Tinamenor renace como SonRíoNansa
Naturix Cantabria, la empresa creada a partir de la histórica Tinamenor, estrena denominación comercial y da forma a los planes para sacar al mercado los primeros ejemplares de la nueva generación de lubinas y doradas nacidas en sus instalaciones. El que fue uno de los principales criaderos europeos quiere recuperar su posición en el sector y abrir una línea de producto completamente nueva: la comercialización de alevines para su consumo, algo que nadie ha intentado antes.
Por Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga
Por una de esas circunstancias que tienen que ver con los avatares empresariales, la nueva generación de lubinas y doradas nacidas en los márgenes de la ría de Tina Menor –en una piscifactoría que se conocía con ese mismo nombre hasta hace apenas unos meses– es a la vez la última, y la primera. Porque los alevines que ahora creen allí, y que se cuentan ya en unos cuantos cientos de miles pero que son tan pequeños que cuesta apreciarlos a simple vista, son vástagos de los reproductores que dejó la antigua Tinamenor, pero son ya fruto de la labor de quienes trabajan en Naturix Cantabria SL, la sociedad que ha asumido la responsabilidad de volver a poner en marcha la producción tras hacerse con el control de la que fue una de las principales empresas españolas en el ámbito de la acuicultura. Las casi microscópicas crías de dorada y lubina no estarán en condiciones de llegar al mercado hasta el próximo verano, aunque son ya el símbolo del renacimiento de la empresa, que quiere volver a hacerse fuerte allí donde lo fue su antecesora pero también abrir nuevos caminos para su producto.
Naturix Cantabria se hizo cargo de lo que fue Tinamenor tras cerrarse el proceso de liquidación de esta, coincidiendo con el arranque del año en curso y después de que se renovara la concesión para seguir operando en las instalaciones que se levantan junto a la ría en la que desemboca el Nansa. Desde hace unas semanas, la empresa opera ya con SonRíoNansa como nueva denominación comercial, un nombre con el que quieren identificar tanto el producto como la propia factoría. La nueva sociedad tiene como uno de sus socios a Naturix, y alguno de los enfoques estratégicos de la renacida piscifactoría cántabra –en particular la apuesta por el producto ecológico– tienen mucho que ver con la presencia en su accionariado del que es uno de los grupos de referencia dentro de la acuicultura española. Pero, por lo demás, no son muchas las sinergias que pueden generarse entre la actividad de esta última y de la empresa cántabra. Pese a ello, y a que por esta parte no pueda esperarse ningún incremento de la demanda, el plan de negocio de los nuevos gestores se plantea objetivos muy ambiciosos, que superan ampliamente los máximos registros históricos alcanzados por la antigua Tinamenor.

Ana Pazos, responsable de la producción de alimento vivo, y Martín Alonso, gerente de SonRíoNansa.
De acuerdo con las previsiones, SonRíoNansa debería alcanzar una producción de 45 millones de peces en 2019, cuando las cifras más altas de Tinamenor se movían en el entorno de los 22 millones. Esa cota se alcanzaría ya el próximo año, en tanto que en el presente ejercicio –en el que no se espera tener ningún pescado que vender hasta agosto o septiembre– se producirían unos 10 millones de unidades de lubina y dorada. A esas cifras habría que añadir la producción de moluscos –150 millones a partir de 2018, 70 millones ya este año– aunque este último es un producto en el que se esperan menos novedades respecto a lo ya conocido en tiempos de Tinajero.
Desestacionalizar la demanda
Los planes de crecimiento de la piscifactoría cántabra se sustentan en dos pilares: el incremento en la capacidad de la planta y la búsqueda de fórmulas que permitan paliar la estacionalidad con la que están habituados –y resignados– a trabajar en el sector. La planta que se levanta a orillas de la ría de Tina Menor es lo que en acuicultura se conoce como una ‘hatchery’, un término inglés cuya traducción da una idea bastante acertada de su función: criadero. Nada de eso cambia en los planes de Naturix Cantabria para SonRíoNansa, en donde seguirán naciendo las diminutas larvas de pescado que con el paso de las semanas se convierten en alevines y que al cabo de cinco meses, con un peso de unos 10 gramos, se convierten en el producto que vende la factoría. Es en este último paso donde aparece la primera novedad respecto a lo que hasta ahora se hacía: la comercialización directa del pescado al consumidor.
Como cualquier otra ‘hatchery’, Tinamenor vendía sus alevines a las granjas de engorde, en las que las lubinas y doradas viven hasta los 18 o 36 meses –bien en jaulas en el mar, o bien en esteros en tierra– hasta alcanzar el peso con el que son sacrificadas y llegan al mercado. Para SonRíoNansa los engordadores seguirán teniendo la condición de clientes preferentes, y a ellos irá destinada la mayor parte de la producción, pero espera vender una parte significativa de sus alevines para consumo, en conserva y en fresco. SonRíoNansa, explica su gerente, Martín Alonso, está ya realizando pruebas con una conservera, y ha cerrado acuerdos con un mayorista de Mercamadrid, para abrir una línea de producto que no solo será nueva para la piscifactoría cántabra, sino que tampoco tiene ningún referente en el mercado: “Nunca se ha intentado vender lubinas y doradas de 10 gramos, pero eso no significa que no pueda hacerse. Estamos hablando de un producto de la máxima calidad, certificado como ecológico, que estamos convencidos de que puede tener una gran aceptación por parte de los consumidores”.

