Una segunda vida para las empresas

El Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE) acoge el proyecto piloto del Gobierno de Cantabria ‘Re-eleva’, una iniciativa pionera que busca poner en contacto a empresarios y autónomos titulares de pequeños negocios que desean traspasarlos con posibles compradores. El objetivo: garantizar el relevo generacional de estas empresas y comercios más allá de los entornos familiares.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Julio 2023

Hemos respondido a una necesidad clara. Así valora el director de las áreas de Innovación y Sensibilización del Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE), José Ignacio Rodríguez, el programa piloto ‘Re-eleva’, un espacio de conexión entre dueños de negocios que buscan el relevo generacional y personas interesadas en dirigir una empresa. “Estamos contentos porque hemos testado y validado la necesidad de conectar a pequeños empresarios y autónomos que desean traspasar sus negocios con posibles compradores”, ahonda Rodríguez para resaltar la oportunidad de esta iniciativa, pionera en Cantabria, liderada por el Centro de Orientación, Emprendimiento e Innovación para el empleo (COEI) del Gobierno regional, dependiente del Servicio Cántabro de Empleo (Emcan), y financiada con fondos europeos Next Generation.

Participantes en Re-eleva, durante una de las sesiones iniciales del programa.

Para el coordinador de ‘Re-eleva’, este proyecto, sobre el que insiste en su carácter de ‘piloto’, también ha puesto sobre la mesa la necesidad de información que demandan los dueños interesados en buscar un relevo generacional a sus empresas. “Damos por sentado que los empresarios y autónomos saben cómo hacer un traspaso y las fórmulas que existen para hacerlo, pero no es así, especialmente si se trata de negocios pequeños”, aclara.

Con un presupuesto de 30.000 euros, el programa arrancó el pasado 15 de mayo con la participación de 13 negocios y 22 potenciales sucesores que, en una primera fase, han recibido orientación, formación y capacitación, al mismo tiempo que empezaban a conocerse entre sí. En una segunda fase de interconexión de unos con otros, que está a punto de finalizar, el proyecto busca emparejar a los dueños con las personas que podrían y están interesadas en hacerse cargo de sus negocios. Al cierre de la edición de esta revista, en los últimos días de junio, no se ha conseguido formar ninguna pareja estable, más allá del traspaso asegurado de un centro de estética de una madre a su hija, si bien, según advierte Rodríguez, los contactos aún continuaban abiertos y no se descarta baque finalmente se consiga alguno. “Con que hubiera algún otro emparejamiento ya me daría por satisfecho”, resalta esperanzado.

Perfiles muy diversos

Y es que, como destaca este responsable de CISE, el perfil de los participantes es muy variado, aunque tanto en el caso de quienes buscaban un relevo como quienes están interesados en dárselo los requisitos exigidos para su admisión han sido los mismos: plena disponibilidad y compromiso. Del lado de los interesados en traspasar su negocio, entre los trece seleccionados inicialmente figuran desde un taller eléctrico y de mantenimiento industrial, una empresa de ingeniería o una tienda de surf y otra de bellas artes, hasta una panadería, una empresa de mobiliario de oficina, un centro terapéutico y otro de estética y una empresa de mantenimiento de telecomunicaciones.

José Ignacio Rodríguez, director de las áreas de Innovación y Sensibilización del Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE)

El denominador común de todos ellos es que su continuidad está en riesgo no por la falta de clientes o viabilidad económica, sino por otras causas, entre las que Rodríguez destaca la jubilación del titular o su deseo de iniciar otra actividad empresarial. Son, en su mayoría, pequeños negocios ubicados en Santander, si bien también hay algunos asentados en Santa Cruz de Bezana, Rubayo, Ajo y otros municipios del arco de la bahía que, en ningún caso, cuentan con más de cinco empleados.

Del otro –potenciales sucesores–, en más de la mitad de los casos (el 53%) se trata de trabajadores por cuenta ajena interesados en cambiar de trabajo, mientras que un 26% son emprendedores y el 21% restante demandantes de empleo.

Al echar la vista atrás, el coordinador de este proyecto piloto reconoce que les ha sorprendido que entre los interesados en transferir su negocio no hubiera nadie de la hostelería, un sector que, al menos a priori, pensaban que sería un potencial cliente del programa. Tras la experiencia acumulada en estos primeros meses, Rodríguez apunta a que también han comprobado que la mayoría de los titulares en busca de relevo generacional no tienen del todo claro cómo traspasar su negocio. “Casi todo ellos desconocen si es más conveniente deshacerse del 100% del negocio o solo de parte de él, o si es oportuno mantener durante algún tiempo una colaboración como socio o simplemente como asesor”, resalta.

