Siete vidas para un café diferente
No es una cafetería al uso, ni tampoco un espacio para la adopción de animales abandonados, pero el Catfé Santander se ha basado en ambos conceptos para dar forma a un proyecto que constituye una completa novedad dentro de la oferta hostelera de Cantabria, pero del que sí existían referencias en grandes ciudades de dentro y fuera de España. En el establecimiento que abrió sus puertas en Santander el pasado mes de noviembre, a diferencia de lo que sucede en los que funcionan en otros lugares, la combinación entre la oferta hostelera y el acompañamiento felino se hace en espacios separados, obligando a reservar y adquirir entrada a quienes quieren acceder al área donde están los gatos. Lejos de suponer freno a posibles interesados, y tras un mes de funcionamiento, está separación de espacios ha confirmado el tirón de la idea.
Cristina Bartolomé | @criskyra | Enero 2023
Jean Carlos Romero puede ser el perfecto ejemplo de emprendedor con una gran idea… y con suerte. Tras un mes de funcionamiento del primer cat-café de Cantabria –un tipo de establecimiento de hostelería que tiene a los gatos como uno de sus reclamos– las cosas, dice, marchan bien. La suya no es solo una cafetería al uso, ni tampoco una guardería de gatos. Es una mezcla de ambos conceptos, que interpreta una idea que nació en los 90 del siglo pasado en Taiwán y cuyo objetivo es ofrecer una acogida temporal a gatos sin hogar y facilitar su adopción.
Los usuarios pueden tomar una consumición mientras juegan amistosamente con los felinos alojados en la planta superior del local ubicado en la céntrica calle Guevara de Santander. En el caso de que quieran adoptar un felino –y desde que está abierto ya se han adoptado seis por este método– deberán ponerse en contacto con la Asociación de Amigos del Gato Callejero, Amigat, compañera de proyecto. Se adopte o no, para compartir un tiempo con los gatos –todos vacunados y con su ficha en regla– es necesario adquirir una entrada que incluye consumición, a lo que se pueden sumar otras bebidas o alimentos de la cafetería, en la planta baja.
Un negocio en menos de un año
Este pionero proyecto empresarial comenzó cuando Jean Carlos encontró varios gatos callejeros y se puso en contacto con Amigat. En esas conversaciones empezó a gestarse la idea de emular a otros locales repartidos por todo el mundo; Jean Carlos contactó con uno en Madrid de donde extrajo experiencias y los datos necesarios para hacer sus cálculos. Y, en vista de que podían ser positivos en Santander, se embarcó en el proyecto. No tenía experiencia empresarial previa: “El proyecto surge básicamente de que estás en un ámbito laboral que no te gusta y decides reciclarte o buscar algo que te llene”, relata el promotor del Catfé santanderino, que para dar el paso al emprendimiento buscó la referencia de otras iniciativas similares que encajaban con sus propias inquietudes y que además tenían un carácter novedoso en la región: “En otros países ya existían estos locales, y el de Madrid funciona desde 2011. Viendo que no había nada aquí, que a mucha gente le gustan los gatos y que a mi me encantan, y que podíamos poner en marcha una empresa que ayudara a sacarlos de la calle, decidí tirar por aquí, aprovechando también la novedad”.

Jean Carlos Romero, creador de Catfé Santander
Jean Carlos elaboró un plan de empresa de cuarenta páginas, incluyendo en la previsión de gastos alguno muy poco habitual en un cafetería, como el cálculo de cuánto cuesta mantener a un gato. Con él bajo el brazo acudió al asesoramiento de CEOE-Cepyme Cantabria, que validó la iniciativa. La suerte le ha acompañado en este camino emprendedor: ya antes de recibir el asesoramiento de empresarios con experiencia, su entidad financiera le informaba de la posibilidad de solicitar un crédito: “Tuve mucha suerte. Por casualidad, o por lo que sea, nada más empezar el proyecto me llamaron del banco ofreciéndome un crédito por tener un buen perfil de cliente, sin yo pedirlo. Les hablé de mi proyecto y me lo dieron, fue muy fácil”. Jean Carlos cuenta que fueron más de 20.000 euros los necesarios para la inversión inicial: “No es tanto, pero para un joven de 25 años…, no hay mucha gente de mi edad que pueda tener esa cantidad en el banco, para nosotros es bastante”.
Las cosas empezaban a cuadrar, pero faltaban los permisos y el local. “Antes de coger uno tuve que ir a la Consejería de Sanidad para preguntar qué condiciones debía de reunir, porque, al ser un tema nuevo, no tenía mucha idea”. En aquella conversación quedaron definidas las características que se exigían al establecimiento, que debía tener separada la zona de comidas y la de los gatos, de manera que los felinos no pudieran acceder al área de restauración: “Eso nos obligaba a contar con un local grande para contar con esos dos espacios separados. Fue lo más difícil, fueron meses de búsqueda”.