Los moluscos que produce Tinamenor, próximos ya a la fase de comercialización. Al igual que sucede con los alevines de lubina y dorada, los moluscos se venden para su posterior engorde, en su caso en rías.
Por encima de lo que pueda aportar en ventas –en las previsiones de la empresa se contempla que no más de un tercio de la producción se comercialice por esta vía– la venta de alevines para el consumo puede ser importante para lograr el objetivo de desestacionalizar la producción. Las características del sector de la acuicultura, en los que el gasto energético tiene un peso decisivo en los costes, hacen que la demanda se concentre en los meses centrales del año, cuando la temperatura del agua está más cercana a la óptima para producir. En otoño e invierno, el mercado se desploma: “Todos estamos preparados para atender los picos de demanda, pero este es un negocio en el que casi todos los gastos son fijos, no dependen de la producción. El gasto variable, básicamente el pienso para los peces, no supone más del 20%. Esto implica que si consigues incrementar la producción, y sobre todo si lo haces en los meses en los que ahora tienes las instalaciones produciendo menos, la rentabilidad se dispara”.
Más allá de la relevancia que el nuevo canal directo pueda tener para paliar la temporalidad de la demanda, alcanzar los 45 millones de peces anuales dependerá en su mayor parte del mercado convencional, esto es, las granjas de engorde que también eran las destinatarias de la producción de Tinamenor. Para acercarse a ese objetivo, que dobla los máximos alcanzados por la antigua empresa, SonRíoNansa confía sobre todo en la reorientación de la producción hacia un producto de la máxima calidad –siempre con la etiqueta ecológica– y a un mercado de dimensiones crecientes, en el que se ha reducido el número de operadores después de unos años que han dado un vuelco al sector. Se ha reducido drásticamente el número de operadores –tanto entre los criaderos como entre quienes se dedican al engorde–, pero la demanda de pescado crece, al tiempo que la capacidad de los océanos para darle respuesta es cada vez menor. “La acuicultura es estratégica, y así lo ha señalado la UE. Una empresa que sea puntera en tecnología, y que produzca con la calidad y eficiencia que pide el mercado, tiene unas posibilidades enormes”, asegura el gerente de SonRíoNansa.
Producción ecológica
El compromiso con la producción ecológica constituye el núcleo de la estrategia de la empresa para diferenciar su producto en ese mercado de dimensiones crecientes que auguran todas las previsiones. A diferencia de lo que sucede en otros ámbitos, y de nuevo como consecuencia de la particular estructura de costes que tiene la acuicultura, la producción ecológica no tiene una gran repercusión en los gastos de producción, que quedarían sobradamente compensados con los ahorros que llegarían como consecuencia de la mejora de la productividad. Con todo, para rentabilizar la producción ecológica, SonRíoNansa necesita el compromiso del siguiente eslabón en la cadena, las granjas de engorde, y para ello buscará reforzar los vínculos con sus clientes. “Aquellos con los que logremos un compromiso para que transformen su producción en ecológica, tendrán prioridad, las consideraremos granjas de engorde asociadas e iremos de la mano con ellos”, explica Martín Alonso.
Aunque los productores ecológicos puedan tener vínculos más estrechos, la intención de los responsables de SonRíoNansa es abrir la factoría a todos sus clientes, de manera que entre unos y otros puedan buscarse fórmulas que beneficien e ambos, a través de procesos de desarrollo realizados conjuntamente. “En este sector siempre ha habido miedo a meter a los clientes en tu proceso, pero creemos que hay que ser valientes, que vengan y vean lo que hacemos, ser transparentes ayuda a mejorar”, señala el gerente de SonRíoNansa, que pone un ejemplo de por dónde puede avanzarse en esa colaboración: “Los clientes nos piden ejemplares que engorden al mismo ritmo, porque para ellos es un problema que unos lo hagan más rápido que otros. Ahí hay un gran trabajo de selección, y en eso el cliente te puede ayudar”.
Inversiones
Tanto el nuevo enfoque estratégico, como las novedades en la comercialización o las previsiones de incremento en la producción tienen una relación directa con el capítulo de inversiones, que contempla destinar 4 millones de euros a cuatro grandes objetivos. El primero, la puesta en marcha de la factoría, se está realizando en plazos más cortos de lo previsto, algo a lo que ha contribuido decisivamente el compromiso de la plantilla, que es la misma que trabajó en Tinamenor. Durante el tiempo que la producción estuvo parada, mientras Tinamenor estaba en liquidación, los trabajadores continuaron acudiendo a las instalaciones para atender y mantener con vida a las poblaciones de reproductores, sin los cuales hubiera sido imposible reanudar la producción de forma tan rápida como se está haciendo. Además, a partir de las sugerencias de la plantilla se ha rediseñado la planta, y con su trabajo se han realizado buena parte de las tareas para adecuar las instalaciones.