En este punto, el director de las áreas de Innovación y Sensibilización del CISE vuelve a recordar que ‘Re-eleva’ es un espacio de conexión física y presencial que persigue terminar con el cartel de cerrado por jubilación de los negocios rentables y en el que a los dos perfiles de participantes se les ha ofrecido formación para facilitar el relevo y sobre cómo llevar el negocio. “Proporcionamos el marco para que unos y otros se conozcan, pero no somos garantía de traspaso. Eso ya es una relación entre ellos”, aclara.

De hecho, Rodríguez explica que de la primera fase formativa a esa segunda de emparejamiento el número de participantes se ha reducido a ocho negocios y nueve potenciales sucesores. Al margen del caso de la titular del centro de estética cuyo testigo recogerá su hija, esta fase de interconexión que está a punto de terminar ha revelado que el conocimiento mutuo requiere de algo más de tiempo. “Para traspasar un negocio es necesario tener las cosas muy claras y dar en apenas dos meses con el perfil exacto del sucesor que buscas no es nada fácil”. Entre las razones para no encontrar ese sucesor ideal, el coordinador del programa señala que, en algunos casos, se ha debido a que quizá no era aún el momento de traspasar el negocio, o a que el programa no ha respondido a lo que buscaban, que no era otra que dar con un inversor.

Antes de que comenzara esta iniciativa, sus promotores creían que el emparejamiento más indicado más allá de los entornos familiares era que el titular traspasara su negocio a alguno de sus empleados, dado que éstos ya conocen la empresa. Sin embargo, esta posibilidad no se ha dado en ninguno de los participantes. Más aún, Rodríguez recalca que los posibles emparejamientos no se dan uno a uno, sino que hay algún negocio que ha despertado el interés de hasta cuatro potenciales sucesores, del mismo modo que entre los posibles nuevos dueños también hay quienes están interesados en más de un negocio.

Más tiempo

El mes de julio marcará el inicio de la tercera y última fase de asesoramiento o mentoría en el que las parejas resultantes contarán con un seguimiento personalizado para que, con la ayuda de expertos y mentores, se den los pasos hacia un traspaso eficaz y beneficioso para ambas partes. En esta fase de apoyo y mentorización, que está previsto finalice en septiembre, el coordinador del programa detalla que a los titulares se les solicita documentación “muy clara” que garantice que el negocio es rentable y no tiene ningún vicio oculto. Con independencia del resultado final de este proyecto piloto, Rodríguez se muestra satisfecho del trabajo desarrollado, aunque considera que quizá habría que haber invertido más tiempo en la fase de conocimiento mutuo que, por circunstancias de calendario, ha habido que comprimir: “No sé si habrá una segunda edición. Dependerá de si el nuevo Gobierno regional quiere o no seguir apoyándolo. Pero estamos contentos y hemos respondido a una necesidad clara”, termina como empezó.

«Mi negocio no es grande, pero es complejo»

Pedro Mazo (Talleres Mazo)

Con 66 años, y a punto de jubilarse, Pedro Mazo lleva cerca de dos años dándole vueltas a la necesidad de traspasar el taller eléctrico que regenta, dedicado a nuevas instalaciones, mantenimiento y reparaciones de maquinaria. Un próspero negocio ubicado en Ajo que hoy en día emplea a otros dos trabajadores y que, según resalta, cuenta con “mucha carga de trabajo y una sólida cartera de clientes”, casi todos en Cantabria, entre las que figuran importantes empresas de la región.

Pedro Mazo

Maestro industrial en la rama de electrónica, Mazo creía haber encontrado a su sucesor en uno de sus antiguos empleados con catorce años de experiencia en el taller al que ya había tanteado. Sin embargo, hace unos meses todo se torció y a quien veía como su sucesor decidió seguir otros derroteros. “Me partió en dos”, reconoce un tanto apesadumbrado. Obligado a buscar de nuevo relevo, su hija escuchó por casualidad en la radio la existencia del programa ‘Re-eleva’, y se lo comentó. “Nada perdemos”, pensó y se inscribió en este proyecto que ahora valora muy positivamente. “Está muy bien. Posiblemente lo que necesita un programa de estas características es un primer contacto con las empresas que quieren vender y, después, con más tiempo, qué empresas pueden estar en condiciones de comprarlas”, razona.

