendo muy elevado, en torno a los 5.000 euros)  con una potencia de entre 1 y 2 KW fluctuaría entre los 2.000 y los 4.000 euros. Con ella, aclara esta asociación, el autoconsumidor podría conseguir en su factura eléctrica un ahorro medio aproximado del 30%. En el caso de autoconsumo compartido, la UNEF prefiere no aventurar cuál puede ser el mercado potencial –“se está reglamentando ahora por primera vez”, precisa–, aunque considera que sus posibilidades son enormes dado que en España dos de cada tres ciudadanos viven en en bloques verticales de edificios.

Conscientes del papel fundamental que las comunidades de propietarios van a desempeñar en el impulso de este modelo energético que señala el camino hacia el concepto de edificios de consumo casi nulo, empresas y entidades financieras empiezan a ofrecer planes que costean las instalaciones con los propios ahorros energéticos que generan su uso. De hecho, no faltan expertos que apuntan que una instalación pequeña –se calcula que cada kilovatio de potencia necesita de unos seis metros cuadrados de tejado– puede estar amortizada en un periodo relativamente corto, de entre siete u ocho años.

Ayudas e incentivos fiscales

Pese a este escenario esperanzador, el sector coincide en destacar que aún es pronto para lanzar las campanas al vuelo. Aunque la nueva potencia fotovoltaica instalada en España se ha multiplicado por más de cinco desde 2015, el país con más sol de la Unión Europea sigue a la cola del crecimiento fotovoltaico. De hecho, los 261,7 MW instalados el pasado año, de los que 235,7 MW correspondieron a autoconsumo energético y los 26 restantes a plantas en suelo, representan tan solo el 3% de la nueva potencia instalada en Europa, admiten desde UNEF.

Para tratar de cambiar esta tendencia y fomentar el despegue de esta energía limpia, algunas administraciones y organismos públicos, como el IDAE, han anunciado el lanzamiento de líneas de financiación con fondos propios o europeos.

En el caso de Cantabria, el Gobierno regional tiene lista ya la orden de subvenciones para tratar de impulsar las energías renovables y la eficiencia energética entre las familias y las pequeñas empresas. Esta línea de ayudas, en vigor desde 2016, verá incrementada este año su cuantía en un 75%, al pasar de 900.000 euros a 1.580.000 euros, según aseguró el director general de Industria, Raúl Pelayo, quien adelantó que la nueva orden contiene importantes modificaciones con relación a años anteriores.

Raúl Pelayo, director general de Industria del Gobierno de Cantabria.

Entre ellas, Pelayo ha señalado la supresión del límite de potencia en las instalaciones de solar fotovoltaica y minieólica, que hasta ahora era de 10 Kw; y el incremento con carácter general de la inversión máxima subvencionable desde los 50.000 a los 100.000 euros.

Con estos y otros cambios, la Consejería de Innovación, Industria, Turismo y Comercio confía en despertar el interés de empresas y particulares ya que, según reconoció, las tres anteriores convocatorias “no han tenido demasiado éxito”.

En concreto, en el conjunto de estos tres últimos ejercicios el número total de actuaciones subvencionadas ha sido de 358, de las que 271 correspondieron a proyectos de renovación de instalaciones de iluminación por tecnología led. Por el contrario, en este periodo apenas se subvencionaron 17 inversiones en solar fotovoltaica, de las que  ocho fueron promovidas por empresas; 13 en solar térmica de baja temperatura; dos en minieólica, 33 en biomasa y once en geotermia.

Aunque aplaude el cambio operado en la normativa estatal, el director general de Industria sostiene que para favorecer el “gran avance” del autoconsumo a partir de renovables es necesario “profundizar más en la línea que ya siguen otros países, como Estados Unidos, Alemania o Brasil”, donde, asegura, existe la posibilidad de consumir la energía vertida a la red pagando un canon. “De este modo, evitaríamos también el uso de baterías, que son muy caras y tienen una durabilidad limitada”, resaltó.

Por su parte, el presidente del Colegio de Administradores de Fincas de Cantabria (CAFCA), Alberto Ruiz-Capillas, reconoce igualmente la oportunidad de estas subvenciones para tratar de impulsar esta tecnología entre los vecinos, pero considera aún más importante la concesión de incentivos fiscales. “Las ayudas se agotan en un año, mientras que los beneficios fiscales perduran más en el tiempo”, aclara. Además, alude a la existencia de algunos otros puntos pendientes de resolver en el caso del autoconsumo compartido relativos al necesario acuerdo entre los vecinos. Así, compartió la intención anunciada por el ministerio de modificar la Ley de Propiedad Horizontal (LPH), una norma que los administradores de fincas llevan tiempo reclamando sea sustituida por una nueva más acorde a los tiempos y problemas actuales que afectan a las comunidades de propietarios, para permitir que este acuerdo se pueda adoptar por mayoría simple, en lugar de los dos tercios que se precisan en la actualidad.

Pero por encima de estas consideraciones, todo parece indicar que el avance tecnológico experimentado a lo largo de esta última década, que entre otras cosas permite producir electricidad en condiciones menos óptimas de radiación solar o fabricar paneles fotovoltaicos a un precio sensiblemente inferior, junto a la necesidad de favorecer el acceso a alternativas energéticas más baratas y respetuosas con el medio ambiente, hacen prever que los sistemas de autoproducción de energía se convertirán a medio plazo en un electrodoméstico más.

 

 

 

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