Finalmente encontró el local donde se ubica Catfé Santander, no sin antes pasar otro escollo: “El anuncio ponía ‘se traspasa’, lo cual significaba comprar. Entonces hablé con el dueño con la idea de comprarlo y me dijo que en realidad estaba en alquiler. Ahí también tuve mucha suerte, resultó que el anuncio estaba mal puesto. Así que vine a verlo y me encajó perfectamente, una planta superior para los gatos y la planta baja para cafetería normal”.
Presente y futuro
Después de los arreglos, capas de pintura y acondicionamiento de la parte superior para la estancia de los gatos, todo hecho con sus propias manos, el negocio se puso en marcha en noviembre. Cumplido algo más del mes de funcionamiento el balance es positivo y se apoya en buena medida en la que es precisamente la parte más novedosa del proyecto: el área de gatos, que aporta aproximadamente el 70% de la cuenta de resultados. “En menos de un año ya estaba todo en marcha, yo tenía la necesidad de seguir trabajando, lo he tenido que hacer rápido y afortunadamente está saliendo bien, viene gente y esto genera un ingreso para el negocio, para seguir alimentando a los gatos, para todo. A lo mejor es por el arranque, pero espero que sigamos así”, señala Jean Carlos Romero.
La cafetería, que funciona de forma independiente para dar los servicios habituales, aporta de momento en un 30% de los ingresos, aunque hay planes a corto plazo de mejorar la imagen y la carta de dulces y salados –tostadas, batidos gofres, crêpes, croquetas, patatas…– para generar más afluencia de público, aunque de momento “se mantiene”. También está en la lista de proyectos habilitar un espacio para vender productos y complementos para gatos, al igual que en muchos otros cat-cafés. Jean Carlos cuenta que esto se incluía en el proyecto inicial, pero en el Ayuntamiento no le otorgaron la licencia: “Opinan que es inviable vender estos artículos en un bar; a mí me gustaría porque podrían ofrecerse artículos a precios más bajos que en otro sitios, pero voy a dejarlo en manos del abogado”.
El Catfé Santander cuenta ahora con tres empleados por horas en turnos rotatorios que se rigen por el convenio de la hostelería, además del propio Jean Carlos. Se encargan de atender la cafetería y alimentar a los gatos. De la parte sanitaria, de desparasitarlos, vacunarlos y de gestionar su pasaporte, etc, –“lo cual es un gran gasto”, admite el promotor de Catfé– se encarga Amigat.
Los días de actividad más intensa son los fines de semana. Los sábados y domingos pueden pasar hasta cien personas al día por la zona de gatos, pudiendo estar un máximo de diez personas de forma simultánea. Pueden comprar entradas con tarifas por quince o treinta minutos, una hora, tres o cinco, y esto significa la principal fuente de ingresos: “Sin los gatos esto sería un bar normal, y probablemente no atraería mucha clientela”, cree Jean Carlos, que destaca que durante los fines de semana del mes de diciembre el espacio donde están los felinos ha estado siempre lleno.
Extender la idea
La apuesta de Jean Carlos Romero ha resultado, al menos hasta el momento, ganadora. No solo ha iniciado una nueva empresa con la que generar un empleo para él y para otras tres personas, sino que ha creado un modelo de negocio nuevo. Aún está asimilando el cambio producido en unos meses: “Todavía es muy raro, es algo que aún no te llegas a creer, hay que asimilarlo poco a poco”.
Y de aquí, ¿hacia dónde? De momento, Jean Carlos Romero prefiere ver las cosas día a día y asegura que todavía es pronto para tener una visión a futuro, aunque no cree que se detenga en este proyecto: “Me gustaría abrir otro local de este estilo en otro sitio de Cantabria para sacar a los animales de la calle, vamos a ver si con el tiempo se puede dar”. Su cabeza sigue pensando además en otros caminos empresariales: “No me quiero quedar aquí eternamente, esto es como un comienzo de otras cosas más grandes que puedo llegar a querer. Me gustaría tener otras fuentes de ingresos, esto sería una, pero a lo mejor en un tiempo, me gustaría otro modelo de negocio completamente distinto, que ya tengo en mente”.
La vocación empresarial parece moldeada en una escuela de negocios. Jean Carlos comenzó el Grado Superior de Comercio y Marketing Internacional, aunque el itinerario formativo se detuvo por circunstancias vitales. “La vocación empresarial siempre me llamó la atención, pero por diversas razones no pude continuar. Por mi cuenta he visto vídeos de YouTube, he leído libros como ‘Padre rico, padre pobre’… Pues nace de ahí, a base de leer libros, y dices, ‘no sé qué hacer’, y vas encontrando ideas, vas leyendo y piensas ‘pues podría hacer algo así’, y nace de ahí, de la lectura”.