Y es que, según explica, su empresa no la puede comprar un particular porque es un negocio complejo.  Pese a que en este programa ha tenido dos contactos con posibles compradores a los que reconoce muy buenas intenciones, Mazo sostiene que su empresa tiene el problema de que está en Ajo, lo que, a su juicio, “hace más difícil encontrar operarios”, y que gestionar un taller de este tipo “requiere de experiencia”. Por eso, argumenta que el comprador ideal es una empresa que conozca el sector y que quiera invertir, porque la cartera de clientes, dice, está más que asegurada: “Ese es nuestro mayor potencial. Hoy lo compras y mañana ya estás facturando. Mi negocio no es grande, pero es particular”, recalca.

“A mi modo de ver mi empresa solo lo puede comprar un taller eléctrico con al menos 10 o 15 trabajadores que quiera absorbernos y destinar dos empleados a seguir trabajando. Yo, además, estaría dispuesto a continuar con ellos un año o lo que hiciera falta para presentarle a los clientes”, concede. Pese a que no cree que en ‘Re-eleva’ pueda encontrar sucesor, Mazo no se desanima. “Voy a seguir buscando compradores y si no los encuentro, seguiré trabajando. Yo voy a gusto al taller, pero creo que va llegando la hora de ir apartándome y tener más tiempo libre. Ya me toca”, valora.

Lo que no le gustaría, en ningún caso, es que la empresa perdiera por falta de atención el valor que ahora tiene. “Si yo no puedo atender a mis clientes, está claro que se tendrán que ir a otro sitio y el taller perderá poco a poco su valor”, argumenta. “Y si no me queda otra, cerraré y me iré a casa. Pero sería muy triste después de lo que me ha costado mantenerlo”, concluye.

«El programa me ha encantado»

Luis Ángel Morquillas, emprendedor

Se define como emprendedor y asegura que siempre ha querido ser su propio jefe y vivir de sus proyectos empresariales. A pesar de su juventud –tiene 29 años–, ya sabe lo que es crear una empresa. Lo intentó hace tiempo junto con otros tres socios con un proyecto de cultivo de cáñamo industrial destinado a la elaboración de cremas y aceites para el sector farmacéutico, pero no resultó como pensaba y tuvo que cerrar. Ahora, quiere repetir experiencia con la creación de su propia marca de ropa –camisetas y sudaderas, fundamentalmente–, un proyecto de venta online que espera pueda sacar a la luz en un futuro no muy lejano.

Luis Ángel Morquillas

Mientras llega ese momento, este joven que ahora reside en Guriezo y trabaja de oficial de regatas, sobre todo en Bilbao, se enteró de la existencia de este programa en un periódico regional y decidió apuntarse. “Yo ya he pasado por el proceso de empezar de cero a montar algo y ‘Re-eleva’ me ofrecía conocer empresas ya solventes y con trayectoria”, advierte para explicar el porqué de su participación en esta iniciativa “que me ha encantado”.

Según explica, la formación que le ha ofrecido el programa ha sido “completa” y, aunque finalmente no dé con un negocio que se ajuste a sus deseos –le gustaba la tienda de surf, pero no ha llegado a un punto en común con su propietario– califica la experiencia de “muy positiva y totalmente recomendable”. “Lo han hecho muy bien, aunque por ponerle un pero quizá habría que destinar más tiempo a poner en contacto a vendedores con posibles compradores”, explica.

Tras abandonar los estudios de Liderazgo, Emprendimiento e Innovación en la Universidad de Mondragón, Morquillas está a punto de terminar Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Internacional de La Rioja. Una formación que, según afirma, se ajusta a su visión personal. “En esta vida cada vez más hay que saber algo de todo o de casi todo. Y yo, además, no voy a estar siempre en la misma empresa”, vaticina sobre un futuro laboral al que no cierra ninguna puerta. “He sido curioso desde pequeño. He trabajado desde los 16 años de camarero, comercial y ahora he hecho hasta entrevistas para ser asesor financiero, pero hay tres proyectos a los que dedicaría mi vida: una tienda de ropa, un negocio de neveras portátiles y un restaurante de comida americana, pero algo diferente”, declara convencido.