Alevines de lubina, de tamaño casi inapreciable a la vista. Estos ejemplares, fotografiados el pasado mes de abril, alcanzarán el peso de comercialización en cinco meses y serán vendidos a granjas de engorde.
Además de la partida destinada a volver a poner en marcha la producción, los otros tres pilares que Naturix Cantabria busca reforzar con sus inversiones son la modernización de la planta –una etapa que se solapa con la anterior–, el incremento de la producción con la instalación de más tanques y la mejora de la eficiencia energética. El ritmo al que se realicen estas inversiones dependerá de la financiación, que en una parte importante será propia –con las aportaciones de los seis socios comprometidos en el proyecto, entre los que el grupo Naturix ejerce de guía, pero no tiene una participación mayoritaria– y otra llegará vía bancos e Instituto Cántabro de Finanzas, además de las ayudas y subvenciones a las que pueda tener derecho la factoría. Toda la financiación bancaria, explica Martín Alonso, está cerrada y pendiente solo de que el registro de la propiedad inscriba el cambio en titular de la concesión administrativa de los terrenos en los que se levanta la piscifactoría.
La primera generación de lubinas y doradas nacidas en la nueva SonRíoNansa estará lista para ser comercializada a finales de agosto o principios de septiembre. Es un poco tarde para que pueda aprovechar los meses de mayor tirón de la demanda, pero mucho antes de lo que preveía el plan de puesta en marcha. De acuerdo a este, no se esperaba tener ningún pez en la factoría hasta junio, y los primeros han nacido ya en abril. El adelanto es también notable –e incluso más acusado– en el caso de los moluscos, donde los años buenos o malos dependen de circunstancias más o menos aleatorias, y mucho menos controlables que con los peces. Todo tiene que ver, insiste Martín Alonso, con la “increíble” labor desarrollada por los 40 trabajadores que hoy forman la plantilla de SonRíoNansa. Si los planes se cumplen tal y como esperan los responsables de la empresa, en 2019 el plantel de trabajadores debería superar el medio centenar. Es el futuro de una planta que, hasta hace apenas unos meses, parecía no tener ninguno.
El transporte, factor crítico
Por bien que resulten los planes para vender una parte de la producción directamente para consumo, la mayoría de los peces nacidos en SonRíoNansa saldrán vivos de la factoría, y vivos deben llegar a las instalaciones del cliente. Si tenemos en cuenta que la mayor parte de las granjas de engorde están a miles de kilómetros de Pesués –y muchas veces con el mar por medio– transportar los alevines sanos y salvos se convierte en un elemento clave para la competitividad de la empresa, y una labor altamente especializada que, además, ilustra perfectamente lo que una empresa como en su día Tinamenor puede aportar a su entorno, y viceversa. Central Cántabra de Pescados es la empresa de transporte que se ocupó siempre de esa labor para la antigua Tinamenor. De hecho, nació con ese único cliente para convertirse, con el paso de los años, en la mayor empresa española de transporte de peces vivos, y una de las líderes europeas en esta actividad: “El 85% de nuestra facturación la hacemos fuera de España”, señala José María Conlledo, gerente de Central Cántabra, que tiene su sede en San Vicente de la Barquera, a pocos kilómetros de la piscifactoría de Pesués. El alto nivel de especialización de la empresa transportista –que no hace ninguna otra labor distinta de esta, ni compra, ni vende pescado, ni transporta nada distinto a peces vivos– se traduce en tasas de mortandad mínimas, que como media se situaron el año pasado en el 0,2%. Es un dato clave, que repercute directamente en la competitividad de sus clientes. La experiencia de la empresa de San Vicente, que cuenta con instalaciones de desinfección propias –en la foto–, ofrece también una buena referencia de cómo ha evolucionado el sector de la acuicultura en los últimos años: “Ha pasado de tener muchas empresas muy pequeñas, a tener muy pocas, pero muy grandes, que piden mover volúmenes mucho más grandes y te exigen tener más medios”, explica José María Conlledo. Antes de su cierre, Tinamenor llegó a aportar en torno al 50% de la facturación de Central Cántabra de Pescados, que vivió con enorme inquietud toda la crisis de quien era uno de sus principales clientes. Pese a esta última circunstancia, era una preocupación que iba más allá de lo empresarial, asegura Conlledo, y que tenía que ver con el futuro de los 40 trabajadores y con el impacto que el cierre provocaría en toda la comarca. “Todavía no hemos trabajado con la nueva empresa, pero seguro que lo haremos, y la apoyaremos en lo que podamos”. El gerente de Central Cántabra de Pescados, que trabaja con clientes de todo el continente, es tajante al hablar de la piscifactoría que hoy es de Naturix Cantabria: “Tiene las mejores instalaciones de España sin ninguna duda, y unas de las mejores de Europa”.